Una viuda somalí que abrió una pequeña tienda tras recibir un préstamo del JRS, Johannesburgo, Sudáfrica (Peter Balleis SJ/JRS)
Johannesburgo, 8 de abril de 2011 – El hecho de que no haya campamentos de refugiados en Sudáfrica da la oportunidad de que muchos puedan encontrar un empleo y reconstruyan sus vidas. No sufren restricciones a su libertad de movimiento y, al menos en teoría, tienen derechos a los mismos servicios sociales que los sudafricanos.

Sin embargo, estas oportunidades no están al alcance de todos, ni para los refugiados ni para los nacionales. Habiendo dejado atrás sus familias y redes sociales, los refugiados suelen acabar aislados y solos. En estas circunstancias, su existencia cotidiana puede ser extremadamente precaria.

Entre la comunidad refugiada, las mujeres son particularmente vulnerables a los abusos, a la explotación y a las penurias. A menudo con la responsabilidad añadida del cuidado de los niños y otros deberes familiares, aumenta exponencialmente el coste de la vida. Consciente de estas dificultades, el Jesuit Refugee Service en Sudáfrica creó un programa para apoyar a mujeres indigentes y vulnerables ofreciéndoles salud de emergencia, alimentos, alojamiento y cubrir otros costes.

Sin embargo, la asistencia del JRS no acaba aquí. Los responsables del proyecto del JRS realizan visitas regulares a las mujeres, para comprobar su estado de salud y su bienestar general. Cuando se considera que están satisfactoriamente estables, se les ofrece la oportunidad de inscribirse en el programa de medios de subsistencia para poder abrir un pequeño negocio, promoviendo así su autosuficiencia.

La responsable de salud, ubicada en la oficina de Johannesburgo, Marcelline Sangara, explica cómo Belinda*, una refugiada, se convirtió en una sin techo tras haber sido abandonada por su esposo cuando un test durante su embarazo descubrió que era seropositiva.

Madre de dos hijos, embarazada y sin hogar, Belinda se vio obligada a trabajar de forma voluntaria en una guardería a cambio de que le cuidasen a sus hijos. Aunque nunca le pagaron por su trabajo, Belinda explicó que su familia comía una vez al día.

En efecto, después de que el JRS le ofreciera asistencia y apoyo a Belinda, ella pudo pagar los costes de la atención a sus hijos. También le ofrecieron pagarle el alquiler y los costes médicos, haciéndo así más fácil la vida a la familia. Afortunadamente – cuenta Sangara – Belinda fue recientemente aceptada en el programa de medios de subsistencia del JRS.

Aparte de ayudar a las mujeres con sus responsabilidades familiares, el JRS ofrece diferentes tipos de apoyo, como es el caso de Mama Hlabeni*. Jeanine Kuka, una responsable de salud del JRS de la oficina de Johannesburgo, cuenta la historia de Mama Hlabeni*, una mujer de 64 años que vive en las calles del distrito de negocios de Johannesburgo.

"Encontramos a Mama Hlabeni viviendo en un parque público, pidiendo limosna a los transeúntes", dice Kuka.

Mama Hlabeni no era sólo una indigente; además sufría de tensión alta y las autoridades sanitarias le ponían serios problemas para acceder a la medicación. Como primer paso, el JRS la ayudó a conseguir su medicación y a encontrar alojamiento. Cuando sus circunstancias se estabilizaron, el siguiente paso fue ayudar a la señora Hlabeni a ser independiente.

El enlace entre el apoyo del JRS Sudáfrica y los proyectos de subsistencia son claves.

Según el responsable de medios de subsistencia, Jacob Matome, estas iniciativas conducen a una importante mejora en las vidas de las mujeres.

"Merci, una refugiada y madre soltera de cinco hijos, solicitó ayuda para crear una guardería. Después de aprobar su plan de negocio, el JRS la ayudó a pagar el alquiler de la guardería, compró los equipos y otros artículos como una mesa para la recepción y equipamientos de cocina", explicó Matome.

Matome confía en que los ingresos de la guardería serán suficientes para apoyar a las tres familias.

"Ya están comprando más materiales para la guardería y cuentan con el dinero para alimentar a sus familias", añadió.

Miles de refugiados, especialmente mujeres, siguen viviendo en condiciones difíciles, donde un traspiés puede sumirlas en la indigencia. Pero este tipo de asistencia demuestra claramente los beneficios de intervenciones bien planificadas.

El apoyo a las mujeres vulnerables tiene múltiples impactos positivos, no sólo para aquellos que reciben asistencia, sino también para las comunidades de acogida. Con el apoyo a los medios de subsistencia, el desarrollo de pequeños negocios puede desempeñar un papel significativo en las comunidades, estimulando las economías locales y a veces ofreciendo empleos a sudafricanos desempleados.

"El apoyo a los pequeños negocios da a los receptores confianza en su país de acogida. Ya no se ven obligados a depender de donativos o de llamar a la puerta de otras personas pidiendo comida, ropa, etcétera", explicó la coordinadora de advocacy del JRS Sudáfrica, Jeanette Lesisa.

Al mejorar su salud y bienestar, estas solicitantes de asilo y refugiadas pueden recuperar su dignidad, permitiéndolas integrarse con más confianza en sus nuevas comunidades de acogida.

*No es su nombre real


Robyn Leslie, responsable de advocacy y comunicación del JRS África austral


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