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Camboya: tres razones por las que usted debería arremangarse los pantalones contra las minas antipersona
30 marzo 2012

Jóvenes que viven en el albergue provisional Shan en la frontera entre Tailandia y Birmania se arremangan.
Arremangándonos queremos despertar al mundo para que vea que participando en esta acción tan simple y diciendo basta a esta injusticia podemos, realmente, poner fin a estas armas.
Phnom Penh, 30 de marzo de 2012 – La idea es poner fin a la destrucción causada por las minas antipersona a lo largo de nuestra vida. ¿Cómo? Arremangándose el pantalón, por supuesto.

En todo el mundo, la gente se reúne solidariamente para pronunciarse, dar un paso adelante y para 'mostrar una pierna por un mundo sin minas', todo ello con el simple gesto de arremangarse el pantalón.

'Arremángate' es una actividad de un mes que quiere llamar a la acción con motivo del 4 de abril, del Día Internacional para la Sensibilización Contra las Minas Antipersona.

"Arremangándonos queremos despertar al mundo para que vea que participando en esta acción tan simple y diciendo basta a esta injusticia podemos, realmente, poner fin a estas armas", explicó Juan Pablo Salazar, director de la Campaña Colombiana para la Prohibición de Minas Antipersona y creador de la campaña 'Arremángate'.

Desde que el Tratado para la Prohibición de Minas Antipersona se convirtió en ley hace trece años, el  80 por ciento de los países del mundo han prohibido las minas antipersona, millones de minas han sido eliminadas y miles de millones  de dólares se han invertido en limpiar tierras, ayudar a los supervivientes e impulsar campañas de educación sobre el riesgo de las minas. Pero hay que hacer más.
  • El Tratado todavía no es "universal". Estados Unidos, China, India y Rusia – nuestros líderes mundiales – no han firmado el tratado. Y por primera vez en siete años, el uso de minas ha aumentado.
  • El coste humano sigue siendo elevado. El  Landmine Monitor del pasado año registraba 4.191 nuevas víctimas, cerca de doce personas diarias, la mayoría civiles y niños. "Aquel día hubiera querido morir con él", recuerda Yay Mao mientras mira una foto de su nieto de diez años que pereció al encontrar una bomba de racimo en el jardín, en Camboya.
  • La carga psicológica no cesa nunca. Las minas antipersona atacan la mente y el cuerpo. Son muchas las personas que, conscientes de vivir y trabajar en una zona sospechosa de estar contaminada, no tienen elección. Cuando se le preguntó si había más minas o bombas de racimo cerca de su casa, Yay Mao se encogió de hombros: "Probablemente… pero ¿qué podemos hacer? Tenemos que vivir."
"Si acceder a la única fuente de agua que hay en varios kilómetros significa atravesar un conocido campo de minas, la gente lo hará", dice Nick Roseveare, director ejecutivo del Mines Advisory Group.

Cuando Japón donó 16 millones de dólares en materiales para el desminado al gobierno de Camboya el 16 de febrero, el JRS Camboya puso en marcha su campaña.

La Hna. Denise Coghlan, directora del JRS Camboya y de la Campaña Camboyana para la Prohibición de Minas Antipersona se "arremangó" junto al primer ministro y al embajador de Japón. El mismo día, parlamentarios alemanes y grupos de derechos humanos se unieron a la campaña y también se "arremangaron."

Usted también se puede involucrar. Es fácil: visite la web y encuentre los eventos en su área.

"Queremos saber que están haciendo en Tailandia, Indonesia, Papúa Nueva Guinea… ¡queremos que todos se impliquen!" se entusiasma la Hermana Denise.

El éxito de la Campaña para la Prohibición de las Minas Antipersona (ICBL) es un potente recordatorio del poder de la sociedad civil, y del partenariado entre ONG y gobiernos que representa esta campaña. Con la adopción del Tratado para la Prohibición de Minas de 1997, por primera vez un movimiento de base de la sociedad civil triunfaba presionando de forma global para prohibir un arma que había sido utilizada en todo el mundo. Por este logro, la ICBL fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1997.

"La sociedad civil, junto con los gobiernos ganó el tratado para la prohibición de minas. ¡Vamos! Arremánguese y hagámoslo de nuevo para que podamos tener un mundo sin minas donde los supervivientes puedan vivir dignamente", sonríe la Hna. Denise.

Tess O'Brien, voluntaria del JRS Camboya


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