Día Mundial del Refugiado, 2011: 60 años de la convención de la ONU para los refugiados



Peter Balleis SJ
Director Internacional del JRS
lunes, junio 20, 2011

Masisi, 20 de junio de 2011 – El Día Mundial del Refugiado de este año conmemora el sexagésimo aniversario de la Convención de la ONU de 1951 para los Refugiados, en Ginebra. Este documento ciertamente rompió moldes en su apoyo a los derechos de los refugiados, y en su afirmación de la responsabilidad de la comunidad internacional hacia las poblaciones refugiadas.

Sigue teniendo sus consecuencias para una cifra de desplazados que no deja de crecer en todo el mundo. Lejos de ser un simple tratado de referencia, fue una profunda respuesta humana a los horrores de la discriminación racial y política, al Holocausto, a la Segunda Guerra Mundial y sus secuelas.

Dos tías mías, que eran jóvenes en aquel tiempo, solían hablar de cómo huyeron del frente de guerra con sus padres. Su mayor temor era caer en manos de soldados y ser atacadas sexualmente.

Para aparentar menos atractiva, una de mis tías se vistió zarrapastrosa y se ensució toda la cara. La otra tía recuerda como el miedo a la violación hizo que su madre tuviera en casa unas píldoras letales. Suicidarse todas era una opción preferible a la de ser obligadas a sufrir una terrible violación. Afortunadamente nunca las atacaron.

Pero, lamentablemente, este terror y el uso de la violencia sexual siguen en todo el mundo. Su utilización continúa presente en muchos conflictos armados. En todo el mundo, la violencia sexual y de género se emplea como arma de guerra, violando la más íntima privacidad e integridad de los seres humanos, tanto jóvenes como adultos.

Escribo esta reflexión desde la provincia de Kivu Norte, en la República Democrática del Congo (RDC). Aquí, los equipos del JRS trabajan con mujeres y niñas en los distritos de Masisi, Mwezo y Rutshuru. Muchas de ellas han sido atacadas sexualmente. Kivu Norte es una de las capitales mundiales de la violencia sexual y de género.

Las actividades del JRS parecen simples: programas de alfabetización y capacitación. Sin embargo, el impacto trasciende a lo educativo. La alfabetización y la capacitación ayudan a reconstruir la dignidad de las mujeres que siempre han sido consideradas menos que los varones en su cultura.

Ahora que ellas están formadas, ellas están en mejores condiciones para cuidarse de si mismas. Cada día, se reunen: mujeres que han pasado por horrores similares y otras que temen que les pueda ocurrir lo mismo. Colectivamente comparten sus heridas y un epacio protegido.

Los cursos son sólo para mujeres. Pero a veces los hombres se interesan cuando ven los cambios que el aprendizaje ha generado en sus esposas o en sus hermanas. Directa e indirectamente, las mujeres influyen en sus esposos y hermanos. Gradualmente van disuadiendo a los hombres de caer en las dinámicas de la dominación masculina y de la agresión.

La violencia, la guerra incluida, arraiga en las relaciones culturalmente distorsionadas de género. En su proceso de recuperación, estas mujeres violadas y heridas pueden ayudar a curar a los hombres y evitar que hagan lo que otros varones han hecho. Estos cambios a un nivel cultural y social más profundo, requieren tiempo pero son necesarios para la protección a largo plazo contra la violencia sexual y de género.

La Convención de Ginebra de 1951 de la ONU brotó de las heridas de cientos de miles de mujeres y hombres. Hoy son las mujeres las que necesitan que se les garantice una protección más inmediata bajo la convención de 1951.

Esto significa dar a los refugiados, en particular a las mujeres y a las niñas, asilo y pretección en los países de acogida, creando espacios protegidos en zonas de conflicto armado, y haciendo de los campamentos y de las escuelas lugares seguros. Este es, hoy por hoy, el reto que nos permitirá contribuir de una forma concreta a la protección de las mujeres y de las niñas contra la violencia sexual y de género. En la RDC y en otros países de todo el mundo, nos comprometemos a este objetivo de acuerdo con la misión del JRS y con la convención para los refugiados.