Muchas mujeres huyen de sus países de origen y terminan sufriendo las mismas experiencias en los países de asilo.
Bakola (no es su nombre real) es una refugiada congoleña que vive en Uganda. Como tantas otras, se vio obligada a huir de su país en el año 2000. Al ser asesinado su marido en Congo, se quedó sola con sus cuatro hijos, y huyó a Burundi. Cuando llegó al JRS por primera vez estaba totalmente desorientada. Al ver como sus hijos morían de hambre, padecían enfermedades y no tenían ninguna ayuda, durante algún tiempo pensó que la única solución era el suicidio.

Con el apoyo del JRS, comenzó un negocio de costura, algo que ya sabía hacer en Congo. Abrió una pequeña tienda donde vendía sus tejidos y con el dinero que ganaba, cubría las necesidades de sus hijos. Podía alimentarlos, darles una educación, una casa y medicamentos.

En junio de 2007, feliz con sus progresos, Bakola estaba preparando a sus hijos para ir a la escuela, cuando seis hombres irrumpieron en la casa, la atacaron y la violaron allí mismo frente a sus hijos. La golpearon hasta dejarla moribunda y saquearon todo lo que pudieron. Esta experiencia trágica le dejo una herida profunda. El bebé que tuvo y un terrible dolor en la espalda le devuelven a menudo a aquel dramático episodio.

Hoy, el JRS en Kampala ofrece a Bakola apoyo financiero para pagar el alquiler y la comida. Fue derivada al Centro Africano para el Tratamiento y la Rehabilitación de Víctimas de la Tortura (ACTV) donde ahora recibe medicación específica y acude a sesiones de terapia. El apoyo que recibió le ayuda a enfrentarse al pasado y a recuperar la esperanza en el futuro. “He aceptado a mi último hijo y puedo ver su inocencia y el amor de Dios cuando le miro a los ojos”, dice.

Como Bakola muchas otras mujeres y niños huyen de las atrocidades en sus países de origen y terminan enfrentándose a experiencias iguales en los de asilo. Muchas siguen sin apoyo, nadie sabe de sus casos o nadie las atiende.
Countries Related to this Region
Uganda