Burundi: el JRS cierra sus proyectos de seguridad alimentaria, tras garantizar su impacto a largo plazo
06 febrero 2013

Un beneficiario del proyecto de seguridad alimentaria del JRS en Giteranyi, Burundi, muestra la nueva valla construida para proteger sus cabras (Danilo Giannese/JRS).
Recuerdo que cuando regresé a la aldea, los lugareños pensaron que les robábamos la comida de sus campos. Pero ahora vivimos en armonía y también hemos creado asociaciones agrícolas juntos. Ahora somos una comunidad.
Bujumbura, 6 de febrero de 2013 - Cuando regresó a su casa en Burundi, después de 16 años refugiada en un campamento en Tanzania, Astérie Kantore se dio cuenta de que no le quedaba nada de lo que su familia poseía antes de la guerra. Ya no tenía una casa y se sentía como una extranjera en la que antaño fuera su propia comunidad. Tuvo que rehacer su vida desde cero.

Cuatro años más tarde, esta mujer de 31 años y madre de dos hijos contó al JRS cómo las cosas habían mejorado.

"Al principio mi esposo y yo luchamos duro para salir adelante. Trabajamos la tierra, pero las cosechas eran insuficientes hasta que aprendimos nuevas técnicas agrícolas que nos permitieron aumentar nuestra producción. Así que ahora no sólo podemos alimentar nuestra familia, sino que disponemos del dinero para comprar animales de granja", contó Astérie.

La historia de Astérie Kantore es similar a la de otras 18,000 familias de refugiados asistidos por el Servicio Jesuita a Refugiados. Entre 2008 y 2012, y tras años de exilio en Tanzania, el JRS gestionó proyectos de seguridad alimentaria para ayudarles en el proceso de reintegración a su regreso a casa, en Burundi. Más de medio millón de burundeses retornaron al país entre 2002 y 2012, después de haber huido de una sangrienta guerra civil, iniciada en 1993, que enfrentó a los dos principales grupos étnicos del país: los hutus y los tutsis.

Innovación. Con la implementación de los proyectos del JRS en las provincias orientales de Muyinga y Rutana, grupos de antiguos refugiados, así como miembros de la población local, han aprendido y puesto en práctica técnicas agrícolas y de cría de animales que han aumentado sus rendimientos de producción y mejorado la salud de su ganado.

Cada familia participante recibió dos cabras del JRS y capacitación sobre cómo cuidar el ganado. Gracias a las cabras, las familias pueden producir el fertilizante para cultivar alubias, mandiocas, plátanos y otras frutas y verduras, aumentando el rendimiento y asegurando a sus hijos una dieta más variada. Se espera, entonces, que cada familia done dos cabritos a otra familia, promoviendo así el proceso de la seguridad alimentaria mediante lo que se conoce como una "cadena de solidaridad".

Otras novedades fueron la introducción de sistemas de cultivo para evitar la erosión del suelo, el uso de semillas de alto rendimiento, la repoblación de ganado caprino, y la construcción de establos para las cabras.

Impacto a largo plazo. "Antes de que el proyecto se pusiera en marcha, las comunidades de ex refugiados y las locales en Giteranyi y Giharo vivían en la pobreza extrema. Utilizaban técnicas agrícolas y ganaderas muy rudimentarias y apenas podían producir alimentos para sus propias familias", cuenta el coordinador del proyecto del JRS en Muyinga, Adelin Niyonsaba.

Después de cuatro años en esta región de Burundi, el JRS se va convencido del impacto positivo a largo plazo.

"Durante este período, la población ha multiplicado por cuatro su producción agrícola. Dejamos a hombres y mujeres que, sin este programa, no sabrían cómo poner en práctica lo que han aprendido. Ahora, pueden enseñar estas técnicas a las generaciones futuras. Hemos cerrado nuestros proyectos a sabiendas de haber preparado a la población para trabajar y no depender de las organizaciones humanitarias", explicó Niyonsaba.

Los proyectos del JRS también han contribuido al desarrollo de las relaciones pacíficas entre los ex refugiados y las comunidades locales. Ambos han mejorado su capacidad de conseguir alimentos, lo que ha reducido la cantidad de conflictos relacionados con la tenencia de la tierra o por los robos para sobrevivir.

"Recuerdo que cuando regresé a la aldea, los lugareños pensaron que les robábamos la comida de sus campos. Pero ahora vivimos en armonía y también hemos creado asociaciones agrícolas juntos. Ahora somos una comunidad", dice Astérie Kantore.

En la actualidad, el JRS gestiona dos proyectos en Burundi, impulsa la educación informal para las mujeres y las niñas en Kibimba en la provincia oriental de Rutana, y cuenta con la oficina regional para los Grandes Lagos de África en la capital, Bujumbura. 

Danilo Giannese, responsable de advocacy y comunicación del JRS Grandes Lagos de África 




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