Tailandia: las voces de las fábricas
17 enero 2013

El JRS ha estado trabajando con inmigrantes, como Rose*, en Mae Sot desde 2006 ayudando a mejorar los medios de subsistencia de las comunidades vulnerables (Patcharin Nawichai/JRS).
Lo que realmente quiero... son mejores condiciones laborales y un salario más alto, pero si me voy, mis padres no tendrán un lugar donde vivir.
Mae Sot, 17 de enero de 2013 - Tailandia es el hogar de cientos de miles de trabajadores inmigrantes birmanos, más de 100.000 de los cuales trabajan en las fábricas de Mae Sot.

Rose*, de 28 años, originaria de Taunggyi, en el estado Shan, en Birmania meridional, llegó a Mae Sot con su padre cuando tenía 12 años. A los 13 años, un agente la llevó a Bangkok para trabajar en una tienda de fideos donde ganaba 1.000 bahts tailandeses, unos 34 dólares mensuales.

Tres años más tarde, después de casarse y quedar embarazada de su primer hijo, Rose volvió a Mae Sot huyendo de la angustia de ser arrestada que los inmigrantes indocumentados enfrentan a diario en Bangkok.

La experiencia de Rose no es la excepción. Poe Poe*, de 18 años, procedente del municipio de Phyu, en el este de Birmania, ha trabajado en una fábrica de ropa desde los 13 años.

Extenuantes jornadas laborales sin descanso ni bajas por enfermedad, la lucha por ahorrar algo de dinero, la ausencia de normas de seguridad adecuadas y de derechos laborales caracterizan el día a día de Rose, Poe Poe, y otros miles de trabajadores migrantes en Tailandia.

Condiciones laborales. Rose en la actualidad trabaja más de diez horas diarias limpiando una fábrica textil por 150 bahts al día. Por cada hora que la trabajadora llega tarde a su turno, se le deducen tres horas de salario. Asimismo, la pérdida de un día de trabajo se penaliza con tres días sin sueldo.

Sin embargo, Rose está muy agradecida por su empleo.

"Me gusta trabajar aquí porque el salario es bueno", le comentó al personal del JRS en Mae Sot. Pero admite que las dificultades económicas son una fuente constante de angustia.

"Todavía nos falta dinero para costear la educación de mis hijos... Una vez pagamos a un agente 4.500 baht para que me llevase de regreso a Bangkok, a través de la selva [para que yo pudiera encontrar un trabajo mejor remunerado]. Nos engañó y desapareció en medio de nada", recuerda con la decepción en sus ojos.

Pero Rose es una de las afortunadas que nunca se ha sentido en peligro en la fábrica. Su lugar de trabajo mantiene una sólida reputación de buena gestión.

"Nunca me sentí insegura aunque [la limpieza de suelos y mesas] no es un trabajo agradable", afirma Rose.

Poe Poe, por su parte, trabaja en otra fábrica de ropa y se siente desprotegida en el dormitorio, ya que no hay baños ni duchas separadas para las mujeres. Aunque nunca ha sido atacada físicamente, Poe Poe se siente insegura al ducharse porque sabe que algunos hombres la espían.

Aparte, los equipos de la fábrica no siempre son seguros para las trabajadoras ya que las viejas máquinas de coser utilizadas para confeccionar las prendas son peligrosas, según Poe Poe.

"Al dueño no le preocupa, pero estamos realmente asustadas con estas máquinas... Los nuevos trabajadores manejan las antiguas, ya que no tienen otra opción", dice.

Derechos laborales. En 2012, el JRS en Mae Sot apoyó dos grupos de debate dirigidos por la Asociación Irrawaddy en el Extranjero para los trabajadores migrantes en materia de derechos laborales.

"Nuestros derechos no se respetan plenamente, porque no nos dan los descansos necesarios", dice Rose.

Poe Poe cose durante más de diez horas al día sin parar.

"No tenemos suficiente descanso. ¡No es justo para nada!", dijo.

Aunque ella quiere encontrar otro trabajo, no tiene otra salida porque sus padres viven con ella en la fábrica.

"Lo que realmente quiero... son mejores condiciones laborales y un salario más alto, pero si me voy, mis padres no tendrán un lugar donde vivir", cuenta Poe Poe.

Tanto Poe Poe como Rose sueñan con regresar a sus lugares de origen en Birmania y tener su granja.


"Me gusta estar en Tailandia porque es seguro y hay muchas maneras de ganarse la vida. Sin embargo, si mis padres, que en la actualidad viven en Myawaddy, quieren volver a Taunggyi, me iré con ellos. Todavía tenemos tierras", dijo Rose.

"Si puedo ahorrar dinero, voy a llevar a mi familia de vuelta a casa para trabajar la tierra. Allí, vamos a tener una vida feliz", suspira Poe Poe.

Patcharin Nawichai, director del proyecto del JRS en Mae Sot 
Dana MacLean, responsable de comunicación del JRS Asia Pacífico

*Los nombres han sido cambiados para proteger la identidad.