Filipinas: los residentes de Laguna Lake capean el temporal
13 noviembre 2012

Los residentes de Laguna Lake han sufrido una serie de tormentas desde mediados de agosto de 2012, y la estación de tormentas aún no ha terminado. (Louie Bacomo/JRS)
El gobierno donó 70.000 pesos [1.667 dólares] para reconstruir la casa, pero no teníamos una tierra segura donde construir.
Laguna Lake, 13 de noviembre de 2012 - Las comunidades que rodean Laguna Lake, al este de la capital, Manila, siguen sufriendo las secuelas de la inundación tras las sucesivas tormentas tropicales, la última de las cuales, el tifón Ofel, golpeó el país el mes pasado.

"Aún puedo oír las olas rompiendo contra las paredes de nuestra casa [por la noche]", dice, en su cocina inundada, Helen, una abuela de 53 años de edad que desde hace tiempo vive en Laguna.

Norrie, esposo de Helena, ya ha sacado la pared de madera contrachapada de la cocina de madera para protegerla de los daños. Tras los fuertes vientos y las lluvias provocadas por el tifón Ofel, Helen llevó a su nieta de seis años edad a vivir con unos parientes para que esté en un lugar más seco.

La seguridad de la gente y de sus medios de subsistencia están constantemente amenazados por la ausencia de planes de reubicación, los servicios insuficientes de apoyo y el aumento de la pobreza.

Según un informe de la agencia de noticias United Press International del 29 de octubre, el tifón Ofel dejó 27 personas muertas y 19 heridas, mientras desplazaba a más de 11.000 en todas las Filipinas. Las regiones de Mimaropa, Calabarzón Visayas fueron las más afectadas.

Lluvia, mala para el negocio. Los desastres naturales siguen castigando las inversiones realizadas en infraestructuras y materiales, haciendo aún más vulnerables a las personas.

Jernee y Aiza elaboran productos de papel maché para ganarse la vida, ganando un salario diario de 140 pesos filipinos, unos 3,5 dólares. La que fuera una próspera industria de exportación en Laguna, la del papel maché, se está arruinando por la humedad de la temporada de lluvias.

La pesca, el medio de subsistencia tradicional de la zona, también ofrece pocas oportunidades durante este tiempo ya que las olas son demasiado fuertes para salir a mar abierto, según fuentes locales.

Los residentes Cabulusan, una de las zonas más pobres del municipio, dependen fuertemente de la agricultura, la pesca y del papel maché. Y todo ha caído en picado como consecuencia de las tormentas.

Hasta ahora, Laguna Lake era una fuente primaria de pescado, pero según el jefe del barangay local, la industria está disminuyendo.

"Ahora ocupa demasiado tiempo criar peces en jaulas. No he criado ninguno en los últimos dos meses", dijo.

Otras familias tienen que pedir préstamos para mantener su negocio en marcha. Los cabezas de hogar - como el caso de Edna Florano, que vive sola con cuatro hijos - sienten que no tienen otra opción que endeudarse.

"De lo contrario no tendríamos nada que comer", le dijo al personal del Servicio Jesuita a Refugiados en Filipinas.

Reubicación estancada. De las más de 330.000 personas que viven en el área que rodea Laguna Lake, cerca de 1.000 viven en circunstancias similares. Las comunidades en 16 provincias de la isla de Luzón estaban en proceso de reubicación después del monzón que golpeó el suroeste el pasado agosto, según un informe elaborado por el Departamento de Bienestar Social y Desarrollo, un organismo público filipino.

Mientras que el barangay local ha propuesto un asentamiento para la reubicación al gobierno municipal, las negociaciones sobre el pago de las tierras privadas se han estancado.

Jernee y Aiza Agnes, una joven pareja con dos niños pequeños, regresó a casa hace una semana donde se encontraron con que después de dos meses, el agua había retrocedido sólo unos 10 metros de donde quedó por las inundaciones de agosto, y que destruyeron más de 14.000 casas, de acuerdo con la Federación Internacional de la Cruz Roja.

"[Tres meses] era demasiado tiempo para quedarse en la casa de alguien", dijo Jernee, justificándose de por qué regresaron.

Aún no ha terminado. La temporada de tifones se prolongará hasta finales de este mes, y con un promedio anual de 20 ciclones tropicales, la gente apenas se recupera de una tormenta para ser golpeada por otra.

"No se puede limpiar el barro de mi piso porque otra tormenta podría inundar mi casa de nuevo", dijo un residente.

El tifón Ofel ocurrió tres años después de que el tifón Ketsana - el segundo más devastador en la región en las últimas décadas – golpeara las comunidades de Cabulusan y Panguil dejando más de 740 muertos y mil millones de dólares en daños.

Florida Sahagún, viuda, recuerda que el Ketsana trajo "olas tan altas como palmeras", y que destruyó la parte superior de su hogar. Ahora está quitando el barro incrustado en su casa desde las inundaciones de agosto de 2012 para que sea habitable de nuevo.

La casa de Chona Unabia, otra sobreviviente de la inundación en Panguil, fue destruida por el Kestana y ahora desea que la reubiquen.

"El gobierno donó 70.000 pesos [1.667 dólares] para reconstruir la casa, pero no teníamos una tierra segura donde construir", dijo.

La familia sigue haciendo frente a la embestida de los tifones que llegan cada año.

Los que han regresado a sus hogares dos meses después de las inundaciones se preparan de nuevo para irse. El 29 de octubre, durante la visita del equipo del JRS, el gobierno emitió una alarma de tormenta - una advertencia para que los equipos de respuesta a desastres en todos los municipios estén en alerta.

¿Cuándo la gente volverá a sentirse segura?

Louie Bacomo, responsable regional de programas del JRS Asia Pacífico 

*El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) está trabajando con el Centro de Acción Social (SAC) de la red de la Secretaría Nacional para la Acción Social (NASSA) - Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas (CBCP) para ayudar a las familias en los municipios de Pakil y Panguil, en la provincia de Laguna, suministrando alimentos y subsidios de subsistencia para la recuperación temprana.



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