¿Hospitalidad jesuita?
lunes, noviembre 05, 2012


El director internacional, Peter Balleis SJ, en una visita de campo en el área rural de Mweso, este de la República Democrática del Congo, un ejemplo de la hospitalidad jesuita.(Peter Balleis, SJ/JRS)
Boston, 5 de noviembre de 2012 – El P. Keenan, Professor de ética teológica, del Boston College, trata sobre la naturaleza de la hospitalidad jesuita*, y explora de qué manera se puede servir mejor a los desplazados, a los apátridas y a los refugiados ampliando nuestro concepto de hospitalidad al mundo más allá del lugar de la morada.

Aunque el término haya sido raramente empleado, la CG 34 ha aludido a la virtud cristiana de la hospitalidad, a hacer de la Compañía un símbolo de acogida,  para el pobre, el laico, el que busca sentido a la vida, el que quiere hablar seriamente sobre temas religiosos. (Congregación General de la Compañía de Jesús, No. 34, Decreto 1: Unidos con Cristo en la Misión 11, [11])

La declaración de la Congregación General puede sonar a algunos lectores como algo ciertamente peculiar, porque de los muchos carismas asociados a los jesuitas, la hospitalidad,  digamos, no es una de las primeras doce descripciones que nos vienen a la cabeza. Si quieres hospitalidad religiosa, ve a un monasterio benedictino: ¡te tratarán como Dios!

La hospitalidad jesuita es muy diferente. Para entenderlo, primero tenemos que comprender la identidad y la espiritualidad jesuita. Su identidad la encontramos en su misión. La identidad jesuita no se forma por el lugar donde vivimos, sino más bien por lo que hacemos.

Hemos sido enviados en misión por todo el mundo porque se nos encargó acompañar a los más vulnerables.

Como escribe un teólogo, "la imagen central que el jesuita San Ignacio parece haber tenido en su cabeza, cuando iba a morir, era la de un apostol vagabundo." ¿Cómo puede un apostol vagabundo se hospitalario?

Uno de los primeros fundadores de la Compañía de Jesús, Jerome Nadal, escribió que el ministerio jesuita no se expande desde la comunidad jesuita; más bien, la comunidad está donde se encuentra el ministerio jesuita. "Allá donde se necesite nuestro ministerio o donde sea de mayor utilidad estará nuestra casa." Vivimos donde viven quienes nos necesitan. Nadal añade que "la principal característica de la morada del jesuita no está en la casa, sino en sus viajes..."

En cierta manera, Nadal ve nuestro ministerio como el de los primeros apóstoles: nuestra misión es ir donde están los más necesitados; nos encontramos con ellos como los apóstoles de la Iglesia; donde están, allí vivimos.

Este viaje en busca de los necesitados es, por lo tanto, un acto de hospitalidad. La hospitalidad jesuita es notablemente diferente de la noción común de hospitalidad. No se basa en recibir, sino en enviar.

Enviar a... una hospitalidad móvil
. Como alguien "en la Iglesia" y "en el Mundo," el jesuita va hasta donde se encuentran los que están en los márgenes de la sociedad para darles la bienvenida a la Iglesia rezando, catequizando, confesando… o en la sociedad general mediante la educación o el ministerio social. Si "el mundo es nuestro hogar", como proclama Nadal, y si nuestra misión está junto a los refugiados, entonces estamos llamados a darles un lugar seguro.

Nuestro modelo de hospitalidad jesuita no coincide, por lo tanto, con la atenta acogida del monasterio benedictino, aunque ciertamente podríamos aprender mucho de ese lugar. Más bien, el modelo de la hospitalidad jesuita es un centro para refugiados. Allá donde estos refugiados estén, sin país o sin iglesia, iremos a buscarlos y les daremos la bienvenida al mundo donde Dios trabaja.

Allá donde esté el necesitado, estará nuestra misión y nuestra hospitalidad. Nuestra hospitalidad no es doméstica, sino móvil, y no porque nuestras comunidades sean móviles sino porque la gente a la que servimos está por todo el mundo.

Allí nos encontramos con nuestra propia falta de estabilidad. Porque ya no estamos en nuestra casa, sino en la de aquellos a quienes servimos. Y a veces eso significa, como en la historia de Tomás, que no podemos ser tan eficientes como quienes vienen en su casa o en su tierra natal. Esto supone que a veces nos sentimos tan impotentes y desprotegidos como los refugiados a los que servimos. En esos casos, en que lo único que podemos hacer es acompañar, nos damos cuenta de lo mucho que nos parecemos a ellos al no tener siquiera un lugar donde descansar la cabeza. Descubrimos lo que significa ser un vagabundo.

En la medida en que el carisma jesuita está sobre todo definido por su misión de llegar hasta donde están los necesitados, el nuevo acento sobre la hospitalidad no debe entenderse como un llamamiento a entender y desarrollar de forma más sensible la vida doméstica.

Al contrario, el nuevo énfasis nos advierte de que no miremos el mundo sólo como el lugar en el que viven, sino que también nos preocupemos por dónde y cómo viven los demás. Esto es acoger al otro como lo hiciera el caminante Buen Samaritano.

James F Keenan SJ, Profesor de Ética Teológica, Facultad de Teología, Boston College

* El autor utiliza el término jesuita para cualquiera que comparta el ministerio jesuita.

Un ensayo más amplio sobre este tema del mismo autor lo encontrarán en: "Jesuit Hospitality?" Promise Renewed: Jesuit Higher Education for a New Millennium ed. Martin Tripole (Chicago: Loyola University Press, 1999) 230-244. Por otra parte, los lectores pueden escribir directamente al P. Keenan a: james.keenan.2@bc.edu, para solicitarle una copia del artículo.