Dispatches es un boletín electrónico quincenal de la Oficina del JRS Internacional. Contiene un resumen de noticias sobre los refugiados, notas de prensa, reportajes y actualizaciones de los proyectos enviadas por nuestra gente sobre el terreno.


  Europa: el JRS aplaude la investigación sobre la muerte de inmigrantes en el Mediterráneo

 
La UE no ha cumplido con sus obligaciones con los refugiados, de acuerdo con la Convención de la ONU de 1951. Sólo en 2011, más de 1.500 personas murieron tratando de encontrar un lugar seguro en Europa, según el director del JRS Italia, Giovanni La Manna SJ. (James Stapleton/JRS)

 
Huir a Europa en barca era su última oportunidad, y para algunos fue una decisión fatal.  

Un nuevo informe del Consejo de Europa saca a la luz la muerte de inmigrantes en 2011

Bruselas, 29 de marzo de 2012 – Este último informe es otro triste recordatorio de que buscar protección en Europa es un tema de vida o muerte, dijo el JRS a propósito del informe del Consejo de Europa, "Vidas perdidas en el Mediterráneo: ¿quién es responsable?"

Hoy, el Comité sobre Inmigración, Refugiados y Población de la Asamblea de Parlamentarios del Consejo de Europa revisará el informe. Si el comité lo aprueba, éste se enviará a los 642 miembros de la Asamblea de Parlamentarios para ser debatido y votado el próximo 24 de abril en Estrasburgo, Francia. La adopción de este informe impactaría con fuerza en el debate europeo sobre cómo los gobiernos responden a los inmigrantes y refugiados atrapados en las fronteras.

El informe, preparado por la parlamentaria holandesa, Tineke Strik, es la culminación de nueve meses de investigación tras el incidente ocurrido en marzo de 2011 en el que 63 personas que huían del conflicto armado en Libia perecieron en el mar después de que sus llamamientos de socorro fueran ignorados, incluso por las fuerzas armadas que operaban en la zona.

"La gente pone en peligro sus vidas cruzando el mar Mediterráneo porque están en una situación desesperada de protección", dijo Stefan Kessler, responsable de políticas del JRS Europa.

Según estimaciones de la agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) más de 1.500 personas murieron ahogadas o han desaparecido al intentar cruzar el Mediterráneo de camino a Europa, en 2011, convirtiéndolo en el espacio marítimo más mortífero para los refugiados el pasado año.

Durante los combates en Libia, muchos solicitantes de asilo y refugiados reconocidos, atrapados en el fuego cruzado, trataron desesperadamente de salir. Entre estos, había subsaharianos perseguidos al ser confundidos por mercenarios.

"Huir a Europa en barca era su última oportunidad, y para algunos fue una decisión fatal", dice Kessler.

Malta es a menudo el primer puerto donde recalan los inmigrantes que sobreviven a la travesía por alta mar. En 2011, esta pequeña isla-estado recibió a 1.579 personas que llegaron en barca; de estos, el 46 por ciento procedían de Somalia y Eritrea. Según el ACNUR, el 65 por ciento de los que obtuvieron protección en Malta el pasado año procedían de estos dos países africanos.

"Las muertes que centraron la investigación del Consejo de Europa son una doble tragedia. Una, es que los inmigrantes que pidieron ayuda fueron ignorados durante un período de intensa actividad naval y de vigilancia en alta mar; otra, es que murieron en su camino a Europa mientras iban en busca de protección contra los graves abusos a los derechos humanos y por las amenazas directas a sus vidas en Libia", añadió Kessler.

Durante años, los gobiernos de la UE han ofrecido incentivos a los países de África del Norte para que impidan a los inmigrantes y refugiados cruzar el mar hacia Europa. Países como Libia mantenían a la gente detenida en condiciones abominables. Los testimonios de los refugiados, publicados en 2009 en un informe del JRS Malta, ilustran claramente el uso de la violencia física por parte de funcionarios libios que recurrían a descargas eléctricas como arma contra los inmigrantes.

El JRS pide a los gobiernos de la UE que muestren su liderazgo ayudando a las personas necesitadas de protección internacional. Las barcas de inmigrantes atrapadas en el Mediterráneo deberían recibir ayuda inmediata y ser llevadas al puerto europeo más cercano. A su llegada, las necesidades médicas y otras vulnerabilidades de los inmigrantes deben ser valoradas individualmente. Cada inmigrante debe tener la oportunidad de solicitar protección como refugiado.

Información de contacto:
Philip Amaral
Responsable de políticas y comunicación del JRS Europa
Tel: +32 2 250 32 23
europe.advocacy@jrs.net

Información de contexto
El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) es una organización católica internacional presente en 50 países en todo el mundo, con la misión de acompañar servir y defender a los refugiados e inmigrantes forzosos.

En Europa, el JRS tiene oficinas en 14 países ofreciendo apoyo legal y social a solicitantes de asilo e inmigrantes en centros de detención o en centros urbanos. Desde 2004, el JRS Malta ha gestionado un proyecto sobre detención ofreciendo información a los solicitantes de asilo e identificando a las personas en situación de vulnerabilidad. El personal del JRS Malta realiza visitas semanales a los centros de detención para entrevistar a los detenidos. Aquellas personas a las que el JRS Malta identifica como vulnerables son referidas a las autoridades maltesas para que sean liberadas.

Las actividades del JRS Malta aparecen en un informe publicado en septiembre de 2011 por la Comisión Católica para las Migraciones Internacionales bajo el título "¡Mayday! Fortaleciendo las respuestas de asistencia y protección a los 'boat people’ y otros inmigrantes que llegan al sur de Europa". El informe detalla cómo Malta, Italia, Grecia y España responden a la llegada de inmigrantes en barca.


Internacional: el JRS define un enfoque global hacia los refugiados urbanos

 
El asistente del director internacional del JRS, Ken Gavin SJ, presentó la visión de la organización que trabaja continuamente para mejorar su servicio a los refugiados, Bangkok, Tailandia (Christian Fuchs/ JRS)

 
Los refugiados se vuelven invisibles en las ciudades. Y programas similares del JRS cuestan 17 veces más en las áreas urbanas, sin ninguna garantía de que podamos llegar hasta los más vulnerables.  

Bangkok, 30 de marzo de 2012 – Berlín, Bogotá, Bangkok... las estadísticas de la ONU muestran que la mayoría de los refugiados en todo el mundo van a las ciudades. Pero ¿se encuentran todos con los mismos problemas en sus nuevas ciudades de acogida? ¿Hay enfoques comunes que el JRS pueda aplicar para atender a los refugiados que viven en las áreas urbanas? Del 19 al 23 de marzo, en un encuentro de consulta global celebrado en Bangkok, trabajadores del JRS de más de 25 países dieron un cualificado sí a estas preguntas.

Tras cuatro días de intensas discusiones y debates, la calidad, la participación y el aprendizaje aparecieron como principios rectores para el trabajo del JRS con los refugiados en las áreas urbanas.

El personal identificó seis áreas de intervención prioritaria en los asentamientos urbanos: acceso a los servicios, aspectos psicosociales y salud mental, educación, necesidades materiales y básicas, temas legales, protección y derechos. También se desarrollaron los principios rectores de intervención y los pasos a tener en consideración al implementar los proyectos en cada área.

Remarcadas como una prioridad en su marco estratégico para 2012-2015, el JRS reconoce desde hace tiempo que servir a las poblaciones refugiadas urbanas debe ser uno de sus principales retos. El aislamiento, las políticas gubernamentales restrictivas e inadecuadas y los pocos recursos son temas cada vez más importantes en los asentamientos urbanos.

"El mayor compromiso del JRS a los programas de calidad en las áreas urbanas puede sorprender a algunas personas. Permítanme ser claro, trabajamos por la calidad en todas partes, pero en las áreas urbanas es mucho más complejo. En los campamentos, principalmente trabajamos coordinados con otras agencias aprendiendo los unos de los otros. Cuando los refugiados están registrados ante la agencia de la ONU para los Refugiados, hace que sea más fácil identificar a los más vulnerables", dijo Ken Gavin SJ, asistente del director internacional del JRS.

"Los refugiados se vuelven invisibles en las ciudades. Y programas similares del JRS cuestan 17 veces más en las áreas urbanas, sin ninguna garantía de que podamos llegar hasta los más vulnerables. Tratamos de ayudar a que los refugiados accedan a los servicios públicos en estados que a menudo hacen poco para atender a sus propias poblaciones. Y los negocios gestionados por refugiados funcionan en un entorno más complejo. Por eso, los temas relacionados con la calidad, la participación y el aprendizaje son más pertinentes", añade el P. Gavin.

Áreas cruciales de las vidas de la gente. En las investigaciones realizadas por los trabajadores del JRS, muchos de los cuales han trabajado durante años con refugiados urbanos, estas seis prioridades cubren las necesidades de la gente. Sin embargo, el personal dejó bien claro que esto no excluiría su implicación con los demás. Al trabajar en más de 50 países en todo el planeta es imposible ser tan prescriptivo.

Durante la consulta, el personal del equipo tuvo en consideración los diferentes principios rectores para cada área de intervención y los pasos prácticos a dar antes de iniciar cada programa. Por ejemplo, para evitar la duplicación de los servicios existentes, el JRS empoderará a los refugiados para que puedan acceder a estos servicios. En la práctica, el personal debe asegurarse de saber cuáles son los servicios ya disponibles en sus ciudades y cuáles son las necesidades de los refugiados a los que sirven.

Para llevar adelante el proceso, la Oficina Internacional del JRS tiene previsto establecer un grupo de trabajo provisional integrado por personal relevante de la organización que se encargará de identificar las estrategias para la implementación y evaluación de los principios rectores y que decidirá qué medidas prácticas tomar. Aparte, el JRS Internacional establecerá un foro interno para fomentar y ampliar la discusión y el debate en toda la organización, así como el intercambio de las buenas prácticas.



Camboya: tres razones por las que usted debería arremangarse los pantalones contra las minas antipersona

 
Jóvenes que viven en el albergue provisional Shan en la frontera entre Tailandia y Birmania se arremangan.

 
Arremangándonos queremos despertar al mundo para que vea que participando en esta acción tan simple y diciendo basta a esta injusticia podemos, realmente, poner fin a estas armas.  

Phnom Penh, 30 de marzo de 2012 – La idea es poner fin a la destrucción causada por las minas antipersona a lo largo de nuestra vida. ¿Cómo? Arremangándose el pantalón, por supuesto.

En todo el mundo, la gente se reúne solidariamente para pronunciarse, dar un paso adelante y para 'mostrar una pierna por un mundo sin minas', todo ello con el simple gesto de arremangarse el pantalón.

'Arremángate' es una actividad de un mes que quiere llamar a la acción con motivo del 4 de abril, del Día Internacional para la Sensibilización Contra las Minas Antipersona.

"Arremangándonos queremos despertar al mundo para que vea que participando en esta acción tan simple y diciendo basta a esta injusticia podemos, realmente, poner fin a estas armas", explicó Juan Pablo Salazar, director de la Campaña Colombiana para la Prohibición de Minas Antipersona y creador de la campaña 'Arremángate'.

Desde que el Tratado para la Prohibición de Minas Antipersona se convirtió en ley hace trece años, el 80 por ciento de los países del mundo han prohibido las minas antipersona, millones de minas han sido eliminadas y miles de millones de dólares se han invertido en limpiar tierras, ayudar a los supervivientes e impulsar campañas de educación sobre el riesgo de las minas. Pero hay que hacer más.
  • El Tratado todavía no es "universal". Estados Unidos, China, India y Rusia – nuestros líderes mundiales – no han firmado el tratado. Y por primera vez en siete años, el uso de minas ha aumentado.
  • El coste humano sigue siendo elevado. El Landmine Monitor del pasado año registraba 4.191 nuevas víctimas, cerca de doce personas diarias, la mayoría civiles y niños. "Aquel día hubiera querido morir con él", recuerda Yay Mao mientras mira una foto de su nieto de diez años que pereció al encontrar una bomba de racimo en el jardín, en Camboya.
  • La carga psicológica no cesa nunca. Las minas antipersona atacan la mente y el cuerpo. Son muchas las personas que, conscientes de vivir y trabajar en una zona sospechosa de estar contaminada, no tienen elección. Cuando se le preguntó si había más minas o bombas de racimo cerca de su casa, Yay Mao se encogió de hombros: "Probablemente… pero ¿qué podemos hacer? Tenemos que vivir."
"Si acceder a la única fuente de agua que hay en varios kilómetros significa atravesar un conocido campo de minas, la gente lo hará", dice Nick Roseveare, director ejecutivo del Mines Advisory Group.

Cuando Japón donó 16 millones de dólares en materiales para el desminado al gobierno de Camboya el 16 de febrero, el JRS Camboya puso en marcha su campaña.

La Hna. Denise Coghlan, directora del JRS Camboya y de la Campaña Camboyana para la Prohibición de Minas Antipersona se "arremangó" junto al primer ministro y al embajador de Japón. El mismo día, parlamentarios alemanes y grupos de derechos humanos se unieron a la campaña y también se "arremangaron."

Usted también se puede involucrar. Es fácil: visite la web y encuentre los eventos en su área.

"Queremos saber que están haciendo en Tailandia, Indonesia, Papúa Nueva Guinea… ¡queremos que todos se impliquen!" se entusiasma la Hermana Denise.

El éxito de la Campaña para la Prohibición de las Minas Antipersona (ICBL) es un potente recordatorio del poder de la sociedad civil, y del partenariado entre ONG y gobiernos que representa esta campaña. Con la adopción del Tratado para la Prohibición de Minas de 1997, por primera vez un movimiento de base de la sociedad civil triunfaba presionando de forma global para prohibir un arma que había sido utilizada en todo el mundo. Por este logro, la ICBL fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1997.

"La sociedad civil, junto con los gobiernos ganó el tratado para la prohibición de minas. ¡Vamos! Arremánguese y hagámoslo de nuevo para que podamos tener un mundo sin minas donde los supervivientes puedan vivir dignamente", sonríe la Hna. Denise.

Tess O'Brien, voluntaria del JRS Camboya



Burundi: la historia de dignidad y esperanza en el futuro de Pascal

 
Con apoyo y formación, los refugiados crían cabras y cultivan la tierra en los proyectos de seguridad alimentaria del JRS en las provincias de Rutana y Muyinga, Burundi. (Danilo Giannese/JRS)

 
Aunque el JRS cerrará sus proyectos a finales de este año, los otros participantes en el proyecto y yo mismo estamos preparados. Sabemos lo que tenemos que saber.  

Bujumbura, 20 marzo de 2012 – A finales de 2012, el JRS cerrará sus proyectos en Burundi. Después de 17 años ofreciendo educación y apoyando la creación de medios de subsistencia, los antiguos refugiados ayudados por la organización están ahora en condiciones de mantener una vida independiente y digna con la esperanza de un mejor futuro. La de la familia de Pascal Ntirujimana es una de esas historias de esperanza y de relativa prosperidad.

La guerra terminó en 2005 y una relativa estabilidad volvió a Burundi. En respuesta, los proyectos del JRS evolucionaron para responder a los retos y dificultades a los que se enfrentaban los desplazados en este pequeño país africano sin mar. El JRS puso en marcha proyectos de seguridad alimentaria y de educación en las provincias de Rutana, junto a la frontera con Tanzania, y de Muyinga. Los esfuerzos se concentraron en ayudar a 13.000 familias burundesas retornadas desde Tanzania a reintegrarse en sus comunidades locales.

Pascal es un ex refugiado de 35 años, beneficiario de uno de los dos grandes proyectos de seguridad alimentaria del JRS en la provincia de Rutana, junto a la frontera con Tanzania. El otro proyecto está en la provincia de Muyinga. Pascal vive con su esposa y cuatro hijos en las colinas de Mugano, a pocos kilómetros de la ciudad principal, Giteranyi.

"Supe por primera vez del proyecto agrícola deI JRS, en 2010, a través de unos refugiados retornados que me dijeron que estaban aprendiendo nuevas técnicas para mejorar sus campos. Participar en el proyecto fue la mejor decisión que tomé jamás. De un kilo de alubias, pasé a cosechar 15 kilos. En el pasado mi mayor cosecha fue de cinco kilos.

Después de que me seleccionaran para participar en el proyecto del JRS, me dieron dos cabras a las que tenía que cuidar, alimentar y tratar en caso de enfermedad, por supuesto con el apoyo de los veterinarios del JRS. A cambio, tenía que construir un establo para las cabras y producir fertilizante para cultivar los campos.

Las clases de agricultura y ganadería me dieron nuevas ideas sobre cómo cultivar la tierra y cuidar a los animales. Mejoré las cosechas y eso hizo más fácil ganarme la vida para mi esposa y mis hijos. Aparte de alubias, también cosecho bananas, mandioca y tomates. Dado que ahora tenemos excedentes, vendo parte de lo que saco en el mercado y utilizo el dinero para comprar más cabras y pollos.

Antes de encontrarme con el personal del JRS, mi vida era muy difícil. Con el asesinato del primer presidente democráticamente elegido y el estallido de la guerra civil en Burundi, en 1993, me vi obligado a huir a Tanzania. Vivir como un refugiado fue una experiencia miserable. No me sentía en casa, y no podíamos alejarnos a más de cuatro kilómetros del campamento. Era como vivir en una prisión.

Los refugiados burundeses soñaban con volver a casa, pero la guerra lo hacía imposible. La mayoría sólo regresaron cuando la guerra terminó. Pasamos años en campamentos de refugiados. Sin embargo, decidí arriesgarme y regresar a un país, Burundi, devastado por la guerra. Abandoné el campamento en Tanzania en 2004. A pesar de los esfuerzos de mis amigos por convencerme de que no lo hiciera, yo quería regresar a casa.

Cuando alimentar a la familia era una dura tarea. Las condiciones de vida aquí eran muy duras. Yo tenía suerte porque contaba con un pedazo de tierra que aún podía cultivar; pero a menudo tenía que huir y ocultarme en el bosque por los combates. Incluso después de la guerra, yo era muy pobre. No tenía animales ni producía el alimento suficiente para mi familia, y perdí algunas cosechas por no trabajar la tierra adecuadamente.

Ahora eso ya no pasa. Tuve la oportunidad de reconstruir mi vida desde abajo y de asegurar un buen futuro a mis hijos. Aunque el JRS cerrará sus proyectos a finales de este año, los otros participantes en el proyecto y yo mismo estamos preparados. Sabemos lo que tenemos que saber".

Ruanda: educación, una nueva perspectiva para los jóvenes refugiados

 
Los cursos de formación son una fuente de esperanza y de fortalecimiento de la comunidad entre los jóvenes refugiados en Kibuye, Ruanda. (Peter Balleis SJ/JRS)

 
Es genial porque estoy en contacto con otros jóvenes de mi edad y en mi misma situación, y por encima de todo, porqué saldré de aquí con un oficio.  

Kibuye, 29 marzo de 2012 – A Benjamin Twizere, la oportunidad de participar en el curso de cocina y panadería del JRS le ha dado un nuevo sentido a la vida. Era uno de los 65 estudiantes refugiados en el oeste de Ruanda a los que el JRS les brindó la posibilidad de aprender un oficio; y él se metió de lleno.

Uno de los momentos más difíciles de la vida de Benjamin fue cuando se dio cuenta de que no tenía dinero para seguir con su educación.

"Fui a la escuela hasta mi tercer año de secundaria. Me hubiera gustado seguir estudiando e ir a la universidad fuera de Kiziba; pero no podía pagarla. Aparte, no tenía nada que hacer en todo el día y me pasaba el tiempo en casa, solo. Era frustrante. Empecé a perder las ganas de salir adelante," recuerda.

Tras el estallido de la guerra en la República Democrática del Congo, la familia de Benjamin se vio obligada a huir de su aldea en la provincia oriental de Kivu Norte. Benjamin tenía cinco años en aquel tiempo; y desde entonces, y ya tiene 20, siempre ha vivido en Kiziba uno de los tres campamentos en Ruanda, que acoge a unos 18.000 refugiados, mayoritariamente congoleños.

"A veces es duro creer que hay un mundo real más allá del campamento, ya que prácticamente he vivido toda mi vida aquí. Mi padre nos habla todo el tiempo de nuestro país, Congo, y nos cuenta que la vida sería más fácil allí. Pero, por desgracia, no podemos regresar por la guerra," dice Benjamin.

Pero un día Benjamin supo de las clases de cocina del JRS, uno de los muchos cursos de formación profesional destinados a apoyar a los jóvenes en los campamentos.

"Este curso ha supuesto una estimulante manera de llenar mis días. Sigo las clases diariamente de ocho a tres. Es genial porque estoy en contacto con otros jóvenes de mi edad y en mi misma situación, y por encima de todo, porqué saldré de aquí con un oficio", añadió.

Benjamin decidió inscribirse en este curso porque pensó que le ayudaría a encontrar un empleo en uno de los muchos hoteles y restaurantes de la zona turística de Kibuye, apenas a unos kilómetros de Kiziba en el Lago Kivu.

"Me he especializado en pastelería y en cocina tradicional. Gracias a los formadores del JRS aprendí a hacer pan, pastelitos y todo tipo de tortas. También sé preparar diferentes salsas: provenzal, boloñesa, de berenjenas o de zanahorias, así como sopas y ensaladas", se enorgullece Benjamin.

"Estoy realmente entusiasmado con lo que aprendemos y espero que al terminar el curso encuentre trabajo en un hotel y pueda ayudar a mi familia. Así que, si un día se hace realidad mi sueño de regresar a la RDC, estoy seguro de encontrar un trabajo gracias a la formación que he recibido. Y, quién sabe, quizás llegue a abrir un restaurante", añade Benjamin.

  JRS DISPATCHES es un servicio de la oficina internacional del Servicio Jesuita a Refugiados - Jesuit Refugee Service, CP 6139, 00195 Roma Prati, Italia. Tel: +39-06 689.77.386; Fax: +39-06 688 06 418; E-mail: dispatches@jrs.net; JRS on-line: http://www.jrs.net; Director: Peter Balleis SJ; Editor: James Stapleton; Traducción: Carles Casals (español), Nicole Abbeloos (francés), Simonetta Russo (italiano).

[JRS Dispatches Espanol] Nº 315
Editor: James Stapleton