Adviento: el refugiado, una persona sin pasado ni futuro



Peter Balleis SJ
Director Internacional del JRS
lunes, diciembre 17, 2012

Roma, 17 de diciembre de 2010 – ¿Qué define la existencia de un refugiado? Esta pregunta me la hacía recientemente una periodista de Radio Suiza. Podía haber buscado la definición que da la Convención de Ginebra de 1951, pero prefirió hacer una pregunta existencial en vez de una desde un punto de vista legal. ¿Qué significa ser un refugiado, qué le hace a una persona? Un refugiado es alguien cuyo pasado ha sido destruido y cuyo futuro está bloqueado: una persona aparentemente sin pasado ni futuro.

La vida como una progresión lineal del pasado, presente y futuro. Todos tenemos un pasado y un futuro, que coinciden en el aquí y ahora. La mayoría de las personas tienen un hogar, un lugar donde nacieron, crecieron, fueron a la escuela, tuvieron su familia y amigos, en una comunidad basada en una cultura, unos valores y unas creencias compartidas. Con las raíces de nuestro pasado construimos el presente y el futuro, con sueños, planes profesionales, oportunidades educativas y nuestra profesión elegida.

Sin pasado. A un refugiado, sin embargo, ese pasado le ha sido arrebatado, ha quedado atrás, destruido: ha perdido la seguridad y la protección del hogar, de la familia y de la comunidad. Los seres queridos, los miembros de la familia han sido dispersados, algunos, cuando no todos, murieron. Los estudios escolares y universitarios han quedado interrumpidos. Los refugiados se encuentran en un nuevo país, una nueva cultura, a veces con otra religión y sistema de valores. No pueden referirse a su pasado para definir su identidad, ya que éste le ha sido extirpado.

Para algunos, la experiencia sufrida en su país de origen ha sido tan traumática y tan profundamente devastadora que quieren cortar definitivamente con ese pasado, no hablar nunca más de ello, y mucho menos regresar a él. El pasado ya no es un punto de referencia para el presente.

No hay futuro. Pero tampoco hay futuro. Muchos refugiados sienten que su país anfitrión en el mejor de los casos les tolera, pero que realmente no los quieren. La voluntad de dar la bienvenida a grupos grandes de refugiados, o incluso a los pequeños, se ha desvanecido. La llamada xenofobia es un fenómeno creciente no sólo en las regiones más ricas, sino también en los países del Sur, que en su momento fueron receptivos.

Las personas desplazadas por la fuerza a las que se les concede el estatuto de refugiado internacional pueden estar viviendo bajo la protección de la ONU durante más de 10, incluso 15, años porque en sus países de origen y de acogida no les protegen. Los niños nacen en calidad de refugiados, crecen en los campamentos y allí pasan toda su infancia y juventud.

A otros muchos refugiados ni se les reconoce. Hoy en día, más de la mitad de los refugiados del mundo viven en las ciudades, a menudo ilegalmente, sin documentos, ni la protección del estado. Viven una vida en la sombra. En muchos países, incluso a los refugiados reconocidos como tales, no se les permite trabajar. Menos del uno por ciento tiene acceso a la educación superior por los numerosos obstáculos, sobre todo porque es demasiado caro. Sin trabajo, sin oportunidades de educación superior, sin integración local, ni posibilidades de retorno o reasentamiento, no hay futuro para la mayoría.

Sólo el aquí y el ahora. Los refugiados viven en la encrucijada entre el pasado y el futuro. Ellos simplemente viven el aquí y el ahora, a menudo en los márgenes de la sociedad, en las fronteras entre países, en una "tierra de nadie".

Adviento y Navidad. Miremos la vida de un refugiado a través de la lente de Adviento y Navidad. La experiencia de un refugiado refleja el sentido del Adviento, un tiempo en el aquí y ahora, entre un pasado sin redención y una esperada salvación para el futuro.

El pasado irredento está marcado por el pecado del mundo: la codicia por el poder, las riquezas y la gloria. En todo el mundo, la gente es oprimida, abusada y asesinada para robarles sus tierras, sus recursos, en aras de la gloria de unos pocos. Es de ese tipo de violencia y de injusticia de lo que los refugiados han tenido que huir, lo que destruyó su pasado.

Así, a los refugiados sólo les queda la esperanza, el deseo de paz, de un nuevo hogar donde encontrar protección. Esperan durante años ese hogar que les aguarda a su regreso o en el país de acogida mediante la integración local, o en un tercer país donde puedan ser reasentados. Esperan pacientemente, sin perder nunca la esperanza, hasta que un día se anuncie el mensaje de paz, el mensaje transmitido por el ángel de la Navidad: Paz en la tierra a todos los hombres de buena voluntad (cf. Lc 2:14).

La existencia de los refugiados ilustra el significado teológico del adviento, de un pueblo que vive en la oscuridad y que, como el profeta Isaías, ve una gran luz, (cf. Is 9:2).

El JRS alimenta la esperanza de la Navidad. Al trabajar con los refugiados, el JRS también vive, en cierta manera, esta dimensión del Adviento. No es necesario entrar en detalle para entender lo que significa para los equipos del JRS compartir las tragedias que tienen lugar en estos momentos en el este del Congo y Siria. Cientos de miles de personas han huido de la destrucción sin sentido. El JRS todavía tiene equipos sobre el terreno en el este del Congo y en Siria, permaneciendo todo el tiempo que sea posible junto a las personas que se ven obligadas a soportar un mundo irredento en guerra, un lugar en el aquí y el ahora, sin pasado ni futuro.

Esto coincide con nuestra misión de dar prioridad al acompañamiento de los refugiados, estar con ellos y compartir en algún grado los peligros a que están expuestos.

Otra de las prioridades del JRS es servir a los refugiados ofreciendo atención psicosocial y pastoral, y en especial educativa, encender la llama de la esperanza mediante la educación. Los programas de educación formal e informal de JRS llegan a más de 250.000 niños, jóvenes y adultos. La escuela es algo más que un espacio donde acumular conocimientos, es un lugar donde curar el pasado y ganar el futuro.

La educación en el aquí y el ahora de la vida de un refugiado ayuda a volver a conectar el pasado perdido y el futuro. Uno puede perderlo todo, pero nunca lo que uno lleva en la mente y en el corazón, el conocimiento y los valores, el espíritu de la esperanza. La educación es una fuente de esperanza y una herramienta para la paz.

La misión del JRS encuentra un significado profundo en el Adviento, la búsqueda de la esperanza, la alegría y la paz celebrada en la Navidad. Se trata de encontrar un nuevo hogar, la protección de una nueva familia, de una comunidad, de un país, al igual que María y José lo encontraron en un lugar humilde de Belén, al cuidado de los pastores pobres, que fueron los primeros en escuchar el mensaje de los ángeles: Paz en la tierra a todos los hombres de buena voluntad.

Peter Balleis SJ,
Director del JRS Internacional