Brasil: inmigrantes haitianos en la Amazonia, final de un camino y principio de una nueva vida
07 mayo 2012
Bogotá, 7 de mayo de 2012 – Más de 350 haitianos, atrapados durante tres meses en la provincia fronteriza brasileña de Tabatinga, comenzaron a llegar a Manaos, la capital de la Amazonia.
Su llegada marcó el final de su viaje de Haití a Brasil, tras pasar por Bolivia, Chile, la República Dominicana, Ecuador y Perú, entre otros países sudamericanos. La llegada a Manaos también marcó el final de una dolorosa espera de más de tres meses en el corazón de esta olvidada provincia en la Amazonia.
Entre el 14 y el 23 de abril, los haitianos viajaron en tres grupos procedentes del puerto de Tabatinga a Manaos después de que la policía federal les permitiera acceder al proceso para la determinación de su estatuto de refugiado. El documento oficial les permite la entrada legal en el país, solicitar un permiso temporal de trabajo y la posibilidad de recibir la residencia permanente en el futuro.
El 5 de abril, el ministro de justicia, José Eduardo Cardozo, anunció la decisión de la Presidenta Dilma Rousseff de permitir la entrada de 245 haitianos atrapados en Iñapari, Perú, y a otros 363 haitianos en Tabatinga; estos últimos llegaron a territorio brasileño a mediados de enero.
A pesar de la difícil situación humanitaria a la que se enfrentan los refugiados a ambos lados de la frontera, la administración brasileña se negaba a autorizar su entrada en el país. Tras una intensa campaña por parte de los alcaldes locales tanto en Brasil como en Perú, y de iglesias, ONG de derechos humanos y asociaciones de inmigrantes en todo el continente, el gobierno brasileño finalmente cedió y permitió la entrada de los haitianos al país.
La decisión ampliaba los beneficios de la resolución previa del 13 de enero de 2012 en favor de los haitianos que habían quedado atrapados en las fronteras brasileñas. Expedido por el departamento nacional brasileño de inmigración (CNIg), la resolución regularizaba el estatuto de todos los haitianos que habían entrado en el país de forma irregular antes del 12 de enero de 2012.
Llegada a Manaos. A su llegada a Manaos, dieron la bienvenida a los haitianos y el servicio pastoral para la inmigración de la Archidiócesis de Manaos elaboró un censo de los haitianos, a quienes ofreció información básica de cómo completar el proceso de regularización y cómo conseguir trabajo y alojamiento.
Dado que la inmensa mayoría de los haitianos que llegaron no tenían dónde vivir – en particular los que estaban en condiciones más vulnerables, como las mujeres embarazads y las familias con niños – fueron acogidos en iglesias y en otros centros de la ciudad. También se ofreció a los inmigrantes asistencia humanitaria, apoyo psicosocial y otros servicios.
Las organizaciones de la sociedad civil están haciendo todo lo que está en su mano con los limitados fondos con que cuentan, para albergar a los más de 4.600 haitianos que ahora viven en la ciudad de Manaos. Entre estos, la provincia jesuita de Amazonia ha abierto recientemente su oficina de servicio para los haitianos.
Se trata del Servicio Pro-Haitianos, un grupo de voluntarios que incluye a personas que hablan el creole haitiano, que les ofrece servicios de traducción para que estos puedan hacer sus gestiones ante instituciones públicas y privadas. También les ofrecen servicios de apoyo psicosocial a quienes simplemente necesitan hablar de sus problemas y experiencias en su propio idioma.
Aunque las autoridades han regularizado el estatuto migratorio de los haitianos, todavía no se ha aplicado ninguna medida encaminada a promover su integración. Al no hablar portugués, sigue el desafío de proteger a este grupo y de ofrecerles la oportunidad de vivir con dignidad.
Desde el terremoto que el 12 de enero de 2010 devastara su país, los haitianos han huido por toda Sudamérica, a países como Brasil, Chile, Ecuador, Venezuela y la Guyana francesa. La respuesta de la mayoría de países ha sido reforzar sus políticas de inmigración, endureciendo los requisitos para poder trabajar y para estudiar. Brasil y Bolivia han cerrado sus fronteras; Perú ha impuesto el visado a los haitianos que quieren entrar en su territorio; Chile y Ecuador han comenzado a deportar a sus países de origen a los inmigrantes forzosos apenas cuando llegan al aeropuerto.
En la mayoría de los casos, los movimientos de los haitianos han sido posibles por las redes de traficantes de personas. Éstas cobran entre 3.000 y 5.000 dólares, con falsas promesas de empleo, becas de estudio e incluso de viajes a Europa y Estados Unidos.
Estos flujos migratorios han aumentado ya que muchas islas del Caribe, incluidas las islas Turcos y Caicos, las Bahamas o Trinidad y Tobago, siguen deportando a los haitianos que tuvieron la suficiente fortuna de sobrevivir al viaje. Además, la situación para los haitianos en la República Dominicana ha empeorado también por las continuas deportaciones, la discriminación y otras violaciones a los derechos humanos.
En consecuencia, Sudámerica es un destino cada vez más importante para los inmigrantes forzosos haitianos.
07 mayo 2012
| 363 haitianos llegaron a Manaos; sin embargo aún queda mucho por hacer para mejorar sus condiciones de vida en la ciudad.(Servicio Pro-Haitianos) |
| Las organizaciones de la sociedad civil están haciendo todo lo que está en su mano con los limitados fondos con que cuentan, para albergar a los más de 4.600 haitianos que ahora viven en la ciudad de Manaos. |
Su llegada marcó el final de su viaje de Haití a Brasil, tras pasar por Bolivia, Chile, la República Dominicana, Ecuador y Perú, entre otros países sudamericanos. La llegada a Manaos también marcó el final de una dolorosa espera de más de tres meses en el corazón de esta olvidada provincia en la Amazonia.
Entre el 14 y el 23 de abril, los haitianos viajaron en tres grupos procedentes del puerto de Tabatinga a Manaos después de que la policía federal les permitiera acceder al proceso para la determinación de su estatuto de refugiado. El documento oficial les permite la entrada legal en el país, solicitar un permiso temporal de trabajo y la posibilidad de recibir la residencia permanente en el futuro.
El 5 de abril, el ministro de justicia, José Eduardo Cardozo, anunció la decisión de la Presidenta Dilma Rousseff de permitir la entrada de 245 haitianos atrapados en Iñapari, Perú, y a otros 363 haitianos en Tabatinga; estos últimos llegaron a territorio brasileño a mediados de enero.
A pesar de la difícil situación humanitaria a la que se enfrentan los refugiados a ambos lados de la frontera, la administración brasileña se negaba a autorizar su entrada en el país. Tras una intensa campaña por parte de los alcaldes locales tanto en Brasil como en Perú, y de iglesias, ONG de derechos humanos y asociaciones de inmigrantes en todo el continente, el gobierno brasileño finalmente cedió y permitió la entrada de los haitianos al país.
La decisión ampliaba los beneficios de la resolución previa del 13 de enero de 2012 en favor de los haitianos que habían quedado atrapados en las fronteras brasileñas. Expedido por el departamento nacional brasileño de inmigración (CNIg), la resolución regularizaba el estatuto de todos los haitianos que habían entrado en el país de forma irregular antes del 12 de enero de 2012.
Llegada a Manaos. A su llegada a Manaos, dieron la bienvenida a los haitianos y el servicio pastoral para la inmigración de la Archidiócesis de Manaos elaboró un censo de los haitianos, a quienes ofreció información básica de cómo completar el proceso de regularización y cómo conseguir trabajo y alojamiento.
Dado que la inmensa mayoría de los haitianos que llegaron no tenían dónde vivir – en particular los que estaban en condiciones más vulnerables, como las mujeres embarazads y las familias con niños – fueron acogidos en iglesias y en otros centros de la ciudad. También se ofreció a los inmigrantes asistencia humanitaria, apoyo psicosocial y otros servicios.
Las organizaciones de la sociedad civil están haciendo todo lo que está en su mano con los limitados fondos con que cuentan, para albergar a los más de 4.600 haitianos que ahora viven en la ciudad de Manaos. Entre estos, la provincia jesuita de Amazonia ha abierto recientemente su oficina de servicio para los haitianos.
Se trata del Servicio Pro-Haitianos, un grupo de voluntarios que incluye a personas que hablan el creole haitiano, que les ofrece servicios de traducción para que estos puedan hacer sus gestiones ante instituciones públicas y privadas. También les ofrecen servicios de apoyo psicosocial a quienes simplemente necesitan hablar de sus problemas y experiencias en su propio idioma.
Aunque las autoridades han regularizado el estatuto migratorio de los haitianos, todavía no se ha aplicado ninguna medida encaminada a promover su integración. Al no hablar portugués, sigue el desafío de proteger a este grupo y de ofrecerles la oportunidad de vivir con dignidad.
Desde el terremoto que el 12 de enero de 2010 devastara su país, los haitianos han huido por toda Sudamérica, a países como Brasil, Chile, Ecuador, Venezuela y la Guyana francesa. La respuesta de la mayoría de países ha sido reforzar sus políticas de inmigración, endureciendo los requisitos para poder trabajar y para estudiar. Brasil y Bolivia han cerrado sus fronteras; Perú ha impuesto el visado a los haitianos que quieren entrar en su territorio; Chile y Ecuador han comenzado a deportar a sus países de origen a los inmigrantes forzosos apenas cuando llegan al aeropuerto.
En la mayoría de los casos, los movimientos de los haitianos han sido posibles por las redes de traficantes de personas. Éstas cobran entre 3.000 y 5.000 dólares, con falsas promesas de empleo, becas de estudio e incluso de viajes a Europa y Estados Unidos.
Estos flujos migratorios han aumentado ya que muchas islas del Caribe, incluidas las islas Turcos y Caicos, las Bahamas o Trinidad y Tobago, siguen deportando a los haitianos que tuvieron la suficiente fortuna de sobrevivir al viaje. Además, la situación para los haitianos en la República Dominicana ha empeorado también por las continuas deportaciones, la discriminación y otras violaciones a los derechos humanos.
En consecuencia, Sudámerica es un destino cada vez más importante para los inmigrantes forzosos haitianos.
Wooldy Edson Louidor
Coordinador regional de Advocacy y comunicaciones para Haití
Servicio Jesuita a Refugiados América Latina y Caribe
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James Stapleton
international.communications@jrs.net
+39 06 69 868 468
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