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Helene (izquierda) ha trabajado en el JRS durante casi un año como voluntaria. Sin ayuda de nadie, coordinó las clases nocturnas en 2012, que ahora están incorporadas en el reestructurado programa de educación informal. Helene confía que el nuevo sistema fomentará el respeto mutuo y el entendimiento entre las diferentes comunidades refugiadas presentes en la escuela del JRS en Ammán (Bradley Williams / JRS)
Ammán, 1 de marzo de 2013 - Abu Hassan ha sido el director del proyecto de educación informal durante casi cinco años. En sus primeros años, la escuela en Ashrafiyeh atendía sólo a los refugiados iraquíes. Pero a medida que Jordania ha ido acogiendo a más refugiados, la escuela del JRS se ha adaptado a la nueva situación.

La llegada de estudiantes sudaneses, somalíes y sirios a la escuela en 2012 creó muchos problemas. Por primera vez, necesitábamos clases de alfabetización, a las que muchos refugiados sudaneses no podían acudir al tener que trabajar como jornaleros ocasionales. Así que en noviembre pasado, el JRS decidió suspender las clases hasta principios de 2013 a fin de reestructurar el plan de estudios para satisfacer las necesidades de todos sus alumnos.

"El nuevo sistema es mucho mejor, administrativamente y también entre los profesores, hay más equilibrio entre las clases de la tarde y las de la noche", explicó Helene Sergeant, una voluntaria belga responsable de la coordinación de las clases nocturnas para estudiantes sudaneses y somalíes.

Antes de que la reestructuración de las clases de la tarde estuvieran bien establecidas y apoyadas por un equipo de administración, las clases vespertinas se gestionaban de forma más personalizadas. La fusión de las dos sesiones en un programa educativo coherente era un paso necesario para la prestación de servicios educativos de calidad a todas las comunidades de refugiados en Ammán.

Los estudiantes ahora pueden elegir entre los dos horarios que ofrece la escuela: uno por la tarde y otro por la noche. Esto significa que los estudiantes que tienen un empleo durante el día puedan asistir a las clases. A todos los estudiantes se les ofrecen clases de inglés e informática, las mujeres también pueden seguir cursos en habilidades para la vida, y los niños se matriculan en clases de música y de arte, actividades deportivas y jardines de infancia.

Abu Hassan muestra su extensa lista de estudiantes, en total 690 inscritos en el actual período de nueve semanas, seguida de exámenes, unas breves vacaciones de una semana, después de las cuales comienza un nuevo curso.

"El nuevo sistema es mucho mejor. Fue un cambio importante que teníamos que hacer", dice Abu Hassan.

Los profesores de la escuela son en su mayoría iraquíes, pero también hay refugiados sirios, somalíes y sudaneses, así como estadounidenses y europeos, que trabajan voluntariamente como maestros o administrativos.

"Es importante que los miembros de cada una de las comunidades a las que servimos estén involucrados en la gestión de la enseñanza o en la escuela. Ayuda a los estudiantes a sentirse representados y cómodos al acercarse al personal", agregó Helene.

Aunque no siempre es fácil satisfacer las necesidades de esas comunidades de refugiados tan diversas, la escuela no sólo fomenta el aprendizaje, sino también una cultura del respeto y del entendimiento entre las diferentes culturas, religiones y grupos étnicos.

Zerene Haddad, responsable de comunicación del JRS Oriente Medio y el Norte de África

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