Las niñas quieren ir a la escuela, pero pesa el escenario de pesadilla del retorno de los talibanes. (Peter Balleis SJ/JRS)
Bamiyán, 27 de diciembre de 2012 – En 2001, el mundo vio impotente como los talibanes destruían dos enormes esculturas de Buda, talladas hace 1.500 años en las paredes de los acantilados frente a Bamiyán. Hoy, las montañas silentes todavía muestran las heridas de esta pequeña provincial aislada en el centro de Afganistán. Lo que destruyeron era más que unos preciosos vestigios culturales. Las estatuas de un Buda masculine y otro femenino representaban a todos los hombres y mujeres de Bamiyán, abandonados, marginados, aún hoy, en su dolor.

El bello y verde valle de Bamiyán es el hogar de los hazaras, el minoritario grupo chií, frente a la abrumadora mayoría suní de Afganistán. Los hazaras han sufrido terriblemente bajo el régimen talibán. Muchos huyeron a la vecina Irán, donde pasaron años como refugiados. Su sufrimiento hizo que se dieran cuenta de que la educación es la única manera de luchar contra la injusticia. Su deseo de saber es tan intenso que hace salir lo mejor de mí.

Las necesidades de Bamiyán son muchas y diversas. Pero sabiendo que la educación es una clave importante para el desarrollo, el JRS ha invertido en este campo. Se me pidió que gestionara el programa Access de inglés en cuatro escuelas, en el centro de formación del profesorado y en la universidad. Jerónimo Sequeira SJ, director del JRS en Bamiyán, tuvo que ir a la India a su Tercera Probación (la fase final de la formación jesuita), y yo estaba algo preocupado por estar solo durante tres meses. Pero aquello fue una bendición. El mayor reto fue la barrera cultural, pero esos meses me permitieron conocer a la gente y su cultura más de cerca.

Al interactuar con los estudiantes pude ver la realidad desde su punto de vista. Los jóvenes de Bamiyán realmente quieren estudiar y progresar en la vida. Su ávido interés en clase lo dejaba claro. Están cansados de la guerra, y cuando se les pregunta sobre el futuro de Afganistán, sus ojos reflejan preocupación. Durante el tiempo de los talibanes a las niñas no se les permitía ir a la escuela, ni tenían la oportunidad de aprender. Una de nuestras estudiantes expresaba ese miedo callado: "Si los talibanes vuelven, será muy difícil para nosotras salir de casa libremente e ir a la escuela o la universidad. Siempre habrá el temor de que nos maten".

Los adultos comparten este punto de vista. Un trabajador del JRS dijo que "los talibanes nunca nos permitirán [a los hazaras] vivir en paz. Nos buscarán para matarnos. Vamos a tener que volver a huir a otro país como refugiados, como ya hicimos antes". Otro miembro del personal, Dawlat Bhaktiyari, dice que se irá del país voluntariamente. "Me gustaría ir a otro lugar donde pueda seguir estudios superiores y obtener un buen trabajo". Muchas mentes brillantes jóvenes sienten lo mismo, que no hay lugar para ellos en Afganistán, no hay lugar para la libertad de expresión.

Por ahora, Bamiyán es relativamente seguro, aunque sus alrededores y sus rutas de acceso siguen siendo volátiles y peligrosas. Muchos ven Bamiyán como un faro de esperanza para el país. Aunque hay un largo camino por recorrer, ¿se puede cambiar Bamiyán? Mi respuesta es sí: el cambio es posible. Pero la gente de Bamiyán necesita nuestro apoyo, ahora más que nunca. Si nos vamos en este critic momento, solo podremos culparnos a nosotros mismos. 

En cuanto a mí, me siento con más confianza y más fuerza interior que nunca. Esto no habría sido posible sin la fe en Dios, que me ha enviado en esta misión, y a mi formación como jesuita. Cada noche, orando en silencio, me desafían tres preguntas de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús: ¿Qué he hecho por Cristo? ¿Qué hago porCristo? ¿Qué voy a hacer por Cristo?

Estoy agradecido a la Compañía por depositar en mi tanta confianza y por retarme a seguir adelante. Como jesuitas, estamos llamados a salir de nuestras zonas de seguridad, a dar sin pensar en el coste. Esta tierra de incertidumbresme ha enseñado mucho, y estoy eternamente agradecido a todos los que han estado conmigo en esta misión de la Compañía. Porque con su ayuda y apoyo he recibido una formación que estará siempre en mi Corazón. 

Jestin Anthony SJ es un jesuita en formación de la provincia de Gujarat en la India. Este artículo fue publicado en la última edición de Servir. Clique aquí para leer más.
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