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Colombia: arte en medio de la violencia
29 mayo 2012

Muchos de los residentes de Buenaventura son desplazados que viven en el vecindario de La Playita, en palafitos sobre el agua. Las carreteras suelen quedar inundadas por las lluvias diarias. Buenaventura, Colombia.(Christian Fuchs/JRS)
Nuestro objetivo es mostrar a los jóvenes de nuestra ciudad que hay personas que son más dignas de admiración que los guerrilleros, los mafiosos o los paramilitares que manejan nuestra ciudad, dice uno de los fundadores de Huellas y Rostros.
Buenaventura, 29 de Mayo de 2012 - Entre la cordillera occidental de los Andes colombianos y el Océano Pacífico, en la región del Valle del Cauca, se encuentra Buenaventura, la principal ciudad portuaria de Colombia, pero también una de las urbes más mortíferas del país.

Pocos titulares internacionales recuerdan el conflicto en el que está sumida Colombia desde hace casi 50 años y que, en los últimos años, ha provocado el desplazamiento de miles de colombianos. Buenaventura es un lugar estratégico tanto para las guerrillas de izquierda como para los paramilitares de derecha, que tratan de controlar este enclave tan valioso para el transporte de drogas, armas y minerales.

Buenaventura tiene una de las más altas tasas de desplazamiento intraurbano y una tasa de desempleo del 60%.

El miedo y la violencia se hacen palpables a medida que caminamos por los barrios, algo que nos confirman nuestros colegas del Servicio Jesuita a Refugiados, organizaciones humanitarias, contrapartes de la Iglesia Católica, los residentes desplazados, los líderes de la comunidad local y otras organizaciones no gubernamentales.

Secuestrados y aterrorizados. Nos encontramos con una pareja de desplazados que abandonaron su granja en tres ocasiones en los últimos once años, víctimas de grupos armados ilegales. Durante su último encontronazo con un grupo paramilitar, Don José* fue secuestrado y torturado. Su esposa, doña Diana*, entonces embarazada de siete meses, perdió a su bebé a los dos meses de nacer y echa la culpa al estrés por el trauma. Ellos siguen viviendo la pesadilla de su separación, sin poder consolarse el uno al otro.

Como explica un psiquiatra terapeuta familiar, su caso es emblemático de los traumas que aquí padecen muchos desplazados. La continua violencia y la falta de recursos para las personas afectadas impiden que estos sobrevivientes de la tortura y el trauma se recuperen plenamente, ni siquiera años después de que hayan ocurrido los hechos.

Sabemos que unos grupos paramilitares - Águilas Negras y Los Rastrojos – controlan los sectores del centro urbano de Buenaventura, mientras que los ríos y las zonas rurales que rodean la ciudad están principalmente en manos de las FARC, un grupo izquierdista armado ilegal. En las afueras de la ciudad nos encontramos con la minería ilegal, ligada a los grupos armados ilegales que ya se ha convertido en un problema endémico, causando devastación ambiental y el desplazamiento de las familias.

Se dice que el gobierno ha cerrado una mina controlada por bandas en tres ocasiones diferentes, pero la maquinaria reaparece y la mina vuelve a funcionar la semana siguiente.

Los folletos anunciando la presencia de estos grupos armados ilegales aparecen periódicamente en las puertas de los residentes de los barrios más pobres de Buenaventura. El grupo Águilas Negras ha distribuido panfletos dirigidos a las mujeres y las niñas, donde especifican qué tipo de ropa pueden usar y hasta qué hora pueden salir de casa por la noche. Nuestra oficina ha documentado el aumento de amenazas y de actos violentos contra estudiantes, líderes comunitarios, maestros, activistas de los derechos sobre la tierra o de la restitución de las mismas. Los asesinatos selectivos de líderes de la comunidad y las desapariciones forzadas van también en aumento.

Los grupos armados siguen exigiendo 'vacunas’ o impuestos de guerra a los residentes de la ciudad. Se han cometido asesinatos, violaciones y desapariciones de personas que se han negado a pagar. Es particularmente preocupante que los niños estén siendo coaccionados y reclutados.

El arte de la resistencia. Nos reunimos con un grupo de jóvenes artistas, la fundación Rostros y Huellas, formado por hombres y mujeres  afrocolombianos veinteañeros que han creado un movimiento de resistencia a la violencia y al desplazamiento.

El JRS se ha asociado con esta organización para prevenir el uso y reclutamiento de niños en grupos armados.

Creada tras la brutal matanza de atletas y artistas de la comunidad local de Punta del Este [en la que fueron asesinados doce jóvenes en abril de 2005], la fundación trabaja con los niños de la escuela elemental de Buenaventura, utilizando herramientas audiovisuales, enseñándoles el derecho a vivir en paz y sin miedo.

Uno de los artistas describe con horror el secuestro y el descuartizamiento de los jóvenes líderes de la comunidad de este barrio.

"Decidimos que debíamos encontrar una manera de resistir", dice uno de los fundadores de Huellas y Rostros.

"Utilizamos la música, el arte, la poesía, el hip-hop y la danza. Nuestro objetivo es mostrar a los jóvenes de nuestra ciudad que hay personas que son más dignas de admiración que los guerrilleros, los mafiosos o los paramilitares que manejan nuestra ciudad. Esta es nuestra casa, y queremos un futuro mejor: sin feminicidios, sin injusticia racial ni desplazamiento. No creemos que sea mucho pedir".

Recordando el legado del ya fallecido obispo colombiano Gerardo Valencia Cano, que trabajó toda su vida en favor de la inclusión y la justicia para las comunidades afrodescendientes en la costa del Pacífico de Colombia, los miembros de Rostros y Huellas ponen su esperanza en un futuro en el que sus voces sean valoradas, sin el horror de la violencia, y sin los proyectos invasivos de desarrollo fomentados por el gobierno que dejan sin voz y sin hogar a las comunidades.

"Tratamos de dar voz a nuestra realidad", dice una de las fundadoras del grupo, una joven de veinte años.

Su misión me parece particularmente importante en este clima de miedo creado por los grupos armados, donde los asesinatos, las desapariciones, y las campañas de terror han creado un tiempo de silencio tenso y amargo.

Shaina Aber, adjunta para temas de advocacy del director del JRS USA

* Sus nombres han sido cambiados para su protección.

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