Los refugiados reciben apoyo en el campamento de refugiados de Melkadida en la frontera entre Etiopía y Somalia en 2011, Dollo Ado, Etiopía (Angelika Mendes / JRS)
Dollo Ado, 11 de octubre de 2012 – El calor aumentaba a medida que íbamos adentrándonos en el sudeste de la frontera entre Etiopía y Somalia. Nuestras tiendas eran insoportablemente calurosas durante el día, y cuando llovía, se inundaban. Esta era la cruda realidad contada por un miembro de equipo del Servicio Jesuita a Refugiados en el campamento de Melkadida cuando se puso en marcha el primer proyecto en Dollo Ado en noviembre de 2011.

Hace un año, Dollo Ado aparecía en las primeras páginas de los periódicos y encabezaba las noticias de los canales de televisión más importantes. La sequía que asolaba el Cuerno de África golpeó con extrema dureza Somalia, provocando la salida de refugiados somalíes, especialmente hacia Kenia y Etiopía.

Esta crisis acaparó la atención de millones de personas en todo el mundo y los organismos humanitarios comenzaron a llegar a trabajar en los campamentos de refugiados situados en el triángulo fronterizo de Somalia, Kenia y Etiopía.

A principios de octubre de 2011, me dirigí a Dollo Ado para ayudar a poner en marcha el nuevo proyecto del JRS. Después de tres días de viaje por carretera desde Addis Abeba, llegué a la remota ciudad de Dollo Ado, a pocos kilómetros de la frontera con Somalia.

El largo viaje fue toda una aventura a través de ásperas y polvorientas rutas a través de la montaña en unas condiciones meteorológicas extremas. A medida que nos acercábamos a las zonas afectadas por la sequía, era desgarrador ver los cadáveres de animales a ambos lados de la carretera, abandonados por sus dueños cuando buscaban refugio en otra parte.

Sorprendentemente, poco después de mi llegada, los cielos se llenaron de nubes y empezó a llover, librando a los animales de una muerte agónica. Fue como una bienvenida a nuestro nuevo proyecto.

Un viaje de un año. El impacto del programa del JRS para los jóvenes se sintió de inmediato. Los jóvenes refugiados, que apenas tenían nada con que ocupar sus días, se involucraron rápidamente en las ligas de fútbol y voleibol. Las actividades y los partidos de fútbol del JRS se convirtieron rápidamente en parte de su día a día, y nuestro equipo sintió una sensación real de acompañamiento.

Poco después, el programa psicosocial comenzó a apoyar a las familias traumatizadas por las experiencia de la guerra civil y del exilio forzado. Luego, el JRS puso en marcha clases de alfabetización para adultos para fomentar tanto la confianza como las habilidades de muchos refugiados a quienes años de guerra les impidieron ejercer su derecho a la educación.
Trabajar sin un refugio permanente que nos guareciera de los fuertes vientos,  las temperaturas extremas y frecuentes tormentas de polvo suponía un desafío constante.

El recién finalizado complejo del JRS, equipado con agua corriente y antena parabólica,  no sólo ha ayudado reducir estos problemas, sino que ha permitido que el equipo funcione más eficientemente.

La puesta en funcionamiento de instalaciones de ocio, un centro de formación y una escuela de primaria ya está marcando la diferencia en las vidas de los refugiados. El estado de ánimo de estos ha ido mejorado a medida que se llegan al centro del JRS, deseosos de hacer uso de los nuevos equipamientos.

Ha sido un tiempo corto, pero nuestras experiencias y logros han demostrado ser valiosas. De cara al segundo año, estamos planeando aumentar el acompañamiento, el servicio y la defensa de los refugiados de Melkadida.

Melkadida es uno de los cinco campamentos de Dollo Ado, en la frontera de Somalia. De los 41.000 refugiados que residen allí, el JRS habrá apoyado a más de 12.500 hasta finales de este año.

Neway Alemayhu, responsable de programas del JRS Etiopía

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