Tres jóvenes sudaneses en una reunión social para los participantes de las clases nocturnas de idiomas. El evento es una oportunidad para que las familias sudanesas, y los particulares, se relajen y socialicen en un entorno seguro, Ammán, Jordania (Zerene Haddad/ JRS)
Ammán, junio 2012 – Ocultos entre la multitud de la población de la capital de Jordania, Ammán, los sudaneses se enfrentan cada día a la discriminación.

"Es normal que te llamen 'Chocolate', 'Abu Samra' u otros nombres racistas cuando caminas por la calle. No me importa que me lo digan a mi, pero me irrita cuando lo sufren mis hijos", dice, Imán, una mujer sudanesa.

Imán se encontró una vez a su hijo cubriendo sus brazos con harina. Cuando le preguntó qué estaba haciendo, él le respondió: "Ahora soy blanco."

Cuando el sudanés ya ha recibido el estatuto de refugiado del ACNUR ya puede optar a todos sus servicios relacionados con la protección y la asistencia. De estos, el acceso a las escuelas públicas es uno de los más importantes. Sin embargo, muchos niños sudaneses siguen padeciendo el racismo por parte de maestros y compañeros de clase.

"Mis hijos llegan muchos días a casa  llorando. Algunos de sus maestros les llaman 'Negrito'." Tras realizar una investigación con sudaneses de ambos sexos, beneficiarios de los servicios del JRS en Ammán, quedó patente que, como minoría refugiada y grupo étnico, sus vidas diarias están cargadas de miedo y discriminación.

Incluyendo a los sudaneses. Desde septiembre de 2011, el JRS ha estado en contacto con los sudaneses, y algunos somalíes, cada vez más vulnerables, y que son una población refugiada casi olvidada en Jordania.

Ampliar las actividades del JRS para incluir a los sudaneses y a los somalíes ha sido un proceso que ha requerido mucha creatividad, compromiso y aceptación por parte del personal del JRS, los voluntarios y la comunidad refugiada iraquí ya más establecida.

A pesar de los desafíos logísticos y culturales, Colin Gilbert, director del JRS Jordania está animado con el servicio a los sudaneses.

"Tras reconocer el olvido de los refugiados sudaneses en Jordania, vimos claramente cuáles eran las brechas y discernimos la urgente necesidad de que alguien abriera sus puertas y les diera la bienvenida; una elección que ha tenido impactos positivos en nuestro personal y en toda la comunidad refugiada con la que trabajamos," dice con entusiasmo.

Responder a las necesidades de los refugiados. La principal necesidad expresada por los sudaneses fue la de las clases de inglés. En respuesta, el JRS organizó clases vespertinas impartidas por voluntarios. En la actualidad, cerca de 120 refugiados sudaneses – y algunos somalíes – acuden a las clases dos veces por semana.

Se ha hecho un esfuerzo conjunto para llegar a las mujeres sudanesas, que a menudo son analfabetas tanto en inglés como en árabe. Animar a las mujeres a ir, significa que los niños también participan, lo que les permite implicarse en actividades educativas en un entorno seguro y amigable.

"Ver como estas mujeres progresan y pasan de no reconocer una palabra o una letra a poder escribir palabras simples y frases es algo que te llega a lo más profundo", dice una voluntaria que enseña en las clases de alfabetización.

En las clases nocturnas hay un 80% de sudaneses, un 8% de somalíes y el resto son iraquíes y sirios.

Con la intensificación de la violencia en Sudán, cada vez son más los sudaneses que buscan asilo en los países vecinos. La agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) estima que decenas de miles de civiles han sido desplazados desde junio de 2011. Aquí, en Jordania, el ACNUR ha registrado 746 solicitantes de asilo y refugiados que ya se benefician de sus servicios.

Una vez inscritos ante el ACNUR, reciben documentos que les protegen de ser deportados o de tener problemas con la policía local. Sin embargo, no siempre es así.

Mohammedin, un prominente y antiguo miembro de la comunidad sudanesa en Jordania, suele recibir llamadas cuando alguien ha sido arrestado. Entonces tiene que mediar en su nombre con la policía.

"La policía no siempre entiende los derechos de quienes tienen la documentación de la ONU, sólo la discriminación contra los sudaneses", dice un miembro del personal del JRS.

Una población olvidada. Muchos sudaneses se lamentan de haber sido excluidos de los servicios que llegan a los iraquíes, y más recientemente, a los sirios. Por desgracia, los donantes han destinado ciertos fondos a poblaciones refugiadas específicas.

"Dada la atención de los medios de comunicación y la importancia de Oriente Medio, mucho dinero de los donantes va a los iraquíes. La guerra en Sudán ha caído en el olvido, sin embargo, los sudaneses siguen llegando a Jordania", dice Jen Compton, una voluntaria que lideró el programa de clases nocturnas del JRS.

"Si bien esto no significa que sean racistas, se siente como cierta forma de discriminación contra nosotros", dice Yusuf, un joven sudanés que trabaja doce horas al día y que luego asiste a las clases nocturnas del JRS.

Además, al no ser signataria de la Convención de la ONU de 1951 para los Refugiados, los solicitantes de asilo que entran en Jordania son recibidos como invitados, pero sin acceso legal al mercado laboral. En el caso de los sudaneses, el ACNUR les acepta como solicitantes de asilo y se les recomienda para el reasentamiento a un tercer país si se considera que necesitan protección internacional. Pero ante la necesidad de ganarse la vida, muchos refugiados encuentran trabajos manuales diarios.

"No es la situación ideal. Trabajamos duro todo el día, nos tratan mal y a menudo tenemos que pelear por nuestro dinero al final de la jornada porque no quieren pagarnos", dice Yusuf.

Con dos millones de palestinos en el país y cientos de miles de iraquíes y sirios, no parece que la situación vaya a cambiar a corto plazo. Los equipos del JRS intentan encontrar la manera de ayudar a los refugiados sudaneses a enfrentarse psicológicamente con la discriminación y a promover unas mejores relaciones con la comunidad de acogida. Por el momento, la única salida duradera y digna es el reasentamiento en los Estados Unidos o en Europa Occidental. Por desgracia, estas oportunidades son escasas.

Zerene Haddad, responsable de comunicación del JRS Oriente Medio


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