Jordania: la escuela, el lugar donde se construyen las comunidades
15 marzo 2013

Centro del programa de educación informal del JRS, que ofrece a los refugiados un lugar donde hacer cicatrizar sus vidas juntos en compañía de otros, como una comunidad. (JRS)
Por eso venimos aquí, porque una se siente como en casa. No sé qué haría sin este lugar.
Ammán, 15 de marzo de 2013 - La vida está llena de coincidencias. Así es como descubrí el Servicio Jesuita a Refugiados. En un viaje de estudios en Ammán tratando de entrevistar a refugiados para mi investigación, me dieron una lista de números de teléfono, uno de los cuales era el del JRS en Jordania.

No sólo quería conocer iraquíes, también quería darles algo a cambio a ellos y a sus comunidades; no únicamente escuchar sus historias y convertirlas en "datos" para mi tesis. Un par de llamadas más tarde, me encontraba frente a las negras puertas de la escuela de Ashrafiyeh, un barrio obrero de Ammán, lista para trabajar como docente en el proyecto de educación informal del JRS.

Mi primera clase de inglés estaba formada por una quincena de adultos: hombres, mujeres, mayores, jóvenes, jordanos, iraquíes, palestinos, sudaneses, somalíes y sirios. Todos hablaban inglés bastante bien, pero sus niveles de lectura y escritura eran muy distintos.

Durante tres meses, trabajé duro para encontrar actividades que mantuvieran a los estudiantes interesados y aprendiendo. Al final, no estoy segura de si fue un éxito total: mi clase se redujo visiblemente después de las primeras semanas.

Hubo un día particularmente frustrante: leímos unos capítulos de El Principito, que parece que encontraron aburrido o anticuado. Tuve que salir al patio durante el descanso para estirar las piernas, y calmar mis nervios.

En un día cualquiera, el recreo bulle de actividad. La gente charla en pequeños grupos; hablan de todo, de las clases, de sus familias, de los trámites de la ONU, de política… Los niños corren arriba y abajo, gritan, compran dulces a un vendedor ambulante, y juegan al fútbol.

Y entonces, de repente, se me ocurrió que no tenía por qué estar frustrada, que esto podría ser más un lugar de encuentro que una oportunidad educativa. Claro, los estudiantes aprendían algo de inglés, pero más que nada, el JRS les daba un lugar donde, por unas horas al día, podían hacer cicatrizar sus vidas juntos en compañía de otros, como una comunidad.

Una de los estudiantes más populares del JRS - una mujer de mediana edad con una sonrisa tan ancha como un océano y efervescente de energía - finalmente fue reasentada en Atlanta. Unos meses después de salir de Jordania, me envió un correo electrónico.

Me emocionó saber que, a pesar de las dificultades, ella y su familia se están adaptando bien en los EE.UU. Ella, sin embargo, me preguntó por el JRS. Cómo estaban sus amigos, cómo estaban los profesores. Les echaba mucho de menos, escribió.

Recuerdo la última vez que la vi, bajando corriendo las escaleras para tomar un café antes de que comenzara de nuevo la clase.

"¡Ojala hubieras podido ver Bagdad. Por eso venimos aquí, porque una se siente como en casa. No sé qué haría sin este lugar", dijo.

Giulia El Dardiry

Giulia El Dardiry trabajó con el JRS en Jordania en 2012, mientras preparaba su doctorado en Antropología por la Universidad McGill de Canadá. Antes de sus estudios de doctorado, trabajó en proyecto de desarrollo y en la ayuda humanitaria en el Líbano y Palestina.

El director del JRS en Jordania, Colin Gilbert, hará una serie de presentaciones en varias universidades de los Estados Unidos hasta el 3 de abril de 2013. Para más información visite la página web del JRS USA.