La formación para la vida cotidiana y los temas de género son eficaces estrategias de prevención.
Bangkok, 8 de marzo de 2013 - A lo largo de la última década, los decisores en política internacional han puesto la violencia contra las mujeres en los conflictos como una prioridad de una agenda política, que si bien ha experimentado notables avances en algunas partes del mundo, no ha ocurrido lo mismo en otras, como Birmania, donde la violación se utiliza como "arma contra quienes sólo quieren vivir en paz". Obligadas a huir a países vecinos, como Tailandia, muchas mujeres necesitan urgentemente apoyo psicosocial, protección internacional, y la oportunidad de rehacer sus vidas.

En un esfuerzo por encarar este tema de manera integral, el JRS Asia Pacífico se ha involucrado con organizaciones de la región para promover el fin de la violencia sexual y de género (VSG) en los conflictos, ofrecer oportunidades para que las mujeres en situación de vulnerabilidad dispongan de medios para la subsistencia, y proporcionar atención psicosocial a las mujeres refugiadas y niñas víctimas de esta violencia.

"La violencia sexual se utiliza en los conflictos para destruir el tejido social de una comunidad, y las consecuencias para el individuo pueden ser fatales si no se tratan adecuadamente", dice Zarah Kathleen T Alih, consejera psicosocial del Programa para Refugiados Urbanos (PRU) del JRS en Tailandia.

La atención psicosocial construye un futuro más seguro. Alih enfatiza que muchos de los refugiados urbanos a los que el JRS ayuda están superando sus traumáticas experiencias. La atención integral va más allá de ofrecer ayuda material y legal, se dirige también a la salud emocional y mental.

"Los traumas psicológicos y la falta de protección son temas acuciantes que deben ser abordados para que las sobrevivientes puedan seguir adelante con sus vidas", dice Pauline Aaron, directora del JRS en Tailandia.

El JRS en Tailandia, junto con la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) y el Centro para Refugiados en Bangkok, tiene un protocolo y un mecanismo de coordinación con otras agencias para ofrecer a las sobrevivientes de la VSG refugios de emergencia y asesoramiento postraumático.

"Las mujeres refugiadas urbanas son una de las poblaciones más vulnerables e invisibles de Bangkok. La mayoría de las veces no están en condiciones de comunicar si han sufrido abusos, porque no es algo que quieran compartir con nadie a menos que exista una estrecha relación. Ellas han desarrollado una relación de compenetración y confianza con nosotros", explica el director del proyecto urbano del JRS Tailandia, Rufino Seva.

"En los casos en que tenemos conocimientos de que ha tenido lugar un caso de violencia de género, de inmediato respondemos a las necesidades urgentes de la víctima: un lugar donde alojarse, apoyo psicosocial, mientras abogamos ante el ACNUR para acelerar su solicitud de estatuto de refugiado", continúa Seva.

Se ha demostrado que enfrentar las consecuencias de la VSG a través de servicios psicosociales es beneficioso para la rehabilitación de las mujeres refugiadas afectadas, un paso que para Alih permite construir un futuro más seguro.

La posibilidad de ganarse el propio sustento protege. Como Seva subrayó, la invisibilidad y el aislamiento de las comunidades de acogida son situaciones que comúnmente sufren los refugiados en Bangkok. Como parte del Programa de Refugiados Urbanos del JRS, el personal ayuda a las mujeres a mejorar sus habilidades mediante actividades de formación profesional: aprender idiomas y la joyería les proporcionan una fuente segura de ingresos.

"Les protege contra la explotación, ya que les ayuda a poder mantenerse por sí mismas", continúa Alih.

Las sobrevivientes de la VSG que también son solicitantes de asilo se enfrentan a todo tipo de problemas mientras esperan que se resuelvan sus solicitudes de refugio, aparte de tener que lidiar con las consecuencias traumáticas y físicas de este tipo de violencia.

"Buscar actividades para estas mujeres es terapéutico. Las acompañamos y tratamos de jugar un papel protector apoyando su bienestar mediante asistencia material, así como su salud psicológica mediante el asesoramiento y apoyándolas para que dispongan de medios de subsistencia", dice Aaron.

"La formación para la vida cotidiana y los temas de género son eficaces estrategias de prevención", sigue Alih.

Posicionarse. Otro enfoque preventivo adoptado por el JRS incluye las actividades públicas de advocacy en favor de las mujeres desplazadas que han sido víctimas de abusos antes, durante o después de su huida. Aparte de trasladar la cuestión de la violencia sexual a las autoridades y a las agencias de la ONU, el JRS ha participado en actos de sensibilización pública.

Por ejemplo, el 14 de febrero pasado, el JRS participó junto a otros muchos grupos de la sociedad civil, entre ellos la alianza filipina de base GABRIELA, en uno de los eventos mundiales organizados por One Billion Rising (Mil Millones en pie) para exigir la protección de las mujeres contra todas las formas de violencia. El evento del mes pasado reunió a grupos de las Filipinas, India, Zimbabue, Canadá y EE.UU.

"Ver como las mujeres comparten sus experiencias personales sobre cómo se enfrentaron y superaron los retos de la VSG es motivador. Nos anima a seguir luchando por la autonomía de las mujeres", dice Alih.

Sin embargo, con el fin de evitar futuros incidentes de VSG y eliminar los efectos perjudiciales que esta violencia tiene sobre las víctimas, las familias y las comunidades por igual, el debate debe involucrar a todos los sectores de la sociedad, incluidos los niños y los hombres, y animar a todos a posicionarse en contra de la violencia sexual.

Dana MacLean, responsable de comunicación del JRS Asia Pacífico 

Para obtener más información sobre la violencia sexual en los conflictos, visite la página de la coalición a la que el JRS se ha unido: Campaña para Detener la violación en la guerra

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