Un refugiado africano se toma una taza de café en un refugio para personas sin hogar en Budapest mientras piensa en su futuro. (ACNUR / B Szandelszky)
Bruselas, 28 de febrero de 2013 – En 1999, cuando los líderes europeos se reunieron en Tampere, Finlandia, se comprometieron a crear un espacio de libertad, seguridad y justicia. La euforia inicial dio rápidamente paso a la presentación del Reglamento de Dublín, en 2003, una ley que determina la responsabilidad del Estado para evaluar las solicitudes de asilo en la UE. En este décimo aniversario de la introducción del Reglamento, vemos que éste se ha convertido en la piedra angular, más que en un elemento, del Sistema Europeo Común de Asilo.

Durante la última década, el Reglamento de Dublín ha provocado el enfado de las ONG y de los refugiados por igual. Numerosos informes han demostrado que 'el sistema de Dublín', que permite transferir a la mayoría de los solicitantes de asilo al primer país de la UE al que llegaron, entra en contradicción con la protección de los refugiados.

El informe Vidas en suspenso, recientemente publicado por el Consejo Europeo para Refugiados y Exiliados (ECRE) y Forum fugiés, revela las duras consecuencias que tienen para los solicitantes de asilo el sistema de Dublín: familias separadas, personas abandonadas en la miseria o detenidas, personas que no puedan acceder a un procedimiento de asilo.

Hemos llegado al punto en que no sólo es evidente que el sistema de Dublín no protege a los solicitantes de asilo, sino que desafía tanto al sentido común como a la lógica. No es una piedra angular de la protección, sino que más bien genera confusión y desgracias a la mayoría de los solicitantes de asilo que quedan sujetos a esta regulación.

Meta digna, aplicación indigna. La intención original del sistema de Dublín, evitar que los solicitantes de asilo queden perdidos y sin rumbo, sigue siendo una aspiración digna. Tiene que haber un sistema que garantice que los solicitantes de asilo no sean ignorados por los gobiernos. Pero, hablando sin rodeos, a efectos prácticos se les está haciendo la vida muy difícil, incluso llegando a violar sus derechos fundamentales.

A pesar de la meta digna, los solicitantes de asilo van todavía 'sin rumbo'. Contra todos los obstáculos, intentan llegar a su país de preferencia de la UE, o tratan de escapar de aquellos países en los que no se sienten protegidos. Nuestro actual proyecto de investigación sobre el Reglamento de Dublín indica que, de media, la gente hace entre tres y cuatro viajes entre países de la UE. Aparte, el sistema de Dublín lleva a la separación forzosa de los solicitantes de asilo de sus familiares en otros estados de la UE, una grave violación de sus derechos fundamentales.

Para los solicitantes de asilo, la 'protección' no es sólo un derecho legal vinculado a la Convención de 1951 de Naciones Unidas, sino también el derecho a la unidad familiar y al acceso a unos servicios fundamentales básicos adecuados. Los solicitantes de asilo van a donde se sienten más seguros: donde conocen el idioma o  hay personas de su nacionalidad. La seguridad está donde reside su familia, donde tienen un techo sobre sus cabezas y donde son autosuficientes. Eso es a lo que aspiran.

La mayoría de los solicitantes de asilo desconoce el único aspecto del Reglamento de Dublín capaz de mejorar sus circunstancias: los artículos 3 y 15, conocidos respectivamente como las cláusulas "humanitaria" y "soberana". Los Estados de la UE rara vez utilizan estas cláusulas, ni siquiera cuando las familias quedan separadas.

Peor aún, los estados de la UE no proporcionan información acerca de estas cláusulas a los solicitantes de asilo. Por lo tanto, estos no pueden participar plenamente en el proceso de Dublín. La aplicación de las cláusulas humanitarias y de soberanía requiere conocer las circunstancias individuales de los solicitantes de asilo, a menos que los estados se comprometan con ellos en el proceso, esta información no sirve.

¿Cambios a la vista? El informe de  ECRE / Forum Réfugiés apunta que los solicitantes de asilo, en el sistema de Dublín, son "frecuentemente tratados como personas de segunda categoría, con menos derechos". Durante años, los solicitantes de asilo han expresado sentimientos similares al JRS, de sentirse como 'cajas de bananos' que se pasan de un país de la UE a otro, con poca o ninguna atención a sus aspiraciones personales. Se han convertido en objetos. Lo más alarmante es esta confusión y los contratiempos generados sin motivo aparente. Los sistemas de asilo de la UE no han mejorado; y en cualquier otro sector, una política pobre ya habría sido desechada.

Un dato para el optimismo es que el Parlamento y el Consejo de la UE planean reformar el Reglamento de Dublín, que contendrá una nueva disposición sobre el 'derecho a la información', que obligaría a los estados de la UE a informar mejor a los solicitantes de asilo, así como a mejorar el acceso al amparo y así tener la oportunidad de detener una expulsión mientras haya una apelación en curso.

Pero el JRS teme que los estados de la UE sigan deteniendo a los solicitantes de asilo, aunque sólo sea en circunstancias claramente definidas. Es importante destacar que los Estados sólo podrán utilizar la detención cuando ‘otras medidas menos coercitivas’ no funcionen. Esto significa que la detención no puede ser una respuesta automática a los solicitantes de asilo en el marco del reglamento de Dublín.

A pesar de estos importantes cambios, a menos que los estados de la UE mejoren sus sistemas de asilo y el sistema de Dublín aborde mejor las motivaciones y aspiraciones de los migrantes forzosos, el sistema de protección seguirá fallándoles a quienes lo necesitan.

Philip Amaral, coordinador de advocacy y comunicación del JRS Europa

Este texto es una adaptación del discurso pronunciado por Philip Amaral en una conferencia ante el Parlamento Europeo que tuvo lugar el 31 de enero de 2013, presentada por la eurodiputada Cecilia Wikström, y co-organizada por ECRE y Forum Réfugiés.

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