En Ecuador en este momento estoy tranquila, aquí vivo tranquila, en paz: acá no hay guerra, dijo refugiada colombiana, Cristina*, a pesar de las dificultades de tener que apoyar a su familia. (JRS)
Quito, 8 de marzo de 2013 – La vida de la mujer refugiada es doblemente difícil: por ser refugiada y por ser mujer. El testimonio de esta colombiana refugiada en Quito muestra las múltiples dificultades que esta madre de cuatro niños ha tenido que afrontar: por un lado, al haberse visto obligada a huir varias veces por la violencia en su país de origen y, por otro, al tener que vivir en un continuo "corre corre" por las calles de la capital ecuatoriana tratando de librarse de la vigilancia de la Policía Metropolitana, también conocida como "los municipales".

Y eso, para poder "sostener su casa" con la venta de sus artesanías. A pesar de este duro trabajo por las calles de Quito bajo el sol y la permanente vigilancia de "los municipales", que persiguen la venta ambulante, ella confiesa: "Yo amo a la vida y quiero vivir más de cien años." Por eso, nos cuenta la historia de su vida, cantando. "Lo que más me da fortaleza es ver crecer a mis hijos, ellos son mi razón para vivir…"
 
Soy Cristina, tengo 34 años y cuatro hijos que comen como trabajadores [comen mucho]. Vendo bisutería: joyas, aretes… Aquí tengo un techo, tengo a mis hijos, tengo vida y salud, no necesito nada más, pero si no hubiera pasado lo que pasó, yo viviría tranquilamente en Colombia.
 
"Cuando te acuerdes de mi échale un suspiro al viento." [Ella nos fue contando su testimonio, insertando fragmentos de la canción Cuando te acuerdes de mí del mexicano Marco Antonio Solís.]
 
Yo soy de Pereira [ciudad ubicada en la región centro-occidental de Colombia]. Antes era todo normal, muy normal. Tenía una tienda de víveres. El negocio era bueno. Mi esposo también trabajaba como contratista de obras de construcción, pero luego nos separamos. Entonces sólo tenía a mis dos primeras hijas.
 
Después de que mataran a mi hermano, empezaron los problemas. Allí nos tocó salir obligados, dispersarnos todos: éramos once hermanos, y aunque vivíamos separados, estábamos en la misma cuadra de la finca. De eso hace muchos años y yo tengo mala memoria…
 
"Yo te recuerdo también de una forma tan bonita…"
 
A mi hermano le pegaron ocho tiros la gente de la guerrilla. Él era muy envalentonado, decía que no iba a pagar nada a nadie porque las cosas eran de él. Primero, lo amenazaron y le tocó salir de la finca; pero, un día, cuando llegaba en la moto a su casa lo pelaron [mataron].

Después, nos amenazaron a todos y las fincas quedaron abandonadas. Yo coloqué una tienda en el barrio Danubio Valle. De ahí ya me sacó directamente la guerrilla porque me pidieron que les sirviera de informante; primero les dije que sí, luego que no, que no podía; entonces me dieron 24 horas para que me fuera y por eso me vine para acá la primera vez.
 
"Eres el refugio donde me gusta esconderme"
 
Pasé poco tiempo acá y regresé a Armenia [en el departamento colombiano del Quindío] porque no tenía dónde dejar a mis hijos para trabajar. Ahí puse una tienda pequeña. Ya en 2010 me tocó salir otra vez de allá porque nos amenazaron nuevamente. Conmigo vivía un sobrino al que la gente de la guerrilla disparó.
 
En enero se acercaron a mi casa a averiguar con quién vivía. Me dijeron: "si me estás mintiendo, atente a las consecuencias". Entonces, empaqué la ropa y a las 11 de la noche ya estaba en el terminal [de autobuses]. Ahí me vine para acá [Ecuador] otra vez.
 
Yo mantengo mi casa sola, me separé de mi primer esposo en 2005; nos seguíamos viendo, pero no me mantenía y eso no es ser marido. Mis dos últimos hijos son de otras parejas. No recibo nada de ellos. Esto es muy difícil porque no tengo apoyo económico. Para emprender [el negocio] de las joyas me tocó pedir dinero prestado. No es fácil trabajar de nueve de la mañana a seis de la tarde, todo el día, de domingo a domingo para poder sostener la casa. No tengo días libres, no tengo espacio, no tengo nada.
 
"Cuando el tiempo es demasiado lento pienso en ti"
 
Lo que más extraño de Colombia es sentirme libre para moverme. Vivo muy agradecida en Ecuador, pero la libertad es cuando usted se siente como en su país y se puede mover, pa’ trabajar, pa’ poder sacar sus documentos y no temer a la policía, ir a una discoteca, mandar a sus hijos con la familia, sacarlos a pasear…En Ecuador en este momento estoy tranquila, aquí vivo tranquila, en paz: acá no hay guerra.
 
Como mi último hijo es ecuatoriano, me garantizan la visa de amparo. Es bueno porque yo no me casaría sólo para tener papeles. En el futuro quisiera poder estar pendiente de mis hijos, tener un local para no estar en este corre corre de todos los días.
 
Yo quiero quedarme aquí en Ecuador. Lo que más fortaleza me da es ver crecer a mis hijos. Ellos son mi razón para vivir…
 
"Solo en ti…"
 
Yo vivo feliz, hay gente que vive aburrida; sin embargo, trato de no pensar en las deudas sino en lo que gano a diario…y mire ahí vienen otra vez los municipales, nos toca rodar pa` la otra calle...
 
* Por razones de seguridad, cambiamos el nombre de la persona.

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