El JRS organiza clases de inglés para refugiados iraquíes en Ammán. (Don Doll SJ/JRS)

Ammán, 23 Abril de 2012 - Es difícil decir cuántos refugiados hay en Jordania. Los cálculos varían desde los apenas 32.000 registrados por el ACNUR hasta los más de 450.000 que dice tener el gobierno. La discrepancia en estas cifras ha fomentado preguntas sobre la respuesta a las necesidades de unas personas cuya tierra ha quedado devastada por años de violencia. Contados o no, los iraquíes en Jordania permanecen en un limbo, en que apenas unos pocos, cada vez menos, son reasentados en terceros países, en que la integración en Jordania es nula, y sin perspectivas de repatriación.

Se estiman entre 105.000 y 128.000 los civiles muertos en la guerra de Iraq desde 2003 y la inestabilidad política perpetúa la falta de seguridad en muchas regiones. En cuanto al reasentamiento, entre octubre de 2008 y octubre de 2010, más de 36.000 iraquíes fueron reubicados en Estados Unidos, que recibe a más del 70% de todos los iraquíes reasentados, mientras que 9.400 lo fueron en 2011 y sólo 826 lo fueron en los últimos tres meses del año.

"Cifras, cifras… estamos hartos de ser sólo un número más," dice Laith Eskander, un iraquí que vive en Ammán. "Es duro ser un refugiado, que sólo eres parte de las gráficas o mapas del ACNUR o del gobierno estadounidense. Me duele ser sólo un número y ahora somos cifras de las que se están olvidando." La opinión de Laith muestra la realidad: el pasado año, los acontecimientos revolucionarios en Oriente Medio han desviado más que nunca la atención de Iraq.

Si bien está ayudando a los nuevos desplazados por la violencia en Siria y en otras partes, el JRS está decidido a asegurar que los refugiados iraquíes no se conviertan en números olvidados. En Ammán, un equipo visita a las familias refugiadas por toda la ciudad, acompañándolas durante los largos períodos de espera e incertidumbre. Liderados por Laith, y formado totalmente por refugiados, el equipo puede conectar con otras personas que han quedado al margen y sin acceso a los servicios ofrecidos por otras agencias.

Khalil* es un refugiado olvidado. De 31 años, trabajó como intérprete para el ejército de los EE.UU. durante cuatro años, Khalil huyó de Bagdad en 2008 tras quedar atrapado en el fuego cruzado y recibir amenazas de muerte. Él y sus padres se trasladaron a Mosul en el norte de Iraq, donde vivieron con la esperanza del reasentamiento. Tras serle negado por los canales normales, Khalil solicitó una Visa Especial de Inmigrante, que permite un proceso de reasentamiento expeditivo a los EE.UU para los iraquíes que trabajaron, al menos, un año con una empresa estadounidense o con el ejército de los EE.UU en Iraq. Cuando Khalil fue aceptado el 21 de octubre de 2010, comenzó inmediatamente los preparativos para añadir a sus familiares directos a la solicitud. El padre de Khalil regresó a Bagdad porque sus amigos le dijeron que la situación de seguridad había mejorado. Diez días después de que la solicitud de Khalil fuera aprobada, su padre, junto a otras 45 personas moría en un atentado con bomba en la iglesia de Saedat al Najah.

Tres meses después, informaron a Khalil que su solicitud de visado había sido revocada sin ninguna explicación. Khalil siguió en una aldea cerca de Mosul con su esposa, que entonces estaba embarazada de su primer hijo. "Después de la muerte de mi padre, y de que me quitarán la oportunidad de ir a los EE.UU., supe que tenía que salir de Iraq," dice. Amenazado de muerte en Mosul, el día después de recibir el pasaporte de su recién nacida, Khalil y su esposa partieron a Jordania con su hija.

Khalil ha vivido en el barrio de Hashemi Al Shamali, en el este de Ammán, durante cinco meses, sin poder trabajar y haciendo lo imposible para ganar lo necesario para comprar los pañales de su hija y otros insumos básicos. Es muy difícil para los iraquíes en Jordania conseguir un permiso de trabajo: primero deben tener un permiso de residencia, que puede costar hasta 25.000 euros, y después conseguir un trabajo en la difícil economía jordana. 

El equipo de visitas familiares está acompañando a Khalil y le han puesto en contacto con abogados voluntarios del Proyecto de Asistencia a Refugiados Iraquíes, que se encarga de los candidatos a la Visa Especial de Inmigrante. El JRS también invitó a Khalil a asistir a las clases de informática y de lengua para, así, encontrarse con otros refugiados.

Aparte de estar allí por los iraquíes como Khalil, en peligro de quedar olvidados, el equipo de visitas familiares apoya también a muchas familias sirias que necesitan ayuda urgente, la mayoría fugitivos de Homs y que, por miedo, no tienen contacto alguno con el ACNUR u otras ONG en Ammán.

Los iraquíes del equipo han estado consolando a los sirios, compartiendo la esperanza surgida de su experiencia como refugiados en Jordania. Al llegar tanto a los 'viejos' como a los 'nuevos' refugiados, el JRS Jordania seguirá identificando a los más vulnerables, caminando con ellos y dejándoles bien claro que son mucho más que números.

* no es su nombre real

Colin Gilbert, director del JRS Jordania


Este artículo fue publicado en la última edición de Servir. Clique aquí para leer más.


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