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Un voluntario de la Familia de Voluntarios de Alepo reparte suministros a los niños en una de las cinco escuelas-refugio de Alepo de las que el JRS es responsable.
Beirut, 13 de diciembre de 2012 – A última hora del sábado, con la ciudad sumida en el estruendo de los tiroteos, Rana* sigue en su casa tratando de preparar su clase del día siguiente, una actividad que en apariencia no cuadraría con la realidad que le rodea.

"Por supuesto, la universidad sigue todavía abierta. La gente trata de vivir sus vidas con normalidad a pesar de todo. Eso es una señal positiva", dice Rana.

Si bien al informar de Alepo, en Siria, los medios de comunicación no dejan de repetir historias de guerra, muerte y destrucción, mientras bombardean al espectador con imágenes explícitas de heridos y muertos, hay otra realidad, que también merece nuestra atención: la de la gente que en Alepo – y en toda Siria – hace frente a su día a día luchando por su supervivencia.

"Es fácil bloquearse ante la violencia y todo lo negativo de la situación en Siria. Yo trato de recordar que por cada persona que hoy ha muerto, hay cientos de miles que no, que han sobrevivido a pesar de todo, y es en estas personas en las que trato de centrarme", dijo una miembro del personal del JRS.

La vida sigue. Rana, miembro del personal del JRS y profesora universitaria, ha seguido con su rutina diaria.

"Sigo dando clases de inglés a estudiantes de primero y segundo. Por supuesto que no es lo mismo: en una clase donde el año pasado se matricularon 100 estudiantes o más de todo el país, ahora sólo hay 30, e incluso menos, y principalmente de Alepo", dijo Rana.

Si bien la vida universitaria sigue adelante - aunque en una escala más pequeña - no es inmune al conflicto. Según cálculos recientes, hasta 60.000 personas desplazadas estarían alojadas en las residencias universitarias.

El año pasado, Rana, una cualificada profesora y traductora de inglés, trabajaba 12 horas por día. Desde la mañana hasta primera hora de la tarde, como traductora en una empresa del sector público, y luego desde las 15:00 a las 21:00 como profesora en la Universidad de Alepo. A pesar de que todavía sigue con ambos trabajos, su horario se ha reducido de manera significativa.

"Ya no hay trabajo. No pueden imaginarse cómo han cambiado las cosas. Y con este cambio, mis prioridades también son diferentes".

Rana sólo imparte ocho horas de clase a la semana y dedica el resto de su tiempo y energías a coordinar la distribución de suministros de emergencia para el JRS.

"A principios de año, cuando las personas desplazadas de Homs y de Idleb comenzaron a llegar a Alepo, traté de ayudarlas junto a algunos de mis amigos, pero no estábamos muy organizados. Luego, un amigo común me puso en contacto con otra persona que también estaba haciendo un trabajo similar".

A partir de este contacto, Rana llegó a conocer a otros voluntarios en Alepo que estaban trabajando para ayudar a las familias desplazadas. De este grupo espontáneo de voluntarios y de la misma voluntad de ayudar, surgió la Familia de Voluntarios de Alepo.

La Familia de Voluntarios de Alepo. Los voluntarios son personas de todos los sectores de la sociedad - hombres de negocios, profesores, diseñadores, artistas, farmacéuticos, estudiantes, laicos, religiosos, musulmanes, cristianos - y la lista podría seguir. Y lo más importante es que se compone de personas de diferentes corrientes políticas. Sin embargo, a pesar de sus divergencias, están unidos en su deseo de responder a las necesidades urgentes de las personas.

"Nos llevamos tan bien gracias a nuestras diferencias; venimos de muchos y diversos contextos socio-económicos, religiosos o culturales. Pero vivimos y trabajamos por una causa común. Esperamos ser un modelo para una nueva sociedad siria en el futuro", explicó uno de los voluntarios.

Inicios sencillos. En marzo de 2012, cuando las necesidades de las personas desplazadas en Alepo superaron la capacidad de asistencia que podían ofrecer los voluntarios, la Familia de los Voluntarios de Alepo se acercó al JRS en la ciudad en busca de apoyo. 

Entonces el JRS estaba ubicado en el antiguo convento de Deir Vartan, en Alepo, donde el personal había trabajado con refugiados iraquíes desde 2008. A partir de este primer contacto, se estableció una buena relación entre los voluntarios y el JRS.

Deir Vartan se convirtió en la base para distribuir materiales, alimentos y prendas de vestir, así como en un centro de acogida para familias desplazadas sirias. El nombre de Deir Vartan no tardó en ser muy conocido entre las familias desplazadas, y los recién llegados a la ciudad confiaban en que en Deir recibirían asistencia.

A mediados de agosto se trasladaron todas las actividades fuera del centro debido a la escalada de la violencia en el barrio y al aumento del conflicto en Alepo. A finales de septiembre el centro de Deir Vartan resultó gravemente afectado por los enfrentamientos. Hasta hoy, nadie del equipo del JRS ha podido evaluar los daños causados al edificio ni a los bienes propios, y lo que se sabe es por lo que cuentan terceras personas.

¿Qué importancia tiene un nombre? De marzo a septiembre, la reputación de Deir Vartan se había convertido en algo así como una leyenda en Alepo. Los miembros del equipo de extensión del JRS están obligados a negociar con varios grupos para acceder a las zonas de difícil acceso, donde las familias están en extrema necesidad de ayuda. En los puestos de control el nombre de "Deir Vartan" ha demostrado ser muy valioso.

Un miembro del equipo de captación explica que pueden "entrar en la mayoría de las áreas utilizando el nombre de Deir Vartan, que se ha convertido en una especie de protección para nosotros ya que la gente de ambas partes lo respetan y nos respetan". 

"Una vez nos detuvieron y fuimos interrogados porque éramos un cristiano, un suní y una persona de otra ciudad en un coche. Nos separaron y se llevaron a uno de nosotros para interrogarlo, pero diez minutos más tarde sólo oíamos risas desde la "sala de interrogatorios".

"Después de escuchar que éramos de Deir Vartan, querían oír historias sobre nuestro trabajo y sobre los problemas a los que nos enfrentábamos tratando de ayudar a las familias. Algunas de nuestras historias son divertidas, así que casi sin darnos cuenta, entre broma y broma, todos pasaron un momento divertido, y al final nos dejaron pasar sin problemas".

A pesar de incidencias como éstas, la situación para el equipo del JRS en Alepo dista mucho de ser ideal, ya que a menudo se encuentran en situaciones conflictivas al tratar de llegar hasta las familias que se encuentran atrapadas en "puntos calientes". No es raro que en un día normal nos tropecemos con un francotirador mientras transportamos cestas de alimentos.

Al preguntarle sobre si el nivel de riesgo podía suponer un obstáculo para su trabajo, un voluntario respondió sin vacilar: "mi meta es perfectamente clara. Nunca me he sentido más vivo que ahora al hacer lo que hago".

Zerene Haddad, responsable de comunicación del JRS Oriente Medio y Norte de África

*No es su nombre real

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