Enseñar a mujeres y niñas a leer y escribir, a aprender un oficio con el que puedan ganarse la vida, implica ofrecerles un entorno protegido en el que se sientan seguras, donde puedan compartir sus problemas, socializar y adquirir una nueva comprensión de su papel en la sociedad.(Danilo Giannese/JRS)
Goma, 7 de marzo de 2013 - Para las mujeres del este de Congo, dejar la aldea o el campamento de desplazados para ir a cosechar los campos o a buscar leña con frecuencia las expone a la violencia sexual, incluida la violación, a manos de grupos rebeldes, soldados o civiles sin escrúpulos, así como a la discriminación y la marginación social cotidiana.

En los primeros seis meses de 2012, casi 2.500 mujeres y niñas fueron registradas como víctimas de violación en un hospital administrado por HEAL Africa en Goma. La ONG calcula que hasta dos tercios de las mujeres y niñas en la provincia de Kivu Norte han sido víctimas de la violencia sexual.

En el continente africano, las mujeres conforman la mitad de la población, pero representan el 80 por ciento de la economía informal y producen más del 70 por ciento de los alimentos del continente. Según la Representante Especial del Secretario General para la Violencia Sexual en los Conflictos, Zainab Hawa Bangura, proteger a las mujeres de la violencia y promover oportunidades para que sean autosuficientes es crucial para la seguridad de todo el continente.

El Servicio Jesuita a Refugiados cree que la educación es un instrumento fundamental para la protección de las mujeres contra la violencia sexual y que ésta les ayuda a ganarse el respeto y la consideración de sus comunidades. Enseñar a mujeres y niñas a leer y escribir, a aprender un oficio con el que puedan ganarse la vida, implica ofrecerles un entorno protegido en el que se sientan seguras, donde puedan compartir sus problemas, socializar y adquirir una nueva comprensión de su papel en la sociedad.


"A corto plazo, la mejor solución es ofrecer oportunidades a las mujeres, que les permitan emprender actividades dentro y en los alrededores de sus aldeas y campamentos de desplazados. Tenemos que ofrecer oportunidades para que las mujeres puedan ganarse la vida, alimentar a sus hijos y enviarlos a la escuela", explica Angélica Chayeka, directora del proyecto de educación informal del JRS en Masisi.

Un futuro mejor. En 2012, el JRS involucró a más de 600 mujeres y niñas en sus actividades de educación no formal en Masisi y Mweso, áreas de la provincia de Kivu Norte caracterizadas por una importante presencia de grupos armados y donde se da un amplio desplazamiento forzoso de la población.

Estas actividades incluyen la formación profesional en fabricación de bolsos y ropa, peluquería, y cursos de alfabetización. Además, en los centros de formación del JRS las mujeres participan en ejercicios de sensibilización sobre la violencia sexual y, si es preciso, reciben el apoyo del personal del JRS.

"Creemos que estamos ayudando a las mujeres a construir un futuro mejor y a ganarse el respeto y la consideración de su comunidad, incluidos el de los hombres. Las mujeres que saben leer, escribir y hacerse cargo de sus propias familias se convierten en ejemplos para otras. La educación puede ayudar a las mujeres con problemas derivados de la violencia sexual", agregó Chayeka.

Mariette Kahindo es una mujer desplazada de 45 años de edad que participó en los cursos del JRS en Masisi. Ella huyó de su pueblo en 2001 por la guerra, es viuda y madre de cuatro hijos.

Mariette se especializó en la producción de los bolsos que se utilizan en Masisi, sobre todo, para que los estudiantes lleven sus lápices y cuadernos. También aprendió a leer y escribir.

"Estoy muy concentrada en el trabajo que hago y eso permite que pueda hacerme cargo de mi familia, sin tener que recurrir a otras personas yendo de aquí para allá pidiendo ayuda. Con el dinero que gano he alquilado una casa, y puedo pagar las tasas escolares de mis hijos. Desde que empecé a trabajar, mis relaciones con la comunidad han mejorado", dijo Mariette.

Encontrar la confianza en sí mismas. Según el personal del JRS en Kivu Norte, la educación ofrece esperanza a las mujeres y las niñas que toman los cursos, muchas de las cuales viven en condiciones marginales en los campamentos de desplazados internos. Por otra parte, después de pasar tiempo juntas en clase, las alumnas aprenden a abrirse a los demás y a entender los problemas de los demás, creando un sentido de solidaridad mutua y dándoles fuerzas para enfrentar los desafíos diarios.

"Aquí me siento segura. Viniendo a los cursos de elaboración de bolsos y de alfabetización de 8 de la mañana a 1 del mediodía sé que estoy en un lugar seguro. Aprendo un oficio y esto ocupa mis pensamientos. Con las otras mujeres y el personal del JRS, hablamos de cómo superar los problemas cotidianos de la vida", dice Gentille Miramuhoro, de 26 años y madre de dos niños.

Para Francisca Sendegeya, directora del proyecto de educación informal del JRS en Mweso, la educación anima a las mujeres a coger la vida con sus propias manos.

"En esta parte del Congo, las mujeres se enfrentan a la marginación y la discriminación. Pero cuando entran en nuestros centros, vemos que ganan confianza en sí mismas. Se sienten involucradas en lo que están aprendiendo y en el trabajo que realizan. Esto le da un sentido diferente a sus vidas. Por ejemplo, dicen que están dispuestas a denunciar la violencia sexual y a ayudar a sus amigas que podrían ser víctimas".

Danilo Giannese, responsable de advocacy y comunicación del JRS Grandes Lagos de África

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