Turquía: las familias refugiadas comparten sus inquietudes sobre el presente y el futuro
28 enero 2013

Entre dos continentes, Turquía es tanto un destino como un punto de encuentro para los refugiados de Afganistán, Irán, Iraq, Sudán y Somalia que esperan su reasentamiento o confían en llegar a Europa. (Jesuit Refugee Service)
Ankara, 28 de enero de 2013 - El número de refugiados que entran en Turquía ha aumentado a cifras sin precedentes en 2012. En este contexto, el JRS ha enfocado sus servicios en las poblaciones de refugiados altamente vulnerables: afganos e iraníes. Al mismo tiempo, los iraquíes, que han sido doblemente desplazados - primero huyeron a Siria y luego a Turquía -, también se encuentran en condiciones de alta vulnerabilidad. Durante las visitas domiciliarias realizadas recientemente, las familias de refugiados compartieron sus historias con el JRS sobre cómo llegaron a Turquía.

Todas las historias son relatos de los propios refugiados.

El afgano Mohamedi Musai y su familia. Hace diez años, hui a Irán con mi esposa y mi hijo por culpa de la guerra en Afganistán. Nos quedamos allí hasta hace unos meses hasta que nos dijeron que las condiciones de vida de los refugiados en Turquía eran mejores: cubrían la vivienda, la educación y los servicios médicos y, lo más importante, existía la posibilidad de ser reasentados con relativa rapidez en un tercer país. Con esta información, llegamos a Turquía, y nos encontramos con la desagradable sorpresa de que ninguna de estas cosas era cierta.

Al contrario, nos vimos obligados a dormir en las calles después de enterarnos que la agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) no podía ayudarnos a conseguir alojamiento ni comida. Desde que llegamos a Turquía, nos hemos tenido que enfrentar solos a todos estos problemas cotidianos. Lo más dramático es que hemos venido aquí con muy poco dinero. Poco a poco, con la ayuda de la comunidad afgana, hemos empezado a encontrar soluciones.

Para reducir gastos, hasta seis familias comparten un mismo apartamento, que por lo general significa que dos familias viven en una sola habitación. No hay otra manera de salir adelante en Turquía, sin ningún conocimiento de turco no podemos encontrar trabajo ni comunicarnos fácilmente con la población local. 

Afortunadamente, nuestros vecinos nos ayudan, proporcionándonos ropa de cama y utensilios básicos del hogar. Los funcionarios de policía turcos también tratan de ayudarnos a adquirir los permisos de residencia para poder permanecer aquí legalmente.
Nuestra esperanza, un sueño, es que algún día podamos vivir como seres humanos: con comida, una casa cálida adonde volver y educación para nuestros hijos.

El iraní Sayeed y su familia.El único país que me podía dar un visado era Turquía. Llegué aquí hace tres años con mi esposa y mi hija de 10 años porque no podíamos seguir viviendo en Irán.

Aquí me convertí en refugiado. Cuando llegué tenía muchas esperanzas porque la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) aceptó mi caso rápidamente, pero desde entonces apenas ningún país ha examinado mi solicitud de reasentamiento. Tenía la esperanza de ir a otro país, pero ahora ya veo que esto no es probable que suceda.

Me siento seguro en Turquía - la policía no me persigue -; sin embargo, tengo tantos problemas psicológicos que aquí no puedo ver un futuro para mi familia. No tengo permiso para trabajar legalmente y eso me hace la vida muy dura, sobre todo cuando pienso en mi hija.

La iraquí Zeyneb y sus cinco hijos. Yo estaba viviendo en paz con mi marido y mis cinco hijos en Iraq hasta que la guerra estalló en 2003. Los iraquíes empezaron a matarse entre sí por sus diferencias religiosas. Un fatídico día, una bomba estalló cerca de nuestra casa y comenzó un tiroteo, quedé atrapada en el fuego cruzado y me hirieron. Cuando me desperté en el hospital, vi que había perdido un pie y un brazo. Cuando mi marido me vio, ya no me quiso más...

En ese momento me di cuenta de que no podía vivir en Iraq más y que debía huir. Pensé que Siria sería la mejor solución, ya que hablan la misma lengua y tenía la esperanza de obtener alguna ayuda allí. Dos de mis hijos están muy enfermos: uno es discapacitado mental y el otro tiene serias dificultades de habla.

Me quedé en Siria durante cinco años, hasta que estalló el conflicto. Secuestraban a las mujeres iraquíes en la calle y eso me preocupaba mucho por mis hijas. Decidí venir a Turquía sobre todo porque había oído que la oficina del ACNUR y el gobierno turco ayudaban a los refugiados. Sin embargo, la situación actual es muy diferente de lo que esperaba: no hay ayuda ni oportunidades para que mis hijos reciban educación o atención médica, que son prioridades para mí.

La esperanza que tenía al llegar a Turquía, era que nos reasentarían en un tercer país. Me han dicho que es muy difícil para los iraquíes que llegaron desde Siria, pero sigo aferrada a ese sueño.