En el proyecto de huertas comunitarias del JRS en el campamento de Kiziba, Ruanda, los refugiados trabajan voluntariamente para ofrecer alimentos nutritivos de forma gratuita a sus vecinos que se encuentran en circunstancias más vulnerables (Danilo Giannese/JRS)
Kibuye, 27 de junio de 2012 – A pesar de las numerosas dificultades y desafíos diarios de vivir en un campamento de refugiados, un grupo de refugiados en Ruanda decidió dedicar su tiempo libre a actividades de voluntariado para ayudar a los más necesitados.

En el campamento de Kiziba, en el oeste de Ruanda, este grupo se dedica al cultivo de hortalizas y verduras - que luego son donadas a los que se encuentran en circunstancias más vulnerables -, en dos huertos comunitarios establecidos por el Servicio Jesuita a Refugiados.

Alphonese Nsabimana, de 41 años de edad, ha vivido en Kiziba desde 1996, tras verse obligado a huir de la guerra en la República Democrática del Congo. Cada sábado por la mañana, sale de su casa temprano para ir a los huertos del JRS. Azada en mano, el sudor corriendo por su frente, se pasa las horas cuidando sus zanahorias, lechugas y espinacas. Sabe que el fruto de su trabajo se destinará a mejorar la vida de los refugiados ancianos que viven solos en el campamento y en condiciones precarias.

"Cuando descubrí esta iniciativa del JRS para dar algo más que comer a los refugiados ancianos, me dije a mí mismo: ¿por qué esperar dejar que siempre sean las organizaciones no gubernamentales las que ayuden? ¿Por qué no poner de mi parte para ayudar a los refugiados que están peor que yo?" dijo Alphonese.

Poner primero a los demás. Alphonese vive con su esposa y sus cuatro hijos, el menor de los cuales tiene sólo tres años. Alimentar a su propia familia es el reto más difícil, ya que las raciones mensuales de comida distribuidas por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU, no siempre son suficientes. Alphonese suele buscar trabajos para ganar algo de dinero y comprar patatas, tomates y otros alimentos que no distribuye el PMA.

"A pesar de todas las dificultades, de alguna manera me las arreglo para poner comida sobre la mesa para mis hijos. Pero me pregunto cómo harán los refugiados ancianos; cómo pueden sobrevivir por si mismos. Cada vez que recojo verduras y se las doy, sólo con ver el aprecio y el agradecimiento en sus caras se me llena el corazón de alegría. Dentro de mí siento que estoy haciendo algo que mejora las vidas de estas personas", añade Alphonese.

Venantie Nyiramwingo es una mujer de 70 años de edad que recibe los alimentos de la huerta comunitaria del JRS. Con una bolsa de espinacas del JRS, está feliz porque sabe que tendrá algo nutritivo para comer, que de otro modo no sería capaz de pagar.

"El maíz distribuido por el Programa Mundial de Alimentos no es comestible, es demasiado duro para mí. Si no recibiera esta ayuda, no sé lo que haría para tener vegetales o verduras. Estoy muy feliz de saber que hay otros refugiados como yo que están ocupados tratando de ayudar a los más necesitados, eso me hace sentir menos sola", explica Venantie.

Las huertas comunitarias en su contexto. Los huertos comunitarios del campamento de Kiziba, que alberga a unos 18.000 refugiados congoleños, forman parte de un programa más amplio de la ayuda del JRS a las personas en circunstancias más vulnerables, entre estas las personas mayores, los enfermos, los huérfanos que son cabezas de hogar y las madres solteras. En 2011, un total de 329 refugiados recibieron alimentos, ropa y otros bienes básicos.

"Por un lado, los huertos de la comunidad han permitido fortalecer nuestra capacidad de responder a las necesidades de las personas en las circunstancias más vulnerables y mejorar la calidad de la alimentación de personas mayores, y, por otro lado, hemos querido involucrar a los propios refugiados en el cuidado de sus vecinos y contribuyendo así al sentimiento de solidaridad y hospitalidad de la comunidad. No sólo aquí en este campamento, sino también cuando algún día regresen al Congo, a sus aldeas de origen ", dijo el director de este proyecto del JRS en Kiziba, Deogratias Kimenyi.

Gracias a las actividades de sensibilización de la comunidad y al buen ejemplo de Alfonso Nsabimana y de sus compañeros voluntarios, otros refugiados se han puesto en contacto con los responsables del proyecto para trabajar como voluntarios en los huertos.

Danilo Giannese, responsable de comunicación y advocacy del JRS Grandes Lagos de África

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