República Democrática del Congo: vidas en la cuerda floja en Kivu Norte
28 febrero 2012

El JRS acompaña a los niños desplazados forzosos y a sus familias en Kivu Norte, República Democrática del Congo. (Peter Balleis SJ/JRS)
Ahora no tenemos nada y lo que es peor, nuestras vidas siguen en peligro, dice Mateene, jefe del campamento no oficial de Kishondja, en Masisi, en el este de la RDC.
Kivu Norte, 28 de febrero de 2012 – Emmanuel Mirimo Mateene tenía su casa y un pequeño pedazo de tierra cultivable. Vivía tranquilamente y le resultaba relativamente fácil  poner comida en la mesa para su familia. Pero esto era antes de que la guerra estallara en la República Democrática del Congo (RDC).

"Ahora no tenemos nada y lo que es peor, nuestras vidas siguen en peligro", dice Mateene, jefe del campamento no oficial de Kishondja, en Masisi, en el este de la RDC.

Aunque oficialmente la guerra terminó hace diez años, la paz y la estabilidad no es más que una ilusión para la población de las regiones orientales. Los campamentos para desplazados internos están sobrepoblados y las condiciones de vida son, en el mejor de los casos, precarias. La mayoría de los residentes del campamento siguen siendo vulnerables a los ataques esporádicos, y deben sobrevivir sin asistencia.

El campamento de Kishondja es el hogar de más de 1.000 desplazados y la historia de Emmanuel es similar a la de más de medio millón de otras personas obligadas a huir de sus aldeas por las atrocidades cometidas por los grupos armados rebeldes activos en Kivu Norte y debido a los violentos enfrentamientos entre los rebeldes y las fuerzas armadas regulares de la RDC. La privacidad personal es imposible debido al confinamiento. La gente vive hacinada en cabañas de barro, y las rudimentarias instalaciones sanitarias son frecuentemente la causa de devastadoras enfermedades, especialmente entre los jóvenes.

La situación se complica aún más para los niños. Forzados a abandonar sus hogares, la escasez de servicios educativos en los campamentos es desesperada. Aunque la educación disponible no está al alcance de todos. Muchas niñas se ven obligadas por sus padres a abandonar la escuela para atender las tareas domésticas. El riesgo de que caigan en una depresión y en una profunda apatía es altísimo.

Sin ayuda y en peligro

En Kivu Norte hay más de 30 campamentos oficiales de desplazados, que acogen a unas 80.000 personas. Pero aún hay muchos más campamentos no oficiales donde las condiciones de vida son todavía más difíciles. Por ejemplo, en el campo donde vive Emmanuel, los desplazados ni reciben plásticos de la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) para  protegerles de las violentas tormentas tropicales, ni reciben periódicamente comida del Programa Mundial de Alimentos.

Si bien han conseguido huir de sus aldeas por la inseguridad, los desplazados siguen viviendo en peligro.

"La gente sufre constantemente ataques en la selva que rodea el campamento y las fuerzas de seguridad no hacen nada para protegerla. Sobra decir que nuestras mujeres, cada día, son víctimas de violaciones cuando salen del campamento en busca de comida y leña", explica Emmanuel.

Encendiendo el optimismo en los campamentos

Los equipos del JRS saben bien que el sueño de la mayoría de los desplazados es regresar a cada y disfrutar de una vida tranquila y pacífica como la que  Emmanuel tenía antes de la guerra. También saben que con la inestabilidad en la región esto no va a ocurrir de la noche a la mañana.

Mientras tanto, todo lo que pueden hacer es fortalecer su apoyo en los 14 campamentos oficiales y no oficiales que rodean las poblaciones de Masisi y Mweso, donde el JRS está ofreciendo asistencia de emergencia y servicios de educación formal e informal.

No se trata solo de ofrecer servicios de calidad, sino también de acompañar a personas y familias en estos momentos traumáticos de sus vidas, ayudándoles a sentirse menos solas y dando aliento a sus corazones. Aunque este trabajo es sólo una gota de agua en este océano de sufrimiento de Kivu Norte, los equipos confían en que la proximidad del JRS con los desplazados encenderá, en cierta manera, su deseo de vivir y la esperanza de que el futuro no les abandonará.

Este es el reto al que se enfrenta ahora el personal del JRS en Masisi y Mweso, y al que se dedicarán todo el tiempo que sea necesario.