En casa con Thomas
lunes, noviembre 05, 2012


Un albergue del JRS en Sydney, Blaiket House, (JRS Australia)
En casa con Thomas

Sydney, 5 de noviembre de 2011 – Thomas ha sido uno de nuestros usuarios desde el Día Mundial de la Juventud de 2008, en Sydney. En esta ciudad australiana, el JRS acoge a solicitantes de asilo a punto de caer en la miseria absoluta, mientras esperan que haya un dictamen sobre su solicitud de refugiado. Uno de los albergues, una gran casa parroquial junto a la oficina del JRS, puede acomodar hasta diez hombres a la vez. La proximidad de esta casa supone que los ‘usuarios del albergue’ visiten nuestra oficina con regularidad y Thomas es el que lo hace con mayor frecuencia de todos.

Cuando Thomas vino a nosotros por primera vez en busca de ayuda no sólo estaba luchando en un proceso legal para conseguir su estatuto de refugiado, sino por su vida en general. Tanto las habilidades culinarias de Thomas como su laboriosidad en la casa, y su preocupación por las necesidades de otros residentes le hicieron muy querido para nosotros. Dispuesto a ayudar en los pequeños quehaceres, nos informaba de las entradas y salidas de los visitantes en la casa. Con el tiempo, percibimos que se iba adelgazando, que su salud era cada vez más frágil y que, de vez en cuando, era incoherente.

Durante esos años, el JRS acompañó a Thomas a sus audiencias para su solicitud de refugio, le aconsejábamos en sus necesidades, hablábamos con él y nos hicimos amigos. En cada fase de su proceso de determinación de refugiado, Thomas recibía respuestas negativas; las apelaba y entraba en lo que parecía una espiral negativa, caracterizada por esperanzas frustradas y, ocasionalmente, por respuestas irracionales. En la oficina, seguimos disfrutando de la presencia de Thomas y le ofrecíamos todo el apoyo que se le da a quien ya se había convertido en un viejo y familiar amigo.

Una noche hace dos meses, Thomas trató de suicidarse en nuestra casa. Esa espiral en la que se hundió, y de la que fuimos testigos, fue demasiado para él. La noche anterior, fue a la misa vespertina, habló con algunos de los residentes de la casa y escribió un email desesperado a todas las organizaciones de derechos humanos que conocía subrayando sus temores y anunciando su intención de poner fin a su vida.
A Thomas le salvo otro solicitante de asilo que vivía en su casa y que resultó ser médico. Reconoció los síntomas de Thomas y la sobredosis de píldoras, le dio los primeros auxilios y llamó a una ambulancia. Thomas sobrevivió al intento de acabar con su vida y volvió a entrar en el ciclo de demandas y apelaciones de su estatuto de refugiado.

Un amigo necesitado. Para el JRS, un amigo bajo nuestra responsabilidad, al que acompañábamos, había sucumbido a la desesperación. Estábamos horrorizados, preocupados e inevitablemente nos cuestionábamos nuestra atención. En particular nos preguntábamos si hubiéramos podido hacer más. ¿Deberíamos haber visto las señales? Los compañeros de casa de Thomas se preguntaban lo mismo: ¿Por qué cuando hablaron con él la noche anterior no les había compartido su desesperación?

Uno a uno, los compañeros solicitantes de asilo fueron al hospital a visitar a Thomas. Incluso aquellos que ni siquiera hablaban un idioma común compartieron su preocupación, Thomas.

Thomas ha recibido ahora una decisión sobre su futuro. Se le ha concedido un visado y permanecerá en Australia. Una noticia que recibió con sentimientos encontrados.

Acompañar a los solicitantes de asilo es un juego de espera. Ellos aguardan las decisiones que quieren escuchar y el JRS recorre con ellos este viaje emocional.  Nuestra oficina es un barómetro de fuertes y a menudo silenciosas emociones, un lugar de espera e incertidumbre.

Marianne Loughry, directora adjunta del JRS Australia