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Zerene Haddad

Nadim y su madre, Manal, miran como su hermano menor muestra su talento musical al cantar una Sura (capítulo) del Corán. Su humilde alojamiento poco tiene que ver con la casa que dejaron atrás hace 15 meses, Ammán, Jordania (Dominik Asbach)
Ammán, 2 de octubre de  2012 – "Teníamos un gran árbol en nuestro jardín, eso es lo que más añoro  de nuestra casa en Homs", cuenta, Nadim, de 13 años, mientras describe su antiguo hogar en Siria. Aunque ahora se encuentra a salvo, 15 meses después de llegar a Jordania, la familia de Nadim sigue luchando para salir adelante en medio de las dificultades del desplazamiento.

Mientras saboreábamos el té dulce preparado por la madre de Nadim, Manal, la familia nos habló sobre cómo era la situación antes de que la violencia irrumpiera en sus vidas pacíficas.

"Me encantaba estar con mis amigas tomando un refrigerio, vestidas elegantemente pasando la mañana en el jardín, mientras los niños estaban en la escuela", cuenta Manal, mostrando unas fotografías de su antigua casa, con su sala de estar, el jardín, los dormitorios y la azotea.

Al mencionar la terraza, el más joven de los cinco hijos, Omar se levantó para mostrar cómo solía jugar al fútbol en la azotea. Mirando a su alrededor, es evidente que no hay ningún sitio donde jugar a ningún tipo de deporte.

"La mía era una típica casa de arquitectura árabe de la ciudad vieja, preciosa comparada con esta. Mis amigas, mi familia, todo el mundo podía reunirse allí", cuenta orgullosa Manal.

Pero ahora señala apesadumbrada los pocos muebles de una habitación pequeña, que poco tiene que ver con esa casa que ya es un recuerdo en su memoria. Su melancolía por lo que ha dejado atrás se puede palpar, se percibe en la habitación. La familia ahora vive de alquiler en un apartamento de dos habitaciones en un barrio popular de Ammán.

El camino a su casa es un callejón estrecho, con basura en el suelo y charcos de agua estancada. Al final del callejón, una lámina de plástico oculta una puerta detrás de la cual Manal nos esperaba para darnos la bienvenida. A pesar de las precarias condiciones de vida, Manal y sus hijos transmiten una energía positiva, se les ve felices de recibirnos en su hogar.

"Mi esposo no está aquí porque hoy comenzó a trabajar, gracias a Dios", dice entusiasmada Manal.

Propietario de una fábrica en Homs, su marido ha tenido problemas para encontrar cualquier empleo en Ammán. Ahora trabaja de ayudante pastelero en un restaurante.

“Es mejor que nada".

Dejar Siria. En 2011, la llegada de refugiados era relativamente baja, en comparación con la enorme afluencia del año 2012. Le preguntamos a Manal por qué decidieron salir de Siria hace más de un año.

Cuenta que, en medio de los combates, cerca de su casa en Homs, un día fue a la escuela a recoger a los niños, pero Nadim no estaba allí. Había sido secuestrado. Lo encerraron en una habitación, pero por suerte Nadim logró escapar a través de una pequeña ventana y volver a su hogar.

"Fueron las peores y más largas horas de mi vida... no sabía dónde estaba".

Sin hablar durante muchos días, Nadim fue incapaz de explicar exactamente lo que había sucedido y la familia nunca pudo saber ni la identidad de los autores ni el motivo.

"Al día siguiente había un cadáver en el patio de la escuela, esa fue la gota que coló el vaso. Hicimos las maletas y dos días después nos fuimos. Llegamos en una camioneta directamente a Ammán".

En cuanto a Nadim ahora, es difícil imaginarle en silencio y traumatizado. Juega - se pelea - con su hermano menor mientras hablamos de la escuela, de su vida en Homs y de sus pasatiempos favoritos, especialmente el karate.

Sin embargo, cuando le preguntamos si él o sus hermanos han hecho amigos en la escuela, la respuesta es un rotundo "no".

"Jugamos en una esquina del patio durante el recreo, mientras todos los jordanos juegan juntos. En la escuela, somos cinco de Siria, y entre nosotros hablamos. Ellos no nos quieren", dice.

La escolarización de los sirios. Esa no era la primera vez que había oído hablar de esto. Aunque los niños sirios pueden matricularse de forma gratuita en las escuelas públicas de Jordania, el ambiente dentro de las escuelas no siempre es el idóneo. Las historias de las familias sirias en contacto con el personal del JRS son diversas. Algunos niños se quejan de la discriminación, mientras que otros parece que se han adaptado a Jordania y han hecho amigos. Con escasos recursos y una demanda creciente, las tensiones entre las comunidades son inevitables.

"El Ministerio de Educación estableció una política que permitía el acceso de todos los sirios a la escuela. Sin embargo, la realidad sobre el terreno es que muchos directores están enviando a los alumnos sirios lejos porque simplemente no tienen espacio, o porque la política es confusa. En términos de educación, Jordania necesita urgentemente que la apoyen con recursos y capacidades", dice el director del JRS en Jordania, Colin Gilbert.

Un último deseo. Antes de irnos, preguntamos a Manal que era lo que más deseaba. Su respuesta fue simple.

"Volver a Siria, a Homs, a mi casa".

Pero ella es realista sobre la situación.

"Añoro mucho a Siria, pero sé que es mejor para los niños que nos quedemos aquí en Jordania. No hay bombas, no hay combates ni secuestros. Están bien pueden ir a la escuela, que es lo más importante para ellos en este momento".

Que estos niños crezcan y logren su máximo potencial depende, entre otras cosas, de los servicios de educación que tengan a su disposición ellos y sus familias. Si bien el JRS ya está llevando a cabo una valoración de necesidades con el fin de ampliar sus servicios, que incluyen una guardería y clases de recuperación, la realidad es que aún queda mucho por hacer. Las organizaciones y las autoridades jordanas necesitan más recursos, a pesar de ello, Nadim es uno de los afortunados.

Zerene Haddad, responsable de comunicación del JRS en Oriente Medio y África del Norte

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