Dieudonné se apuntó inmediatamente para participar en el programa de servicios pastorales del JRS, que trata de dar la bienvenida y acompañar a los refugiados que se encuentran en las condiciones más vulnerables, y de promover la solidaridad entre los refugiados en el campamento.
El equipo de servicios pastorales está formado por diez catequistas: seis hombres y cuatro mujeres, todos refugiados. Aparte de los servicios de oración y el catecismo que se ofrece a diecinueve comunidades religiosas del campamento, llevan a cabo visitas domiciliarias a los refugiados en condiciones vulnerables para escuchar sus problemas y buscar la manera de resolverlos.
Cada viernes por la mañana un grupo de catequistas, el equipo móvil de refugiados, se reúne para examinar y discutir las necesidades más urgentes que surgen de sus actividades pastorales de base con la comunidad. Después se dividen en grupos y van al campamento para encontrarse con una familia o una persona en particular.
Furama y Ngendahayo. Furama tiene 15 años y vive sola con su hermano menor de 13, Ngendahayo. Los dos quedaron huérfanos hace mucho tiempo, al morir repentinamente su madre. Cuando el equipo móvil del JRS visitó a los hermanos se vio que Furama no podía conseguir los suficientes alimentos para ella y para su hermano. Además, ninguno iba a la escuela; Furama porque se pasaba el día buscando comida, Ngendahayo porque tenía problemas en sus piernas y no podía caminar hasta el colegio, demasiado lejos de su humilde hogar.
Furama y Ngendahayo se encerraban en casa; estaban siempre en silencio y no tenían amigos. No buscaron la ayuda del equipo móvil del JRS, cuya existencia desconocían. Unos vecinos que se dieron cuenta de cómo estaban viviendo los niños, tras seguir una campaña de sensibilización organizado por los catequistas del JRS, se sintieron responsables de su cuidado.
Ambos hermanos se sintieron aliviados al contar su historia a los catequistas, quienes, desde entonces les han estado visitando. Furama ha aprendido a racionar mejor la comida que recibe del Programa Mundial de Alimentos y a evitar quedarse sin estos a los pocos días.
De esta manera, se ha dado cuenta de que puede ir a la escuela por la mañana en vez de estar buscando comida. Los catequistas están muy atareados tratando de encontrar soluciones para Ngendahayo y ya han pedido a las autoridades del campamento una casa más cercana a la escuela que le permita continuar con sus estudios.
Promoviendo la solidaridad entre los refugiados, cuidando a los vecinos. "La base de nuestro servicio es sensibilizar a la comunidad de lo que hacemos sobre el terreno. Gracias a esto, la gente entiende que creer en Dios, por encima de todo, significa cuidarte de tu vecino. Ahora son ellos quienes nos informan de casos de personas mayores, de huérfanos, o de aquellos que tienen problemas médicos que necesitan asistencia, como en el caso de Furama y Ngendahayo", dice Dieudonné Niyileiyi.
Las intervenciones llevadas a cabo por el equipo móvil incluyen el acompañamiento de los enfermos al hospital, y el trabajo manual, como la restauración de casas o la construcción de cocinas externas, especialmente para gente mayor que, por si misma, no puede hacer este tipo de trabajos.
"Además, como parte de nuestras actividades de sensibilización en la iglesia, organizamos colectas para los más necesitados. Todos en la comunidad aportan un poco de sus raciones mensuales de comida mensuales, que se vende en el mercado y con lo ganado se compra comida, ropa y jabón que se distribuye. Es la manera que tenemos de ayudar a otros y de hacer prevalecer un sentimiento de solidaridad y hospitalidad entre la comunidad refugiada, aun cuando las condiciones de vida son difíciles para todos", añade Dieudonné Niyileiyi.
Danilo Giannese, responsable de comunicación y advocacy del JRS Grades Lagos de África
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