Taller de emprendimienton económico, Villa Paraiso, Venezuela (Archivo SJR Venezuela)
Caracas, 20 de Septiembre de 2011- Justo al lado de la carretera principal hay un camino sin asfaltar donde, lo que pareciera terminar, se convierte en una barranca de tierra y piedras. Poco a poco van apareciendo las casas acartonadas o en zinc gris y brillante, todas inclinadas.

Donde el camino se hace más estrecho y la pendiente tiene mayor pronunciación está la casa de Chela*. Ella, delgada y frágil sólo en apariencia, con su camisa a medio brazo y su falda hasta las rodillas, espera a las demás mujeres para una reunión.

La puerta marrón de la casa de Chela tiene un cuadro y notas musicales dibujadas con tiza. Están aprendiendo a tocar instrumentos musicales (bajo, guitarra, cuatro, tambor y trompetas). Chela toma el cuatro y empieza a deslizar sus dedos por las cuerdas: "vamos a sacar dos discos compuestos por refugiados y otros de música romántica", asegura. 

Ella es líder comunitaria y solicitante de refugio colombiana desde hace siete años. Corrió junto con sus hijos para salvar su vida, ya que tenía amenazas directas de grupos armados irregulares. El conflicto armado, que tiene más de 50 años, ha desplazado aproximadamente a cuatro millones de colombianos y ha convertido a otros 200 mil en personas en necesidad de protección internacional que buscan resguardo en Venezuela.

Transcurren algunos minutos y empiezan a llegar las mujeres. Algunas traen a sus niñas tomadas de la mano y todas van en sandalias. Ellas son las mujeres de Villa Paraíso, una comunidad ubicada en Táchira, estado fronterizo con Colombia.

Este lugar presenta un proceso interesante ya que está integrado por venezolanos, migrantes colombianos, ecuatorianos y peruanos; y población en situación de refugio.

Las mujeres cuentan que tuvieron que invadir las tierras porque no tenían una vivienda, o los que la tenían debían pagar alquileres muy altos. Actualmente hay más de 250 familias en Villa Paraíso.

Al principio todo era palos, piedras y montaña, pero poco a poco fueron construyendo las casas y por la cantidad de niños que hay en la comunidad no los pudieron desalojar. Esto no indica que sus habitantes estén seguros, ya que al encontrarse en una zona de riesgo, las constantes lluvias inundan los hogares, no hay hospitales cerca y tampoco cuentan con servicio de aseo.

En este lugar el JRS lleva a cabo el proyecto Apoyo al empoderamiento de las mujeres en situación de refugio en la frontera colombo venezolana desde una perspectiva de Derechos Humanos. 

Potenciar las habilidades

Todos los talleres y reuniones se hacen en la casa de Chela. En la sala están las mujeres sentadas en sillas de plástico y algunas en una cama cubierta por una manta de colores, donde Carolina* cuenta que su madre (Chela), permanecía acostada sin hacer absolutamente nada, siempre triste; y ahora desde que se levanta de la cama permanece llena de foami, papeles e ideas.

 "El Servicio Jesuita a Refugiados nos ha colaborado psicológicamente porque hemos estado mal. Desde que llegamos, hace siete años, no hemos tenido calma. Todavía tenemos el miedo, el temor, eso es lo que sentimos", dice Chela.

Uno de los talleres que solicitaron las mujeres fue el taller de manicura, y ya algunas, como es el caso de Carolina, se están desempeñando en el oficio: "Hoy día yo soy manicurista, y me va bien, gracias a Dios. Yo trabajo en mi casa y tengo mi clientela por acá mismo (…) Me fascina lo de las uñas, yo sabía antes pero con lo de los jesuitas, uno aprendió más y ejerce más".

Nancy*, siempre asertiva, añade que también asistieron a talleres para la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS), talleres de autoestima, y que en esas charlas les decían cómo tenían que  valorarse como seres humanos y como mujeres.

"Nos hablaban también de los derechos de las mujeres, cómo debería ser la convivencia en un hogar, que estamos fallando cuando no les sembramos los valores a nuestros niños y las consecuencias que trae eso", añade Nancy.

El proyecto que desarrolla el SJR está orientado al fortalecimiento de habilidades y destrezas en las mujeres solicitantes de refugio, inmigrantes y venezolanas que hacen vida en las comunidades fronterizas del Táchira y Alto Apure; con el fin de que ellas puedan aprender y posteriormente desarrollar una actividad generadora de ingresos, que les sirva como herramienta para superar la pobreza, así como hacerlas conocedoras y defensoras de sus derechos, por ser ellas agentes efectivas de cambio social.

Gloria*, mujer de carácter fuerte y consistencia robusta, con su hija sentada en las rodillas, dice que también recibieron el taller de emprendimiento económico donde aprendieron cómo debe realizarse el presupuesto de un negocio, los procedimientos para pagar un crédito, cómo llevar un registro y la administración del negocio, además de cómo calcular los  ingresos y egresos.

Ingrid Bournat, psicóloga y encargada del equipo del SJR en Táchira comenta que las mujeres han pedido que se haga una capacitación más especializada en el arte de las uñas esculpidas, que es un área donde no se requiere tanta inversión y en términos generales los materiales no son tan costosos. '’

Integración

No siempre fue fácil. Chela cuenta que al principio algunas personas los discriminaron porque venían de Colombia y eran refugiadas.

"No teníamos derecho a nada, ni siquiera al estudio. Cuando yo empecé a conocer los derechos de los refugiados me fui a las dos escuelas a llevar a los niños para que los recibieran para estudiar, yo misma fui y los matriculé …

"Una vez cuando nos bajamos de la buseta nos dijeron 'colombianos que vienen aquí a meterse y a agarrar lo que no es de ellos', y yo le dije a las señoras que nos dijeron eso: denle gracias a Dios que ustedes tienen una vivienda digna, que a ustedes no los están echando de su país. Nosotros sí fuimos echados de nuestro país, y nosotros nos vinimos para acá por violencia, por muchas cosas malas…"

Para evitar esta situación, Chela pensó que cuando llevaran proyectos a Villa Paraíso, en estos debía ser incluida la población venezolana, eliminando así uno de los principales obstáculos a la integración.

Así empezaron  a unirse estas mujeres. Ya antes de que llegara el JRS, habían establecido una estrecha relación de amistad y una asociación femenina, porque esta comunidad también se encuentra atendida por distintos programas de la cooperación internacional.

"Yo estaba hace poco aquí y haciendo el curso conocí a las muchachas entonces uno las ve por ahí y las saluda porque yo siempre era metida en la casa y me cohibía mucho de salir y hablar con alguien", responde Gloria cuando le preguntan cómo las han ayudado personalmente estos planes de formación.

Si bien cada una ha desarrollado su propia cultura, todas viven en la misma comunidad. Como dice Bournat: "No son las mujeres venezolanas, no son las mujeres colombianas, no son las mujeres solicitantes de refugio, son las mujeres de Villa Paraíso, ustedes tienen una identidad, ¿me comprenden? Ustedes han desarrollado un sentido de pertenencia con esta comunidad".


*Los nombres de las personas han sido cambiados por razones de seguridad.


Minerva Vitti
Incidencia y Comunicación
SJR Latinoamérica y El Caribe


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