A las sobrevivientes de la violencia sexual les es difícil contar su terrible experiencia, por el stigma y la vergüenza a que se enfrentan dentro de su propia comunidad. (Angela Hellmuth/JRS)
Nairobi, 28 de diciembre de 2012 – Mary* lloraba amargamente cuando explicaba al trabajador social del JRS las multiples violaciones que había sufrido a manos del marido de su patrona y de sus dos hijos. "Sacrifiqué mi orgullo para mantener mi empleo de sirvienta, porque era lo único que encontré en Nairobi. Desde que hui de la persecución y tras el asesinato de mi marido en Etiopía, en 2010, tenía que encontrar un medio para sobrevivir. Estaba desesperada, porque sin trabajo, mis dos hijas y yo no tendríamos ni comida ni techo".

Mary dijo que mientras su jefa estaba de viaje, el marido de esta y los hijos se turnaban para abuser de ella. Lo soportó dos meses por temor a perder su única fuente de ingresos. Cuando finalmente se armó de valor y lo denunció a la patrona, fue despedida acusada de haber seducido a los hombres."¡Me sentí impotente, despreciable! No podía creer las acusaciones, y menos de una mujer como yo". Lo único que pidió Mary al JRS fue alguien que la escuchara para ayudarla a aliviar el dolor y a mantener intacta su dignidad. 

Como otras refugiadas que viven en áreas urbanas como Nairobi, Mary es muy vulnerable al abuso sexual y a la explotación. Las dificultades para encontrar trabajo o accede a los servicios sociales le dejan pocas opciones. Como mujer sola y con hijos, Mary era especialmente vulnerable, porque no tenía un hombre que la "protegiera" de los abusadores.

Los trabajadores sociales del JRS en Nairobi han visto que muchas sobrevivientes que recurren a la policía no encuentran protección ni policial ni legal. A menudo la policía no se toma las denuncias en serio, no busca a los autores y es difícil llevarlos a juicio por falta de pruebas, de protección de los testigos o de garantías de un juicio justo.

Por otro lado, a las sobrevivientes de la violencia sexual les es difícil contar su terrible experiencia, por el stigma y la vergüenza a que se enfrentan dentro de su propia comunidad; esto se agrava cuando tienen hijos fruto de una violación. Para llenar este vacío, el JRS en Nairobi ha estado educando a las mujeres refugiadas – junto con la Iglesia y otras agencias - sobre la VSG y cómo sus víctimas pueden obtener ayuda. Gracias a ello, cada vez hay más mujeres que denuncian. Los trabajadores sociales del JRS ayudan a las refugiadas a accede a los servicios de salud, apoyo psicosocial, asistencia juridical y otras formas de asistencia social, y a encontrar alojamientos alternativos lejos de zonas inseguras o de trabajos peligrosos.

El JRS ha sido testigo de primera mano de que la VSG no se limita a las mujeres. Nuestros trabajadores sociales han conocido a hombres refugiados y niños que fueron abusados sexualmente, especialmente en su país de origen, muchos de la República Democrática del Congo. Desde hace más de tres años, Patrick* vivía con lo que describió como "vergüenza indecible" tras ser sodomizado por elementos de las fuerzas rebeldes de Kivu Norte, en el este de la RDC. Ahora recibe apoyo de varias agencias.

El JRS forma parte de un grupo de trabajo sobre la VSG que afecta a los refugiados en Nairobi. Los mecanismos para garantizar la confianza y la confidencialidad son cruciales entre el usuario y el trabajador social y entre los diferentes organismos que trabajan en los mismos casos. Estamos comprometidos en defender la dignidad de los sobrevivientes de la VSG y revertir los efectos discriminatorios que sufren, para restaurar y reforzar su autoestima.

* Los nombres han sido cambiados 

- Stella Ngumuta, responsable de advocacy del JRS África Oriental. Este artículo fue publicado en la última edición de Servir. Clique aquí para leer más.


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