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Dispatches es un boletín electrónico quincenal de la Oficina del JRS Internacional. Contiene un resumen de noticias sobre los refugiados, notas de prensa, reportajes y actualizaciones de los proyectos enviadas por nuestra gente sobre el terreno.
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Tailandia: hoy es el día para presionar por un mundo sin minas
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El JRS Tailandia se arremanga los pantalones durante su encuentro anual de directores de proyecto, en Bangkok. (Molly Mullen/JRS)
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Bangkok, 4 de abril de 2012 – Hoy, en más de 70 países, miles de personas se arremangarán sus pantalones y permanecerán junto a supervivientes y comunidades víctimas de las minas para conmemorar el Día Internacional para la Sensibilización sobre las Minas Antipersona.
Estos activistas participarán en la campaña ‘Arremángate el pantalón’ – un motivador día de acción global, presentado el mes pasado – para pedir el fin de las minas antipersona.
Arremángate hoy. "Con la simple acción de arremangarse el pantalón, queremos recordar al mundo que las minas siguen suponiendo un gran peligro y continúan acabando con muchas vidas inocentes. Queremos que Tailandia quede limpia de minas en 2018, tal y como prevén los plazos establecidos en el artículo cinco del Tratado para la Prohibición de Minas", dijo el responsable del programa de la Ayuda Popular Noruega, en Tailandia, Aksel Steen-Nilsen.
En 2001, Tailandia tenía 2.557 kilómetros cuadrados de zonas afectadas por minas. Tras diez años de desminado a cargo de ONG como el Centro de Acción contra las Minas en Tailandia (TMAC), se sospecha que aún quedan por limpiar 528 kilómetros, según la Investigación de Nivel 1 de la Ayuda Popular Noruega. Además de cuatro unidades de acciones humanitarias contra las minas, cuatro ONG que trabajan en el desminado lo hacen mediante la metodología de Despeje de Tierras.
"Creemos que este enfoque acelerará las operaciones de limpieza, y si Tailandia se compromete desde arriba, esto permitirá que el país cumpla con el plazo", añadió Aksel.
"Sensibilizar contra las minas y brindar asistencia a las víctimas es muy importante. Tailandia ha hecho importantes progresos en los últimos 13 años. La calidad de vida de los supervivientes ha mejorado ostensiblemente, pero a algunos de mis amigos les sigue resultando difícil acceder a los servicios [especializados]. Esperamos realmente que se mantenga el esfuerzo y que las víctimas sobre el terreno sigan beneficiándose. No quiero que haya más víctimas en Tailandia en el futuro", dijo el director de la Red de Supervivientes de Minas Antipersona en la provincia de Chanthaburi, Chusak Saelee.
Haití: nacen tres escuelas en las zonas rurales
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La nueva escuela de San Miguel, a la derecha, debajo de la vieja iglesia. La escuela cuenta con 113 estudiantes y empezó las clases en octubre de 2011. (Christian Fuchs/JRS)
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| El proyecto de levantar estas escuelas en Thiotte dependía de que la comunidad gestionara bien la fase de construcción. Los materiales de construcción locales y la fuerza de trabajo de los pobladores fueron fundamentales en la edificación de las nuevas escuelas. |
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Thiotte, 19 de abril de 2012 – Los estudiantes de tres comunidades de la pequeña localidad de Thiotte y de sus alrededores, en las montañas de Haití, han podido cambiar a una nueva escuela gracias a un acuerdo entre el Servicio Jesuita a Refugiados de Estados Unidos (JRS USA) y la Parroquia del Sagrado Corazón.
El JRS USA ha contribuido con 135.000 dólares para la construcción de tres nuevas escuelas, y está ofreciendo los estipendios de los próximos dos años para los maestros por un valor de 5.000 dólares para cada escuela. Además, el JRS USA donó 25.500 dólares para la compra de 560 pupitres para los tres colegios.
La Escuela de Santa María Magdalena, en el centro de Thiotte, fue construida en un terreno vacío detrás de la iglesia. La construcción comenzó el pasado julio y el centro abrió el 5 de diciembre. En la actualidad hay 220 estudiantes en total matriculados en tres clases de prescolar, un aula de ciclo elemental y dos de ciclo medio.
Hay ocho maestros que, como los de las otras dos escuelas, fueron contratados a través de la parroquia. Aunque estos todavía no son profesionales, están siendo formados y ganarán experiencia en la escuela de María Magdalena antes dfe finalizar su preparación.
"Los estudiantes están muy felices. Nunca habían tenido ni aulas ni materiales escolares, y ahora tienen sillas, pupitres, y un área de recreo. Es como un sueño", dijo el P. Louiders Jean Pierre de la Parroquia del Sagrado Corazón.
"Es como entrar en una casa nueva", añadió el director Wilcar Theodore.
Enfrentados a los desafíos. Tras el terremoto de enero de 2010, más de 7.000 personas de las que fueron desplazadas buscaron refugio en casas de parientes en Thiotte. Otras son personas que regresaron de la República Dominicana para ayudar a atender a los miembros de la familia afectados por el seísmo. En consecuencia, las matriculaciones en la escuela primaria local aumentaron en un 25 por ciento.
La segunda escuela, San Antonio, se levantó en el bosque, en la remota área de Bois d'Orme, cerca de Thiotte.
La comunidad de Bois d'Orme está aislada y la carretera llena de piedras. Tiene un único carril que se abre camino entre densos árboles y sólo puede recorrerse en vehículos todoterreno. La gente que camina debe entrar en el bosque para que los camiones puedan pasar.
Los estudiantes tenían que reunirse fuera bajo lonas de plástico, pero ahora su nueva escuela cuenta con cinco aulas y una letrina.
"En la actualidad hay 78 alumnos, pero la cifra va en aumento. Se corre la voz y son cada vez más los estudiantes que vienen", dice el P. Jean Pierre.
La escuela pública más 'cercana' está saturada y lo de cercana es un término relativo ya que para llegar hay que recorrer un agotador camino por las colinas a través de un paisaje accidentado. El P. Jean Pierre cree que algunos estudiantes dejarán de ir allí para asistir a la nueva escuela parroquial.
"Bois d'Orme es una comunidad de granjeros, pero la escasez de lluvias del pasado año añadió más dificultades a sus vidas. Aparte de trabajar la tierra, los miembros de la comunidad comercian en la cercana frontera con la República Dominicana. Esta es una de las comunidades más pobres a lo largo de la frontera," continúa el P. Jean Pierre.
Muchos de los niños que van a la escuela están malnutridos, y el P. Jean Pierre está buscando la manera de ofrecer una o dos comidas mientras están en el colegio.
La tercera nueva escuela es la de San Miguel, en el predio de una iglesia en la carretera de la montaña junto a Thiotte. San Miguel cuenta con 113 estudiantes, y las clases comenzaron en el nuevo edificio en octubre de 2011. Previamente, los estudiantes se reunían en esta iglesia en ruinas.
El proyecto de levantar estas escuelas en Thiotte dependía de que la comunidad gestionara bien la fase de construcción. Los materiales de construcción locales y la fuerza de trabajo de los pobladores fueron fundamentales en la edificación de las nuevas escuelas.
Las previsiones a largo plazo de las escuelas de la parroquia del Sagrado Corazón son buenas, ya que al menos dos de ellas están funcionando desde hace cinco años. Además, la oficina diocesana asumirá los costes de mantenimiento de los nuevos edificios y sus infraestructuras. El cambio a las nuevas instalaciones es un buen augurio para que los estudiantes sigan con su educación en el área.
El JRS USA cree que al darles oportunidades educativas, los jóvenes podrán reconstruir sus comunidades y así fortalecer y estabilizar sus países para las generaciones venideras.
Ruanda: vidas en suspenso, a la espera de una solución duradera para los refugiados congoleños
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Después de 17 años de vida en los campamentos, los refugiados congoleños en Ruanda esperan una solución duradera. (Peter Balleis SJ/JRS)
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| Este pequeño país sin mar es uno de los más densamente poblados del mundo, y es desesperadamente difícil que un refugiado encuentre trabajo o un pedazo de tierra para cultivar. |
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Kigali, 10 de abril de 2012 – Durante 17 años, los refugiados congoleños en Ruanda no tuvieron más opción que vivir en tres campamentos inmensos y sobrepoblados. De los 55.000 refugiados, muchos han vivido aquí desde que nacieron y no conocen una vida diferente. Para algunos, la idea de un mundo fuera les resulta extraña y como de otro planeta.
La gran mayoría huyó de la República Democrática del Congo (RDC) cuando el país se desintegró en un conflicto tras el genocidio de Ruanda de 1994. Muchos comparten el mismo deseo profundo de regresar a su país, a los valles del Norte y del Sur de Kivu, pero tristemente saben que el interminable conflicto que asola sus antiguas aldeas lo hace altamente improbable.
Mientras tanto, se encuentran viviendo como prisioneros, encerrados, en suspenso, en un limbo eterno con apenas espacio para construir un futuro.
El JRS ha estado trabajando en dos campamentos en Ruanda desde 1996 – Kiziba en el este y Gihembe en el norte – ofreciendo una serie de servicios educativos en prescolar, primaria y secundaria. También se ayuda a los que están en condiciones de más vulnerabilidad: los ancianos, los discapacitados, huérfanos, viudas y padres o madres solos.
Si charlamos con el personal sobre el terreno en los dos campamentos cada mañana, nos hablarán de su compromiso de devolver a los refugiados la dignidad que se merecen, la confianza en si mismos y la esperanza en el futuro.
Pocas posibilidades. Pero ¿qué futuro es posible? Oficialmente hay tres ‘soluciones duraderas': la repatriación voluntaria al país de origen, la integración en el país de acogida con la consiguiente concesión de la nacionalidad ruandesa, y el reasentamiento en un tercer país.
Aunque muchos refugiados quieren regresar a casa, una tierra rica en recursos naturales donde ganarse la vida no sería tan difícil, saben que es una posibilidad remota. En el este de la RDC, en particular en Kivu Norte y Sur, la inestabilidad y la inseguridad reinan como consecuencia de los numerosos grupos armados rebeldes. Los refugiados lo saben y se resignan a esperar tiempos mejores.
Pocas son las esperanzas de integrarse en la sociedad ruandes, ya que eso es algo que no va a hacerse realidad. Este pequeño país sin mar es uno de los más densamente poblados del mundo, y es desesperadamente difícil que un refugiado encuentre trabajo o un pedazo de tierra para cultivar.
En la práctica, ninguno de los refugiados de Kiziba o Gihembe reconocerá que en el fondo sueñan con la ciudadanía ruandesa. Son conscientes que las dificultades que entraña superan a las ventajas.
El reasentamiento en un tercer país, como Estados Unidos o Canadá, es un maravilloso sueño para muchos refugiados, que han abandonado la idea de regresar a casa y preferirían vivir en una nación altamente industrializada.
La cuota de reasentamiento para refugiados en Ruanda en 2011 era de 1.100. Este año, el ACNUR confía en que esta cifra se duplique. Aunque esta solución podría parecer tentadora y efectiva, sigue siendo un privilegio para unos pocos.
Mientras tanto, seguirán en los campamentos, donde dependerán de las agencias humanitarias y de todos sus servicios, con pocas esperanzas de un empleo en la economía formal, hasta el día en que alguien tome la decisión de poner fin a este limbo.
Danilo Giannese, responsable regional de comunicación y advocacy del JRS Grandes Lagos
Camboya: sobrevivir a las minas y a la guerra fue sólo el principio
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Han sonríe con su nieto. Está decidida a seguir sonriendo por él porque nadie más puede cuidarlo. (Tess O'Brien/ JRS)
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| Han no quiere hablar de las minas antipersona que, teme, puedan quedar alrededor de la aldea, ni de la muerte de sus hijos, o de la devastación causada por las inundaciones. |
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Siem Reap, 5 de abril de 2012 – "Si escribes mi historia, nunca terminarás". Han ríe, mostrando su boca llena de grietas oscuras y vacías, con sus dientes amarillentos y dañados. Pero no se deje engañar por su apariencia: ella sigue aferrada a la vida.
En más de un sentido, Han es una típica mujer jémer de mediana edad. Ella no recuerda el año en que nació e intenta no recordar los horrores de la época de Pol Pot. Sin embargo, recuerda el día en que pisó una mina.
Tenía quince años cuando los soldados de ocupación le ordenaron "limpiar el bosque", una táctica frecuentemente utilizada en la guerra para verificar si un área estaba libre de minas antipersona y de otros restos de explosivos de la guerra antes de que pasen los soldados.
Esta vez, no lo estaba. Al vivir en una remota aldea a 60 kilómetros de distancia, se necesitaron horas para llegar al hospital de Siem Reap. Aunque si hubiera estado más cerca, habría sido lo mismo. La explosión arrancó por completo la pierna izquierda de Han.
Después de un mes en el hospital, Han finalmente regresó a su pueblo, sólo para ser expulsada de la casa de su vecino, donde había estado viviendo desde la muerte de su familia bajo el régimen de Pol Pot. Sola y en la indigencia, Han perdió la esperanza.
"No pensé que podría seguir viviendo..." dice mientras se inclina hacia atrás en su silla y mira a su nieto de tres años de edad, que está jugando en el suelo junto la prótesis ya rota e inservible de su abuela. Pasan unos instantes antes de que ella levante la mirada y sonría cálidamente, para decir que "sin embargo, entonces el jefe de la aldea comenzó a ayudarme. Me construyeron una pequeña casa y poco a poco fui mejorando... Recuperé la esperanza."
Jamás te des por vencido. Como para la mayoría de las mujeres de Camboya, este incidente representa sólo uno de los muchos desafíos a los que Han ha tenido que enfrentarse a lo largo de su vida. En sus 45 años (esa es la edad que cree tener), Han ha sufrido la tragedia de perder a su marido y a cuatro de sus seis hijos. Ella lucha para mantener a sus otros dos hijos y a dos nietos, sobre todo desde que las inundaciones anegaron su aldea en septiembre del año pasado, destruyendo los medios de subsistencia de toda la comunidad. Sin duda, se avecina una temporada de hambre.
Han no quiere hablar de las minas antipersona que, teme, puedan quedar alrededor de la aldea, ni de la muerte de sus hijos, o de la devastación causada por las inundaciones. En la actualidad, la principal preocupación de Han es su hija de dieciocho años de edad, según me cuenta, está siendo victima de los "malos espíritus".
Han levanta las mangas de la camisa para mostrar las heridas por mordedura que tiene en los brazos. Nerviosa, preocupada, confundida, Han inmediatamente comienza a contarme historias de su hija, que parece estar experimentando algún tipo de trauma psicológico, algo tan inexplicable en zonas rurales de Camboya que los "malos espíritus" se convierten en la única explicación plausible.
"Los malos espíritus atemorizan a mi familia...", me dice asintiendo con la cabeza. "Hoy ha sido un día difícil..."
Al preguntarle cómo se las arregla en los días más difíciles, de repente, echa hacia atrás la cabeza y ríe ante la ingenuidad de tal pregunta. "¡Nadie más puede levantarse y cuidar de mi familia! ¡Tengo que seguir adelante! "Para Han la respuesta era obvia.
Filipinas: una carpintería para después del conflicto y del desastre
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Natoy, de 56 años, carpintero y católico devoto, vive en las comunidades musulmanas afectadas por el conflicto y el desastre mientras ayuda a reconstruir sus hogares. Bubong, Lanao del Sur, Filipinas (Louie Bacomo/JRS)
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| También puedo ver que algo más que un hogar se está construyendo en esta comunidad musulmana. La confianza y el diálogo sobre la vida emerge entre ellos: un carpintero cristiano y la comunidad musulmana con la que trabaja. |
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Bubong,16 de abril de 2012 – Fortunato Anggot, de 56 años, ha trabajado como carpintero desde que, a sus 16 años, empezó a viajar con su padre como aprendiz.
"Aprendí la carpintería de mi padre, a quien llamaban para construir casas en muchos lugares", dice mientras coloca los marcos de una ventana. Quizás esto explica porque se ha traído a su hijo de 18 años para ayudarle.
El JRS contrató a Natoy, así le llaman sus amigos, para construir casas para las cincuenta familias musulmanas que perdieron sus hogares durante el tifón Sendong que golpeó Bubong, en Lanao del Sur, en diciembre de 2011. Es la estación de lluvias, así que Natoy y su hijo se albergan en la alcaldía donde viven y trabajan, transformando la madera en puertas y ventanas.
Natoy ha estado trabajando durante cuatro años como carpintero en las comunidades musulmanas de Mindanao que quedaron afectadas por el desastre y el conflicto. La contraparte local del JRS, MuCAARD, le contrató primero para construir los albergues para las familias musulmanas que fueron incendiadas durante la violencia de 2008.
"He trabajado en lugares donde es difícil dormir tranquilamente durante la noche. Siempre recuerdo cuál es la ruta de salida en caso de que los grupos armados decidan atacar", dice.
Pero los residentes musulmanes le han garantizado su seguridad mientras construye sus casas.
"Me respetan aún cuando saben que soy cristiano y yo no tengo problemas con ellos".
El lugar donde vive Natoy es una comunidad donde se mezclan cristianos y musulmanes. Su hermano se casó con una musulmana. En 2008, su aldea en Kolambugan, en Lanao del Sur, fue atacada por los rebeldes Moro y todas las casas hubieran sido incendiadas de no ser por la intervención de los líderes musulmanes que viven con ellos.
Reconstruir una comunidad. De regreso a Bubong, Natoy hace una valoración de la tarea que tiene por delante Ya ha levantado 15 casas con el apoyo de la comunidad. La familia que tendrá la casa ayuda cargar la madera echa una mano en el laborioso proceso de poner el techo, las paredes y el suelo.
"Hay aspectos en el proceso de construcción de una casa que tengo que asumir personalmente: la escala y las medidas, el pulido de la maderas…", cuenta Natoy, mientras explica los componentes técnicos de la carpintería.
Pero el trabajo no siempre es fácil. Hay veces que no hay quien ayude, ya que las familias deben trabajar en el campo o recoger piedras para vender y no pueden ayudarle a terminar la casa.
Aunque, hay más casas que construir después de las 15 que ha terminado, Natoy se muestra optimista y cree que podrá cumplir con su tarea a pesar del desafío que suponen las lluvias irregulares en verano, los fuertes vientos de la pasada semana, que se llevaron los tejados de algunas casas, y el actual ‘rido’ (conflicto entre clanes) que desembocó en actos violentos el pasado marzo.
Viendo cómo Natoy coloca el tejado de zinc en la estructura y cómo trabaja con la familia que vivirá allí, puedo percibir su compromiso. También puedo ver que algo más que un hogar se está construyendo en esta comunidad musulmana. La confianza y el diálogo sobre la vida emerge entre ellos: un carpintero cristiano y la comunidad musulmana con la que trabaja. Al final, este diálogo de vida y fe es a menudo más sólido y duradero en el proceso de reconciliación después del conflicto y del desastre que las casas que construirán.
"Trabajo tan duro como puedo y la gente lo sabe. Me he comprometido a construir estas casas para las víctimas del tifón en el área", dice.
Louie Bacomo, responsable regional de programas del JRS Asia Pacífico
Etiopía: mujeres somalíes, más esperanzadas que nunca
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Una mujer del campamento de refugiados de Melkadida participa en una sesión de formación para ayudar a su educación y fomentar la esperanza en el futuro, Dollo Ado, Etiopía (Jaime Moreno/JRS)
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| Las refugiadas somalíes de Melkadida se han convertido en el rostro de la lucha de esas mujeres en situación de vulnerabilidad, que no han dejado que su contexto de marginación se interponga en el camino de sus exigencias de cambios en el trato, en la promoción de sus verdaderos deseos, en sus aspiraciones o sueños para el futuro. |
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Dollo Ado, 16 de abril de 2012 – Todas las actitudes de las refugiadas somalíes de Melkadida, que participaron en el Día Internacional de la Mujer el mes pasado, resumían su deseo y esperanza en el cambio.
Melkadida, con más de 40.000 mil personas, es uno de los campamentos que acogen a refugiados somalíes en el sudeste de Etiopía, en la frontera con Somalia y Kenia. Miles de somalíes se vieron obligados a huir de su patria por el deterioro de la situación política y de seguridad, la falta de una clara protección del Estado, la sequía, las malas cosechas, la violencia y la pobreza.
Las mujeres y los niños son los que se llevan la peor parte por la incapacidad del estado somalí de proteger a sus propios ciudadanos. Aparte de estar en desventaja por muchas razones dentro de la sociedad somalí, la continua desintegración del Estado agrava aún más esta situación. A pesar de las dificultades a las que se siguen enfrentando en lo referente al acceso a servicios adecuados de educación y salud, vivienda digna y comida suficiente, las mujeres han demostrado su capacidad de hacer frente a esta realidad.
La resiliencia de las mujeres de Melkadida. La celebración del Día de la Mujer en el campamento de Melkadida fue una clara expresión de su resiliencia. En medio de los desafíos diarios que encaran las mujeres refugiadas, su capacidad de recuperación demuestra que las luchas de hoy en día dan un mañana mejor no sólo a ellas, sino a todo el mundo. El día comenzó con las mujeres recorriendo el campamento, llevando pancartas y carteles con sus demandas.
En una se podía leer que "Las niñas también deben asistir a la escuela", y en otra se pedía "Alto a la violencia contra la mujer". Estos mensajes claros y precisos, dirigidos especialmente a los hombres, fueron seguidos más tarde de discursos de las líderes de las mujeres.
A medida que avanzaban las actividades del día, las mujeres cantaban y bailaban al son de composiciones musicales locales somalíes, e interpretaron obras de teatro. Con voz fuerte, clara y unitaria, exigieron el respeto y la igualdad en el acceso a servicios y oportunidades. La confianza con la que expresaron sus demandas demuestra que la lucha diaria para mejorar la situación de las mujeres refugiadas en el campamento no ha sido en vano.
Las refugiadas somalíes de Melkadida se han convertido en el rostro de la lucha de esas mujeres en situación de vulnerabilidad, que no han dejado que su contexto de marginación se interponga en el camino de sus exigencias de cambios en el trato, en la promoción de sus verdaderos deseos, en sus aspiraciones o sueños para el futuro.
Ellas son el principal sustento de sus familias: lo que cocinan lo venden en el Suka (pequeñas tiendas) y, aparte, se encargan de hacer pastar cabras y ovejas. Muchos de los que creían que esto era lo máximo que podían lograr las mujeres, ahora deben sentarse y tomar nota.
La esperanza como herramienta de renovación. Su capacidad para adaptarse a la vida en diferentes contextos, les servirá para que puedan responder a los desafíos del futuros. Las mujeres somalíes han demostrado que la esperanza sigue siendo el motor de la renovación. En el Día Internacional de la Mujer, recurrieron a sus sufrimientos pasados como una oportunidad para presionar y pedir cambios en un status quo que, hoy más que nunca, sigue amenazando el bienestar de las mujeres. La discriminación en la educación y en el lugar de trabajo, la violencia de género y falta de respeto de los derechos de las mujeres siguen siendo un reto.
Enseñándonos que la dignidad, el respeto y la paz no tienen género y trascienden a las fronteras culturales, religiosas, políticas, sociales e ideológicas, las mujeres somalíes mostraron que la labor del JRS no ha sido infructuosa. Debemos redoblar nuestros esfuerzos para asegurar que el cambio que comenzó como una pequeña semilla en la vida de muchas mujeres somalíes puede suponer una contribución, por pequeña que sea, hacia un cambio fundamental en las vidas de muchas más.
Godfrey Ogena y Firkite Tarekegn
Equipo psicosocial,
Distrito de Dollo Ado
JRS Etiopía
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JRS DISPATCHES es un servicio de la oficina internacional del Servicio Jesuita a Refugiados - Jesuit Refugee Service, CP 6139, 00195 Roma Prati, Italia. Tel: +39-06 689.77.386; Fax: +39-06 688 06 418; E-mail: dispatches@jrs.net; JRS on-line: http://www.jrs.net; Director: Peter Balleis SJ; Editor: James Stapleton; Traducción: Carles Casals (español), Nicole Abbeloos (francés), Simonetta Russo (italiano).
[JRS Dispatches Espanol] Nº 316
Editor: James Stapleton |
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