Con apoyo adecuado y ánimos, los refugiados pueden recorrer un largo camino
Nairobi, 1 de septiembre de 2010 – La educación ha sido siempre una de las principales herramientas para construir y reconstruir la vida. A través de la educación muchas naciones han podido dejar atrás la pobreza y la desigualdad y promover el desarrollo. Si bien, los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU establecen la educación primaria universal tanto para niños como para niñas para 2015, la mayoría de los niños que viven en países asolados por guerras y conflictos se quedan sin la oportunidad de acudir a la escuela.

Esto se debe, principalmente, a que durante la guerra las actividades escolares quedan interrumpidas, se desplaza a los maestros o mueren asesinados, y los niños se ven obligados a abandonar sus hogares. A menudo estos quedan separados de sus padres o huérfanos sin nadie que les cuide. Otros son secuestrados o reclutados como niños soldados o sirvientes.

Ya en el exilio, las escuelas suelen ofrecer un espacio seguro para estos niños ya que les da la oportunidad de encontrarse con sus semejantes, de aprender y de crecer con ellos. Sin embargo, no es fácil para los niños refugiados tener acceso a la educación en los países de acogida.

La educación en la cola de la lista de prioridades

En Kenya, por ejemplo, los solicitantes de asilo deben registrarse ante la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) para conseguir el reconocimiento oficial como refugiados y poder acceder a la educación y otros servicios sociales.

En ciudades como Nairobi, los niños refugiados no tienen derecho a acudir a las escuelas públicas hasta que no hay una determinación de sus solicitudes de asilo, algo que puede demorarse hasta nueve meses. Antes de pensar en la educación de los niños, los padres o tutores tienden a concentrarse en el estatuto de refugiado para poder conseguir alimentos y una vivienda. Incluso después de ser reconocidos como refugiados, las familias de recursos muy limitados priorizan la vivienda, la alimentación, la atención médica y la protección.

Además, los niños refugiados en las áreas urbanas se enfrentan a menudo a grandes obstáculos para que les admitan en las sobrecargadas y mal equipadas escuelas públicas. Aún cuando los padres puedan pagar la educación, muchos niños están matriculados en clases donde los compañeros son mucho más jóvenes que ellos. Esto hace aún más difícil el largo y complejo proceso de integración.

Jean-Paul, de Burundi, cuyos padres huyeron a Kenya en 1994, sólo pudo matricularse en preescolar en 2000, cuando ya tenía ocho años. “Me sentí feliz de ir a la escuela pero me sentía desgraciado porque, a diferencia de los otros niños, yo no tenía uniforme y a veces iba a clase hambriento”, recuerda. A pesar de estos problemas, Jean-Paul ha completado su escuela primaria y recientemente comenzó la secundaria.

En comparación con niños como Jean-Paul, cuya familia buscó asilo en una ciudad, los niños que viven en campamentos de refugiados tienen ligeramente mejores oportunidades ya que suelen tener acceso gratuito a la educación preescolar y primaria brindada por las agencias humanitarias.

Los niños son los futures embajadores de la paz

En Nairobi, el JRS ha sido un instrumento para ayudar a los niños refugiados urbanos a acceder a una educación de calidad. Si bien el JRS ofreció becas para estudios superiores, el programa ha cambiado recientemente su enfoque para responder también a las necesidades no cubiertas de los niños refugiados a todos los niveles.

Por ejemplo, los estudiantes en Kenya que no han completado el nivel previo a la primaria no pueden ir a la escuela primaria. Por ello, el JRS comenzó ofreciendo becas y otros apoyos a los niños en preescolar, cuyo coste anual, más de 225 euros, es, por otra parte, prohibitivo para los refugiados que no tienen derecho a trabajar en el mercado laboral formal.

Mediante la provisión de becas, la organización ha permitido que los refugiados puedan acceder a diferentes niveles de educación, que van desde la pre-primaria a los estudios superiores. En 2009, el JRS apoyó a 100 estudiantes. Junto al pago de las cuotas escolares, la ayuda prevé también algo de dinero para subsistir, el suministro de uniformes, y materiales escolares.

Aparte de ofrecer a los niños una oportunidad de salir de la pobreza, el JRS ve la educación de calidad como un elemento importante en la promoción de la paz y de la estabilidad. Los niños, víctimas del conflicto y de la guerra pero que hoy tienen acceso a la educación, mañana van a ser los embajadores de la paz ya sea si continúan en el exilio, regresan a su país de origen o son reasentados en un tercer país.

Los nombres utilizados de las personas mencionadas en este artículo son ficticios.

Virginia Mumo, Coordinadora del Programa de Becas en Nairobi, JRS Kenya

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