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Entre dos continentes, Turquía es tanto un destino como un punto de encuentro para los refugiados de Afganistán, Irán, Iraq, Sudán y Somalia que esperan su reasentamiento o confían en llegar a Europa. (Jesuit Refugee Service)
Ankara, 4 de febrero de 2013 – Mientras la comunidad internacional pone toda su atención en el conflicto de Siria, los refugiados de otras zonas en conflicto pasan casi desapercibidos. En Turquía, el equipo del JRS está entrando en contacto con cada vez más iraquíes que han sido desplazados por partida doble: primero a Siria y ahora a Turquía u otros países. Sus historias hablan de una interminable lucha para sobrevivir en nuevos lugares y de su búsqueda de un futuro mejor.

Mohammed. Soy originario de Iraq y huí demi país de origen a los Emiratos Árabes Unidos por culpa de la guerra en 2003. Me quedé en los Emiratos durante cinco años trabajando para una empresa. Tras oír que supuestamente la situación había mejorado, regresé a Iraq.

Allí de nuevo abrí una oficina de cambio de divisas, pero poco después unos sicarios comenzaron a amenazarme si no les daba dinero. Para encontrar un poco de paz y seguridad, decidí cerrar el negocio. Pero cuando le pusieron una bomba, me di cuenta de mi situación era peor de lo que había pensado.

Hace dieciocho meses que llegué a Turquía. Una vez allí, me di cuenta de que la situación era más difícil de lo que pensaba: sentí que me maltrataban y que no prestaban suficiente atención a mi caso. Me siento solo y excluido porque no hablo turco.

En un esfuerzo por integrarme y aprender turco, fui a la oficina del JRS a inscribirme a sus cursos de idiomas. Estoy a la espera de la próxima sesión y el equipo de visitas familiares del JRS ha venido a visitarme a casa. Espero participar más actividades con ellos.

Almuthana Abdulmajeed. Soy originario de Iraq y llegué a Turquía después de buscar refugio en Siria.

En Iraq fui secuestrado dos veces por dos milicias diferentes. Por suerte, el ejército iraquí estaba estacionado cerca de la casa de mi familia y me salvaron la vida ayudándome a escapar. Después de estos incidentes, mi padre decidió que yo, a la edad de 15 años, saliera de Iraq y fuera a Siria ya que la lengua y la cultura de ambos países son similares. También escuchamos acerca de las oportunidades de trabajo en Siria.

Me quedé en Damasco, Siria, desde 2004 hasta febrero de 2012. Pero me fui porque la situación era cada vez peor para los iraquíes. Las ONG locales atienden principalmente a los sirios, y parecían olvidar que aquel ya era nuestro segundo conflicto. Cuando comenzó la crisis, las bandas armadas empezaron a exigir dinero a cambio de protección. Así que me fui de Damasco y llegué a Turquía.

Quiero vivir aquí en paz, pero hay muchas dificultades, entre ellas, la barrera del idioma y la imposibilidad de acceder al mercado laboral. Por último, todavía estoy esperando noticias sobre la solicitud de reasentamiento que hice mientras estaba en Siria. Me gustaría ir a los EE.UU. y reunirme con mi hermana que vive allí desde hace tres años.

Saad Khorsheed Sameen. Soy un iraquí que llegó a Turquía en enero de 2011. En Iraq, como todo el mundo, tenía mucho miedo y estaba siempre alerta. Me gustaba tener una vida social activa y la libertad de salir con mis amigos cuando quisiera. Por desgracia, las milicias islámicas prohibieron todo esto. Yo no podía vivir como un ser humano normal en mi propio país, por lo que decidí huir.

Primero fui a Grecia, donde permanecí durante casi dos años, pero debido a la crisis económica, me encontré con muchas dificultades: no había ningún tipo de asistencia a los refugiados y cuando solicité asilo me los negaron. El idioma era difícil de aprender, y el desempleo era alto. Cuando me enteré de la noticia de que las condiciones de vida y de seguridad en Iraq estaban mejorando, decidí regresar a casa.

Volví a Iraq, donde me encontré con las mismas dificultades que antes. Me quedé porque quería estar con mi familia. Una tarde, de regreso a casa, me encontré con la calle llena de soldados y policías. Entonces, me dijeron que mi padre y mi sobrino de tres años de edad, habían sido asesinados por las milicias.

Después de eso me empecé a sentir culpable, como si la muerte de mi padre y mi sobrino más joven fueran por mi culpa. Mi familia me dijo que los milicianos mataron a mi padre porque iban a por mí y que ahora me estaban buscando. Entonces se me empezó a hacer muy difícil sobrellevar todos estos pensamientos y sentimientos.

Me di cuenta de que ya no podía vivir en Iraq y me trasladé a Turquía. Cuando llegué, me sentí como si estuviera en Grecia: de nuevo sin trabajo y sin poder entender el idioma. El JRS fue la única ONG en Ankara que ofrecía asistencia: cupones para alimentos y ropa. Por desgracia, me trasladaron a otra ciudad y  ya no puedo acceder a estos servicios.

Todo lo que espero es vivir en paz, sin sentir que hay alguien persiguiéndome. Quiero vivir como un joven normal. Al fin y al cabo, tengo sólo 36 años.

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