Kenia: somos los que cuidan de nuestro hermano
25 mayo 2012

El JRS ha estado ayudando a los refugiados urbanos en Nairobi desde 1991. El Programa de Emergencia Urbana del JRS responde a las necesidades urgentes no cubiertas de los recién llegados, solicitantes de asilo y refugiados en circunstancias vulnerables a través de las parroquias de las áreas suburbiales y de bajos ingresos. Nairobi, Kenia (Peter Balleis SJ/ JRS)
He escuchado plegarias por la paz en todos los países con refugiados, plegarias por las elecciones en Kenia y plegarias por los enfermos.
Nairobi, 25 de mayo de 2012 – Siempre es posible encontrar un rayo de esperanza, incluso cuando la vida parece insoportable. Este es el mensaje que escuché de un grupo de refugiados urbanos en Kitengela, Nairobi. Los miembros del grupo mostraron su compasión por los otros en sus reuniones quincenales para rezar y darse apoyo moral. Encarnan el concepto de ser 'el que cuida a su hermano'.

Cambio urbano. Con el coste de la vida cada vez más alto en Nairobi, los refugiados urbanos se mudan a nuevas áreas, cada vez más alejadas del centro de la ciudad. Kitengela, a 30 kilómetros de Nairobi, es una de éstas. Entre los beneficios de vivir aquí están los alquileres baratos y la posibilidad de encontrar un empleo en la construcción  ya que el área se está desarrollando rápidamente.

Sin embargo, no hay servicios para los refugiados y la gente se ve obligada a viajar a Nairobi para acceder a los equipamientos de las ONG. Sólo hay dos escuelas subvencionadas por el gobierno, así que los refugiados tienen que caminar cinco largos kilómetros cada mañana. La gente local se enfrenta a los mismos problemas. La zona era antiguamente un terreno de una comunidad de pastores con apenas servicios públicos.

Estos retos, sin embargo, han unido a la comunidad refugiada. El pasado mes, fui a un rezo en Kitengela, en el que participaron 40 refugiados. Para estos, la oración es su fuente de fortaleza. ¡Tienen tantas necesidades y esperanzas! Y la oración es una manera de atender a sus apremiantes necesidades a través de Dios. He escuchado plegarias por la paz en todos los países con refugiados, plegarias por las elecciones en Kenia y plegarias por los enfermos.

Después de rezar, los miembros aportan algo de dinero a un fondo para los más necesitados del grupo. En su informe, el presidente dijo que el dinero del último encuentro se utilizó para visitar a una anciana en el hospital y que ella ya se ha recuperado del todo. Para mí eso fue un momento extraordinario ya que, incluso con todos sus problemas, los refugiados se cuidan los unos a los otros.

Hospitalidad keniana. Me sorprendió ver que dos mujeres kenianas del lugar acuderon al encuentro. Mary ha estado viniendo a los rezos periódicamente y la conocen  con el afectuoso nombre de 'Nuestra Mama'. Aquel día vino con una amiga suya. Fiel a su nombre, trajo unos grandes sacos de alubias y maíz para donarlo al grupo. Mary se regocija de estar con el grupo y dice que esta es la única manera que puede compartir sus desafíos cotidianos.

"No sé cómo sobreviviría si me encontrase siendo refugiada en otro país, por eso siento que debo ser generosa con los refugiados", explicó.

Al final del encuentro los miembros rezaron el Padre Nuestro cogidos de la mano en señal de unidad. Fue una escena maravillosa y un signo de esperanza tanto para los refugiados como para la comunidad local.

Irene Waweru, directora de proyecto, Nairobi, Kenia




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