Jordania: cuando la educación es más que aprender
15 octubre 2012

Grace, una voluntaria del JRS, disfruta este momento con sus alumnos más jóvenes y sus madres en una reunión social en la escuela, que no sólo ofrece la oportunidad de aprender, sino que también es un refugio seguro donde se puede cultivar el espíritu de comunidad.
Tienen la oportunidad de mezclarse con niños de diferentes nacionalidades que han sufrido experiencias similares a ellos y de participar en actividades positivas como comunidad.
Amman, 15 de octubre de 2012 - Durante ocho meses la voluntaria del Servicio Jesuita Refugiados, Grace Benton, trabajó en un equipo de voluntarios que tratan de ofrecer a los refugiados y sus hijos el apoyo que necesitan para rehacer su futuro. Los cursos iban cada vez mejor, pero pronto se dio cuenta que los resultados sobrepasaban los temas curriculares, concretándose en la construcción de la comunidad y hacer sentir más seguros a los refugiados.

Todo comenzó cuando ella respondió sin pensarlo a una pregunta inesperada.

La experiencia de Grace. "Eh, necesitamos a alguien que imparta clases a niños. ¿Alguno de ustedes podría hacerlo?" Sin pensarlo, asentí con la cabeza.

Sin la menor idea de qué esperar, cargué la mochila al hombro y fui hasta donde un grupo de niños sudaneses y somalíes, de entre 5 y 15 años, estaban acurrucados, conversando nerviosamente entre ellos. Cuando puse mi bolsa en el suelo delante de la clase, diez pares de ojos se volvieron hacia mí con cierta aprehensión y cesó el murmullo. No sabía que esta iba a ser una de las experiencias más desafiantes y gratificantes de mi último año en Jordania.

Un comienzo modesto. Mi viaje hasta la clase de los niños comenzó cuando vivía en Jordania como becaria Fulbright y como voluntaria del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS), como parte de mis actividades extracurriculares. El JRS comenzó a brindar ayuda a los refugiados sudaneses que viven en Ammán. Los líderes de la comunidad inmediatamente expresaron su deseo de aprender inglés. El JRS organizó un grupo de voluntarios para que enseñaran inglés unas cuantas noches por semana en la casa de algunos de los refugiados. Pronto otra casa pidió lecciones, y luego otra.

La demanda fue tan grande que se decidió pasar de las clases en los domicilios de los refugiados a un lugar centralizado donde todos los estudiantes pudieran asistir de la noche a la misma hora. La demografía del proyecto de educación informal también se amplió para incluir a somalíes, sirios, iraquíes y yemeníes. Aunque el JRS gestiona un proyecto de educación informal durante el día, muchos sudaneses y somalíes que trabajan como obreros manuales sólo pueden asistir en la noche.

Con el inicio de las clases en el centro de los jesuitas en Jabal Hussein, mucho más mujeres comenzaron a asistir a las clases. Ellas trajeron a sus hijos, y así comenzaron los cursos para los niños.

Retos de la enseñanza. Durante algún tiempo, muchos de los desafíos de enseñar en Jabal Hussein - mantener la disciplina y el interés - a pesar de que no eran diferentes de enseñar a los niños en otras partes del mundo, se me escapaban. Los estudiantes que había tenido hasta ahora de secundaria y adultos solían tener un buen comportamiento: enseñar a niños resultó ser algo más complejo.

Afortunadamente mi padre, un veterano maestro de escuela, me compartió su sabiduría un día a través de Skype:

"Tienes que recurrir a trucos para que aprendan, organizar actividades disfrazadas como juegos que, sin que se den cuenta, lleven un poco de conocimiento a sus cerebros."

Mis compañeros maestros y yo nos tomamos muy en serio el consejo. Mediante la incorporación de música, danza y arte en nuestras lecciones hemos podido gastar energía y enseñar Inglés al mismo tiempo.

Otros retos eran más contextuales. Durante mi segunda semana de enseñanza, se desató una pelea entre un niño somalí y un niño sudanés, ambos de 12 años. Después de separarlos, descubrí que la palea fue provocada por algunos comentarios raciales.

Hablando con un grupo de debate de madres sudanesas , supe que los comentarios racistas de la población de acogida y de otras nacionalidades forman parte de la cotidianidad para algunos refugiados. En una ciudad repleta de poblaciones de refugiados, a veces estos son vistos como intrusos que tratan de quitar el trabajo de los jordanos.

A medida que pasaba el tiempo, los niños empezaron a mostrar sus opiniones sobre estos temas. Muchos de ellos sufren a diario insultos, aislamiento y otras formas de discriminación. Casi todos ellos viven en barrios pobres y precarios s, y otros se enfrentan a abusos en el hogar.

Y, sin embargo, a pesar de estos retos agotadores y desmoralizadores, muchos de los niños asisten a clases regularmente. Algunos vienen con sus padres o hermanos mayores, pero un número significativo viene solo, lo que indica un notable nivel de motivación para niños tan pequeños.
 
La educación es un factor de estabilización. El programa de enseñanza de inglés del JRS ofrece una oportunidad crucial para que los estudiantes completen sus limitados conocimientos de esta lengua, a la vez que ofrece un refugio seguro de las mofas que impregnan su experiencia escolar diaria.

Tienen la oportunidad de mezclarse con niños de diferentes nacionalidades que han sufrido experiencias similares a ellos y de participar en actividades positivas como comunidad. Programas como estos son con demasiada frecuencia subestimados y mal financiados, aunque su capacidad para reconstruir las comunidades y transmitir una nueva esperanza es enorme.

Grace Benton fue voluntaria del JRS entre octubre de 2011 y junio de 2012

El programa de clases nocturnas se ha trasladado a la Escuela Católica Griega Ashrafiyeh, donde se imparten clases dos veces por semana. Cuenta con 200 estudiantes inscritos. Las clases que se ofrecen son: guardería, clases de niños, alfabetización y los diversos niveles de inglés para adolescentes mayores y adultos. El programa lo llevan en su totalidad voluntarios como Grace.