Los niños refugiados que regresaron de Tanzania estudian junto con sus compañeros de clase en una iglesia local en el Lago Nyanza, al sur de Burundi (Danilo Giannese / JRS).
Bujumbura, 31 de enero de 2013 - En las últimas semanas, unos 34.000 refugiados burundeses han regresado a casa tras el cierre del campamento de Mtabila en el oeste de Tanzania. Muchos repatriados vuelven a casa después de 20 años en el exilio, mientras que para otros, nacidos y criados en Tanzania, es la primera vez que pisan Burundi.

Para los que regresan es el momento de empezar una nueva vida y de reintegrarse en sus sociedades de origen; para la población local es la oportunidad de darles la bienvenida y hacer que se sientan como en casa.

"Estoy muy contenta de haber regresado a Burundi después de tanto tiempo. Ahora tengo muchas ganas de rehacer mi vida y de contribuir al desarrollo de mi país", dice Josephine Nzokirantevye, de 67 años, viuda y madre de un hijo, que huyó ante el agravamiento de la violencia en 1997.

La guerra civil de Burundi asoló a esta pequeña nación de África central entre 1993 y 2005, causando la muerte de más de 300.000 personas.

Josephine vivió en el campamento de Mtabila durante más de quince años.

"Vivíamos en condiciones extremadamente precarias, dependiendo de las organizaciones humanitarias para todo. Estuve enferma durante mucho tiempo, de manera que ni siquiera podía ir a trabajar a los campos para ganarme la vida", recuerda.

Repatriación. Josephine volvió a Burundi el pasado diciembre, como parte de la operación de repatriación masiva de refugiados acordado por los gobiernos de Tanzania y Burundi. La operación, realizada entre el 31 de octubre y el 11 de diciembre de 2012, implicó el traslado a su país de 33.819 personas.

La operación de repatriación no fue voluntaria, dado que muchos de los refugiados hubieran preferido permanecer en Tanzania, por temor a la inseguridad y a las dificultades de reintegrarse en la sociedad de Burundi.

Sin embargo, el gobierno de Tanzania ya había decidido que el campamento de Mtabila, el último que quedaba abierto acogiendo a los refugiados de Burundi, se cerraría el 31 de diciembre. Los refugiados, por lo tanto, tuvieron que volver a casa, porque ya no había ninguna razón, según las autoridades, para proporcionarles protección internacional. Más de un millón y medio de refugiados de Burundi han regresado a casa procedentes de Tanzania desde 2002.

La agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) posteriormente realizó entrevistas individuales con los refugiados que temían regresar a su país y se identificaron 2.715 individuos aún en necesidad de protección internacional. Para los demás refugiados de Mtabila, el ACNUR comenzó una campaña de concienciación preparándoles para el regreso y organizando su traslado a Burundi.

Al llegar a Burundi, los refugiados recibieron un kit de integración: asistencia financiera, comida durante seis meses, material sanitario, una tarjeta médica temporal, etc.

Las autoridades locales son responsables de la recepción y del retorno de los refugiados a sus comunidades de origen, donde la mayoría podrá recuperar sus tierras. Sin embargo, unos 500 de estos refugiados no lo han podido hacer. En muchos casos, por haber nacido fuera de Burundi y no saber dónde está la tierra, que perteneció a sus padres.

Dificultades de integración. "Los vecinos me brindaron una amable bienvenida y no hay problemas ni malentendidos entre nosotros. Y si necesito un poco de agua, sé que puedo pedírsela. Lo único que me preocupa es si los retornados podrán encontrar un empleo", añadió Josefina.

Para otros retornados, volver a casa no ha sido, en absoluto, la realización de un sueño.

"Yo nací en el Congo porque mis padres huyeron de Burundi en 1972. Luego, con la guerra en la RDC, en 1996, huimos a Tanzania, donde vivimos en el campamento de Mtabila hasta hace unos días", cuenta Marcien Sindahibura, de 34 años y padre de tres hijos, que actualmente vive en uno de los centros de acogida temporal establecidos para los retornados.

"Yo nunca había estado en Burundi antes, no sé el idioma y no tengo tierra para cultivar. En Tanzania trabajaba como pescador, aquí no tengo nada. Me pregunto qué va a pasar en el futuro. Yo no conozco a nadie de aquí y no creo que nos acojan con gusto. Para mí habría sido mejor volver al Congo", se lamenta Marcien.

Mostrar su hospitalidad y un espíritu de bienvenida a los antiguos refugiados es un nuevo reto para la población y las autoridades de Burundi en los próximos meses.

Danilo Giannese, responsable de advocacy y comunicación del JRS Grandes Lagos de África 

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