Francia: Bienvenido...
16 julio 2012

Nadette Noël en una actividad organizada por la red Welcome
También estoy descubriendo el goce de recibirlo y de saber que, por un tiempo, mi invitado no tendrá ni hambre ni frío.

París, 16 de julio de 2012 - Allí está él, sentado en el suelo de la cocina pelando patatas, sintiéndose como en casa, como si estuviera de regreso a su campo afgano."¡Buenas tardes! ¡Qué tenga un buen día?" La verdad es que tenía un mal día y que su sonrisa de bienvenida me hizo sentir mejor; estoy contenta con ese rayo de luz en mi cocina.

Luego, me invita a probar lo que preparó, orgulloso de poder ofrecerme algo a cambio. Y me cuenta que está feliz de no tener que hacer cola con el frío, de luchar por un puesto en la fila para tener su cena.

Pertenezco a la red Welcome del JRS Francia, lo que significa que ofrezco alojamiento a los solicitantes de asilo durante un máximo de seis semanas. Ya conocía al JRS, y era consciente de los problemas que tenían los extranjeros para encontrar alojamiento en París. Veía cada vez más gente deambulando por las calles y por las estaciones de metro, pero ¿qué podía hacer yo? No estaba en mi poder resolver los problemas del mundo.

Entonces yo pertenecía a una Comunidad de Vida Cristiana (CVX) y, de repente, estar bautizada resulto algo más que una convención social. Era el momento de pasar a la acción, de poner en práctica el urgente llamado a ser concreto al dar la bienvenida a los otros en mi propio hogar. Me vinieron a la cabeza las palabras,"era forastero y me acogistéis" o"Hoy vendré a tu casa".

Solía decirme que como periodista estaba haciendo lo que estaba en mi mano para dar voz a los pobres, para denunciar injusticias. Pero me sentí llamada a pasar a la acción, y tras hablarlo con mis hijos, que me alentaron, me lancé a la aventura.

Desde entonces vienen a casa algunos jóvenes afganos, y estoy descubriendo la realidad de su país, los horrores de la guerra y el desplazamiento y la dureza del viaje de los solicitantes de asilo. Comparto su angustia mientras esperan una respuesta de las autoridades que decidirán sobre su futuro. Veo su humillación al tener que poner la mano para que les den comida o ropa, para estar en un lugar cálido.

Todo es una lucha. También estoy descubriendo el goce de recibirlo y de saber que, por un tiempo, mi invitado no tendrá ni hambre ni frío. Descubro la gracia de sonreir cuando me da la bienvenida cada tarde. Admiro su valentía y esperanza, su fe en la vida. Me siento invitada a disfrutar del sabor del fruto de este encuentro y degustarlo en mi propio hogar. Tengo mucho por lo que estar agradecida.

Nadette Noël 

Este artículo fue publicado en la última edición de Servir. Clique aquí para leer más.